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Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Europa, más allá de la esperanza

Esta crisis es una oportunidad para que la Unión Europea convierta en realidad lo que hasta ahora solo han sido proyectos sociales

Andreu Missé
Cadena humana convocada por la asociación Pobresa Zero. EUROPA PRESS
Cadena humana convocada por la asociación Pobresa Zero. EUROPA PRESSEuropa Press

La respuesta de la Unión Europea al colapso económico ocasionado por la pandemia ha sido de un talante completamente distinto de la efectuada en la pasada crisis europea (2008–2012). Ahora, en lugar de la destructiva austeridad se han implementado medidas de solidaridad como el endeudamiento común para apoyar a los países más castigados, a sus empresas y trabajadores.

Se trata de un giro histórico, pero la tarea de reconstrucción es inmensa. En contra de ciertas apariencias la realidad social europea se asemeja mucho —y en algunos aspectos incluso es peor—, a la del Reino Unido, un modelo bastante refractario a los derechos sociales.

Los datos comparativos merecen reflexión. La tasa de desempleo británica, por ejemplo, es del 4,3%, la mitad de la zona euro (8,1%). Otros indicadores sociales como el desempleo juvenil y el de larga duración, el riesgo de pobreza, la pobreza severa o la proporción de jóvenes que no estudian, ni trabajan ni siguen cursos de formación, reflejan que la zona euro obtiene peor calificación que el Reino Unido. En aspectos tan significativos como la desigualdad, medida como diferencia entre el 20% más rico y el 20% más pobre, Italia y España salen peor parados que el país que acaba de abandonar la Unión.

Los hechos muestran cómo la ola neoliberal alcanzó también de lleno a los gobernantes europeos y a sus políticas. Quizá la diferencia más significativa es que amplios sectores de ciudadanos mantienen su ambición de una Europa más social. Una idea que comparten los escoceses que mayoritariamente aspiran a reincorporase al club.

Los pasos necesarios para que la Unión Europea sea un proyecto de todos los ciudadanos son bien conocidos. Hay proyectos como el Seguro de Depósitos Europeo, la pata más solidaria de la Unión Bancaria, y el Seguro de Desempleo europeo que llevan años aparcados. Ambas iniciativas están sobre la mesa de los mandatarios europeos desde 2012. También se puede mencionar el salario mínimo europeo, que fue propuesto en 2013.

Precisamente a unos de estos proyectos se ha referido Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía en 2001, en su reciente trabajo Recovering from the pandemic: an appraisal of lessons learned (Recuperarse de la pandemia: una evaluación de las lecciones aprendidas), publicado por la Fundación para los Estudios Progresistas Europeos (FEPS). El economista aboga por “ampliar el programa SURE (instrumento europeo de apoyo temporal para mitigar los riesgos de desempleo en una emergencia, por sus siglas en inglés) o por un plan de desempleo completo para toda la UE”. Para Stiglitz, dicho “esquema de apoyo a los ingresos es esencial para mantener la demanda agregada, que es una estrategia necesaria para mantener una pronta recuperación”.

El profesor estadounidense cree, además, “necesario que haya más solidaridad entre los países europeos y más confianza en las instituciones comunes”. Sostiene que “la aprobación del fondo de 750.000 millones de euros es un primer paso importante. Pero es solo eso, el primer paso”. Esta crisis es una oportunidad para que Europa convierta en realidad lo que hasta ahora solo han sido proyectos esperanzadores.

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