Se buscan 200 millones de barriles de petróleo

La Agencia Internacional de la Energía trata de averiguar el porqué de la discrepancia entre el descenso de las reservas y sus cifras de oferta y demanda

Un barril de crudo desbordado, en una imagen tomada agosto de 2020.
Un barril de crudo desbordado, en una imagen tomada agosto de 2020.STRINGER (Reuters)

La Agencia Internacional de Energía (AIE) trata de averiguar dónde fueron a parar 200 millones de barriles de petróleo. El brazo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) para asuntos energéticos afirmó es miércoles que los inventarios mundiales de petróleo observables se desplomaron en más de 600 millones de barriles el año pasado. Sin embargo, según sus estimaciones de oferta y demanda la disminución solo debería haber sido de 400 millones. Es relativamente común que ambas magnitudes no cuadren al 100%, pero una discrepancia tan profunda ha avivado el temor a que el mercado esté mucho más ajustado de lo que aparenta a primera vista.

El informe mensual de la AIE es uno de los principales puntos de referencia para los operadores del mercado, que basan sus decisiones en el equilibrio entre oferta y demanda en los diferentes países. “Una mirada retrospectiva muestra la dificultad en los últimos dos años de analizar y pronosticar de manera confiable la oferta y la demanda”, subraya la agencia. “Las lecciones aprendidas mejorarán nuestro trabajo en 2022 y nos permitirán comprender mejor nuestro mercado”.

El desequilibrio puntual entre la oferta y la demanda puede ser una de las causas del desajuste. Pero también podría haber otras: la agencia utiliza datos satelitales para rastrear las reservas de petróleo, por lo que su capacidad de visualización no llega al crudo que está en tuberías o a los barriles almacenados bajo tierra.

Los analistas suelen poner la lupa sobre las reservas de los países de la OCDE, el área que —principalmente— cubren los informes de la AIE. Sin embargo, cada vez hay más volúmenes fuera de la región de los que apenas se tiene información, sobre todo en China. La pandemia, además, ha transformado las dinámicas de consumo de crudo, haciendo que sea aún más difícil el rastreo de la demanda.

La crisis sanitaria ha convertido en imperativo el uso de indicadores de alta frecuencia, pero ha resultado difícil vincular estos con las cifras de demanda histórica. Las previsiones macroeconómicas, además, han obligado a aplicar métodos que van más allá del clásico PIB. Ambos factores han hecho crecer la preocupación de la AIE de que la demanda histórica puede haber sido subestimada y de que los niveles de inventario implicados por el desequilibrio entre la oferta y la demanda pueden resultar ilusorios.

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Un mercado cada día más ajustado

El mercado petrolero se está ajustando y cada vez son más las voces que creen que esa dinámica es incluso más acentuada de lo que sugerían los pronósticos iniciales. Las últimas perspectivas de la AIE y la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA, por sus siglas en inglés) apuntan a una demanda claramente al alza. Las reservas son, junto con la capacidad de producción adicional, la principal válvula de seguridad del mercado petrolero para hacer frente a interrupciones inesperadas o a una demanda en fase creciente, como ahora.

Con capacidad ociosa entre los productores de la versión ampliada de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), la OPEP+ —que reúne en su seno al tercer productor mundial, Rusia, y a otros grandes productores—, en mínimos de varios años, cualquier sugerencia de que las reservas son más bajas de lo que se pensaba podría provocar un incendio aún mayor en los precios del petróleo que ya han subido a un máximo de siete años.

El golpe de la variable ómicron sobre la demanda están siendo sustancialmente menores de lo que muchos temían. Tanto que la AIE ha aumentado su pronóstico de demanda para 2022 en casi 200.000 barriles por día, después de haber revisado, también al alza, su estimación de cierre de 2021. La oferta, en cambio, no acompaña: tanto la agencia dependiente de la OCDE como la EIA han reducido su pronóstico de producción este año en los productores que no pertenecen de la OPEP. Y en ambos casos el mayor recorte se corresponde al primer trimestre del año.

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