LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

Lagarde aleja la idea de una rápida retirada de estímulos: “Tenemos un largo camino”

El BCE mantiene el rumbo frente a las presiones de los halcones del norte de Europa

Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, junto al vicepresidente Luis de Guindos, en una reunión en Fráncfort, el mes pasado.
Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, junto al vicepresidente Luis de Guindos, en una reunión en Fráncfort, el mes pasado.Thomas Lohnes / Getty Images

Una pregunta sencilla pero fundamental flota sobre cada movimiento del Banco Central Europeo. ¿Cuándo empezará la retirada de los ingentes estímulos contra la pandemia? Su presidenta, Christine Lagarde, diluyó este jueves las expectativas de los partidarios de adelantar ese momento, y dibujó un panorama de luces y sombras: la acción de los gobiernos y la campaña de vacunación animan la recuperación, pero las cifras de contagios y las variantes del virus invitan a la prudencia.

Lagarde espantó en su discurso posterior a la reunión del Consejo de Gobierno del BCE el triunfalismo de los que dan por hecha la salida de la crisis. “Tenemos un largo camino por recorrer hasta cruzar el puente de la pandemia y que la recuperación sea sostenible y sólida”, advirtió. La dirigente francesa no dio pistas sobre cuándo empezará la retirada de los estímulos, tan esperada por los halcones como temida en los países más expuestos a la crisis. Pero el momento se antoja todavía lejano: el tema ni siquiera se trató en el encuentro de este jueves, Lagarde calificó la medida de “prematura” y se mostró cautelosa sobre la salida de la crisis: estima que los consumidores aún son prudentes a la hora de comprar, y las restricciones todavía golpean al sector servicios. Preguntada sobre si sería posible acompasar los ritmos con la Reserva Federal estadounidense, respondió que “sería bonito ir en tándem”, pero reconoció que ambas economías se encuentran en fases distintas de la crisis, con Washington varios cuerpos por delante.

Más allá de mensajes puntuales, la reunión de ayer no dejó novedades tangibles: el Programa de Compras de Emergencia para la Pandemia (PEPP, por sus siglas en inglés) continúa adelante con la hoja de ruta marcada: esto es, mantener los estímulos hasta marzo de 2022 “y, en todo caso, hasta que considere que la fase de crisis del coronavirus ha terminado”, según reza el comunicado de la entidad. El BCE también dejó intactos los tipos de interés (0% la tasa de referencia, y un -0,5% la facilidad de depósito, es decir, que los bancos tienen que pagar por dejar sus fondos en las arcas del organismo).

Las previsiones, basadas en los datos económicos que se han conocido hasta ahora y los indicadores de alta frecuencia, tampoco cambian respecto a marzo, y apuntan a un primer trimestre de caída del PIB y un segundo de rebote. Según sus cálculos, la eurozona recuperará el nivel de actividad prepandemia en la segunda mitad de 2022, pero Lagarde matizó que es una estimación media, y habrá países que tarden más tiempo. La jefa del BCE no quiso reflejar un estado de ánimo de euforia ni de derrota: ve tantos motivos para el optimismo en la campaña de vacunación como para el pesimismo en la incertidumbre asociada a los contagios y nuevas variantes del virus.

El ritmo de las compras de activos del banco ha acelerado por encima de los 17.000 millones semanales en el último mes, tras el acuerdo para acelerarlo alcanzado en la reunión de mediados de marzo. Esa alta cadencia parece garantizada hasta junio, cuando el Consejo de Gobierno evaluará si es necesario retocar sus políticas con las nuevas proyecciones de crecimiento e inflación en la mano, si bien los analistas de Nomura creen que se prolongará al menos hasta septiembre.

Mientras tanto, el ruido de sables puede continuar. Gracias a un plan de 1,85 billones de euros, el banco ha prometido a gobiernos, empresas y hogares un largo periodo de financiación barata, pero sin definir exactamente qué significa eso, lo que abre la puerta a interpretaciones variadas y luchas internas: los halcones del norte de Europa esgrimen el alza de la inflación para alentar una reducción del programa de compras desde comienzos de verano. Mientras que el sector más moderado ve dicho repunte como temporal, asociado al aumento del precio del petróleo, y recuerda que la previsión de inflación del BCE para 2023 permanece inalterada en el 1,4%.

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