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España es el país del euro que menos gastó el año pasado para hacer frente a la crisis, según el BCE

El organismo calcula las ayudas españolas en el 1,3% del PIB frente a la media de la zona euro del 4%, pero Economía eleva la factura al 5,5%

Una persona pasa delante del escaparate de una tienda en un centro comercial en Barcelona.
Una persona pasa delante del escaparate de una tienda en un centro comercial en Barcelona.MASSIMILIANO MINOCRI

Las dificultades que atraviesan las empresas en la tercera ola de la pandemia han reavivado el debate sobre la necesidad de que el Gobierno apruebe nuevas ayudas contra una crisis que amenaza con alargarse. En este contexto, un documento del BCE sitúa a España como el país que más arrastró los pies en 2020 a la hora de sacar la chequera. El artículo, que usa los datos suministrados por los países a la Comisión Europea, apunta que España gastó el año pasado en estímulos fiscales un 1,3% del PIB. Se trata del porcentaje más bajo de la zona euro. Economía rebate este cálculo y eleva la factura al 5,5%.

La comparación incluida en el artículo Las respuestas fiscales iniciales de la zona euro contra la crisis de la covid-19, publicado el martes por el Banco Central Europeo, excluye medidas como las líneas de garantías, por no suponer un gasto con impacto presupuestario directo, o los ERTE (expedientes de regulación temporal de empleo), un instrumento en el que el Gobierno ha gastado hasta mayo unos 40.000 millones de euros. Con esta medición, España queda en último lugar entre los socios de la moneda única. En el extremo opuesto se encuentran países como Lituania y Austria, que gastaron más del 6% del PIB. La media de los 19 países del euro quedó ligeramente por encima del 4%.

Economía no está de acuerdo con la metodología de la Comisión Europea, que el BCE asume ahora en su artículo. “Los ERTE son una medida de mantenimiento de rentas equiparable a cualquier otra transferencia a los hogares”, señalan en el ministerio, donde también recuerdan la exoneración extraordinaria de cotizaciones a la Seguridad Social y los 16.000 millones del fondo a las regiones para sanidad y educación. “Si el gasto lo hubiera realizado la Administración central en lugar de las comunidades, sí se incluiría en la comparativa”, añaden fuentes del departamento de Nadia Calviño. España, sin embargo, se ha quedado muy atrás en inyecciones de fondos a los sectores más castigados. Alemania, por ejemplo, ha dado ayudas a fondo perdido a las empresas más afectadas por valor del 75% de su facturación de 2019.

La diferencia entre unas estimaciones y otras radica en la distinta consideración de ciertas ayudas públicas, como los expedientes de regulación temporal de empleo. Mientras que la Comisión ve los famosos ERTE como parte de los denominados estabilizadores automáticos —es decir, políticas de gasto suplementario en tiempos de crisis, como el aumento de las prestaciones por desempleo—, el Gobierno considera estos pagos ayudas directas relacionadas con la crisis. Algo similar ocurre con el aumento del salario de los funcionarios y de las pensiones. Un estudio de los investigadores de Bruegel, actualizado el pasado noviembre, se acerca más a los cálculos del Gobierno: estima en un 4,3% del PIB lo que España se gastó para hacer frente a la crisis, aún lejos del 8% alemán.

El artículo del BCE sí destaca a España, sin embargo, en las medidas de liquidez como los créditos garantizados del ICO para las empresas en peor situación. Al comparar estas líneas de créditos con buenas condiciones, España aparece tan solo por detrás de Italia, Alemania y Francia, con unas inyecciones de liquidez cercanas al 15% del PIB. Pero el BCE alerta de la distancia entre los anuncios y lo realmente sucedido. “En la zona euro, las garantías anunciadas alcanzaron el 16% del PIB. Pero aunque el anuncio de estas líneas impulsó la confianza a corto plazo, estas cifras se alejaron de las finalmente comprometidas. En las cuatro mayores economías del euro, la ejecución de estas líneas varió del 1,3% del PIB de Alemania al 9,7% de España”, aseguran los autores del texto.

Las distintas situaciones de partida de cada país ante la pandemia han dado lugar a distintas respuestas. El propio BCE admite en su informe la dificultad de comparar las medidas adoptadas por los Estados miembros. “Cuantificar las medidas fiscales discrecionales en respuesta a la crisis de la covid-19 y compararlas entre distintos países es una actividad sujeta a diversos retos”, asegura el documento. Entre las dificultades, destaca la falta de una contabilidad actualizada de todas las medidas aprobadas y las diferencias entre Estados a la hora de registrar unos desembolsos que nunca antes se habían visto obligados a hacer. Uno de los elementos más problemáticos a la hora de hacer comparaciones son los mecanismos de protección al empleo, el ERTE español, el kurzarbeit alemán o el chômage partiel francés.

Cifras que pueden crecer

Pese a estas dificultades, el BCE sí asume el reto de comparar entre países. Y ahí las diferencias son apabullantes. Recogiendo los datos enviados a Bruselas por cada país en sus borradores de Presupuestos, el documento concluye que la media de los países de la eurozona gastaron el año pasado más del 4% de su PIB para luchar contra la crisis del coronavirus. “La cifra total de medidas fiscales, además, puede ser mayor de lo previsto por la Comisión Europea, ya que los borradores presupuestarios se prepararon antes de la segunda oleada de la pandemia en otoño, que derivó en costes adicionales de las medidas ya existentes así como en nuevas medidas”, aseguran los economistas del BCE.

La mayor parte de los fondos de emergencia contra la crisis han ido dirigidos a apoyar a las empresas y a los puestos de trabajo que corrían peligro. Tras estas partidas, el aumento más importante se registró el año pasado en el mayor gasto en personal sanitario, farmacéutico y hospitalario, así como costes adicionales para asegurar el buen funcionamiento del sector público.

Mirando ya a este año, las medidas previstas por los países de la zona euro son sustancialmente inferiores que las de 2020. Los planes presupuestarios enviados a la Comisión anticipan paquetes de estímulo por valor del 1% del PIB, con Alemania en primer puesto con un 2,1%.

Otro aspecto interesante del artículo es la comparación del gasto público efectuado en esta crisis respecto a la anterior, la que comenzó en 2008 con la caída de Lehman Brothers. En 2009, en lo peor del colapso financiero internacional, las medidas de estímulo aprobadas en la zona euro alcanzaron el 1,5% del PIB, muy lejos de las cotas actuales.

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