Bayer desembarca en San Sebastián con una planta dedicada a las soluciones genéticas

Stefan Oelrich, presidente global de la división farmacéutica, no se arrepiente de su alianza hasta ahora sin éxito con CureVac para la vacuna de la covid-19

Stefan Oelrich, responsable global de Bayer Farmacéutica, en una conferencia en San Francisco (EE UU), en enero de 2020.
Stefan Oelrich, responsable global de Bayer Farmacéutica, en una conferencia en San Francisco (EE UU), en enero de 2020.STEPHEN LAM (Reuters)

El gigante alemán Bayer inauguró este pasado miércoles en San Sebastián la que será su planta clave en el mundo para la producción de las terapias génicas en los próximos años. A esa apertura acudió Stefan Oelrich (Wilhelmshaven, Alemania, 53 años), presidente de la división farmacéutica del grupo germano y quien tiene claro que ese es el futuro de la medicina y también de su laboratorio.

“Veo la terapia génica como la gran oportunidad de los próximos 20 años, el encontrar soluciones para pacientes que van dirigidas hacia la regeneración de un tejido o hacia una reparación de un mal genético que puede existir y que hasta ahora eran patologías no tratables”, asegura en una entrevista realizada en castellano, ya que Oelrich lo aprendió en Argentina en su primer trabajo como visitador médico de Bayer. “Me llamaban el alemancito”, bromea.

Oelrich regresó en 2018 a Bayer Pharmaceuticals como presidente tras una breve etapa en Sanofi. Bayer facturó el pasado año 41.400 millones de euros, de los que 17.245 millones (caída del 1,5% interanual) corresponden a su división de salud. “Cuando volví hace tres años estaba claro que llegábamos al final de una etapa en la historia de la farma”, reflexiona. “Había que mirar cuál es el próximo ciclo que tenemos que empezar. Y una de las cosas que veo al mirar el estado de la ciencia es la biorrevolución, el descubrimiento del código genético, que al principio eran como los jeroglíficos egipcios. Hoy sabemos traducirlos a aplicaciones”.

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Por eso, decidió el pasado año adquirir la estadounidense Askbio, por la que el grupo alemán desembolsará hasta 3.400 millones de euros según avance en ciertos hitos comerciales. En esa compra estaban incluidas diversas terapias génicas en I+D, como una para el Párkinson, y además el pequeño centro donostiarra de la filial española Viralgen. El siguiente paso ha sido construir una nueva fábrica en San Sebastián en la que han invertido 70 millones en una primera etapa, que estará plenamente operativa en 2022, y otros 50 millones en dos fases futuras. “Esta es la planta más importante que tenemos en esta tecnología. De aquí saldrán los productos para todo el mundo”, resalta Oelrich. “Esto llegará a tener mucha importancia para el grupo. Pueden ser productos muy grandes y significativos”, agrega.

Sin éxito ante la covid-19

Una de las decisiones que Oelrich también ha tenido que tomar es la entrada en el desarrollo de la vacuna de la Covid-19, ya que Bayer no contaba con experiencia previa en vacunas. El laboratorio se ha asociado con la biotecnológica alemana CureVac, que dispone de una alternativa experimental basada en ARN mensajero, a la que el gigante ha ofrecido su capacidad en ensayos médicos, fabricación y distribución mundial. Esta biotecnológica avanzó el jueves que a pesar de que la eficacia de su opción es de tan solo el 48% (frente a más del 90% en las versiones de BioNTech/Pfizer y Moderna), intentará que la UE la apruebe.

“Queríamos ayudar. Yo llamé al consejero delegado de CureVac [Franz-Werner Haas]. Recuerdo muy bien esa llamada, en junio del año pasado. No lo conocía. Después de que Pfizer pactase con BioNTech [también alemana], me dije que era una vergüenza que yo, con el laboratorio más grande de Alemania, no conozca a esas empresas ni a sus directivos. Y que una compañía americana tenga que venir para ayudarles a producir la vacuna contra la covid. Era junio, muy al principio de la parte de desarrollo clínico”, detalla para explicar por qué decidió que Bayer entrara en la búsqueda de la vacuna.

Cuestionado sobre si considera un fracaso para Bayer no disponer de vacuna, asegura que no lo ve así y recuerda que la farmacéutica no tenía ni la experiencia ni la tecnología. “Yo me acerqué a CureVac y les pregunté si les podía ayudar. No me arrepiento”. Sobre la intención de conseguir la autorización de la UE para su vacuna, considera que no corresponde a Bayer la decisión.

La polémica adquisición de Monsanto

Otro asunto espinoso al que se ha tenido que enfrentar el conglomerado de Leverkusen es la adquisición de la empresa de cultivos Monsanto. La operación era compleja por la gran deuda de empresa y su repercusión en Bolsa y, sobre todo, por las indemnizaciones pactadas. Bayer ha acordado asumir unos 10.000 millones de dólares (8.428 millones de euros) en Estados Unidos para finiquitar los juicios sobre si el uso del herbicida glifosato tuvo que ver con casos de tumores. Estos problemas han podido afectar a la reputación del grupo alemán.

“En la parte farmacéutica no le veo mucha diferencia. No creo que haya cambio ni positivo ni negativo en los médicos y pacientes. Es verdad que la reputación de Monsanto no era la mejor, pero hoy somos Bayer, que tiene su reputación por la innovación y el comportamiento que demuestra”.

Pero, ¿fue un error la compra? “Es difícil decir eso porque hoy se sabe más de lo que sabíamos hace cinco años. Prefiero mirar hacia adelante y veo que en cuanto a la cartera de I+D de cultivos somos claramente líderes a nivel mundial, tenemos muy importantes avances tecnológicos que vamos a aportar a la alimentación del futuro. Creo que es necesario que hablemos de este tema dentro de cinco o diez años”.

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