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Los expertos piden incentivos para aprovechar el impulso de la transición ecológica

El Covid-19 y los bajos costes de las diversas energías renovables aceleran el ritmo de los programas de descarbonización de las economías de las tres cuartas partes del planeta

“El cambio climático es el mayor fallo de mercado de la historia”. Con esta sentencia presente en la mesa de debate los cinco expertos invitados al Foro Futuro, el observatorio de tendencias económicas de CincoDías y Banco Santander, han analizado La transición hacia una economía verde. Los analistas han discutido telemáticamente sobre los costes y beneficios de la sostenibilidad, los ritmos de la transformación y las políticas económicas que deben acompañar el cambio.

Costes de la sostenibilidad

“Las energías renovables reducen todo tipo de costes de manera brutal, tanto energéticos como sociales y económicos; es difícil encontrar otra industria en la que el ahorro de costes se haya acelerado tanto en la última década”, resume Gonzalo Escribano, investigador y director del programa de Energía y Cambio Climático del Real Instituto Elcano y profesor de Política Económica de la UNED. Y concreta. “La fotovoltaica ha caído más del 80%; la termosolar, cerca del 50%; la eólica terrestre, un 40%, y la marina ha caído un 30%”. Según el investigador, esta es la razón del gran acelerón que han experimentado las tendencias sostenibles en la última década y su impulso desde las instituciones, cada vez más ambiciosas en sus objetivos. “El Parlamento Europeo ha pasado de proponer una reducción de emisiones del 40% a plantear que mengüen un 60% para 2030, porque la tecnología ya lo permite”, añade Escribano. Y no solo Europa, las tres cuartas partes de la economía mundial se han comprometido a alcanzar la descarbonización total para 2050.

Lara de Mesa, directora de sostenibilidad de Banco Santander, afirma que alcanzar ese objetivo supone reducir las emisiones a un ritmo de un 8% anual. “Un porcentaje que solo hemos conseguido durante el confinamiento total decretado para frenar la expansión del Covid”, recuerda De Mesa e incide en el importante impacto sobre la economía que supone la transformación hacia un modelo más sostenible. “Para reducir el efecto sobre la economía hay que actuar en todos los frentes: aumentar la capacidad de instalación de energías renovables y transformar el sector energético, de transporte, el industrial, el agrónomo y el de la construcción”, argumenta la experta de Santander.

Cómo medir los costes y beneficios de la energía limpia

  • Medir más allá del producto Interior bruto. La magnitud del PIB no es suficiente ni adecuado para cuantificar los costes y beneficios de las acciones necesarias para luchar contra el cambio climático. Según Francisco Pérez, “las actuaciones en términos de reducción de emisiones, la mejora del aire que respiramos, dejar el coche y comenzar a caminar o ir en bici... No está en el PIB ni en la productividad, por lo que una parte de los resultados no van a aparecer en las cuentas en base a las cuales medimos el crecimiento”.
  • Indicador de la felicidad nacional bruta. Según apunta Fernando Fernández, “el PIB es un indicador reduccionista de la realidad económica, el problema es que llevamos medio siglo intentando transitar hacia otros sin conseguirlo”. Un intento ha sido el desarrollo del índice global de felicidad que publica una vez al año Naciones Unidas, basándose en diversos factores, entre ellos el PIB.

No obstante, “no hay que confundir el medio con el fin”. Según Santiago Carbó, catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Granada y director de estudios financieros de Funcas, “puede ser un error ver la economía verde como la piedra angular del cambio productivo que España necesita”. Carbó argumenta que la transición precisa de mucho más: “Requiere un esfuerzo en ciencia, en innovación, digitalización y en incentivos”, explica el catedrático.

Fernando Fernández, profesor de Economía del IE Business School, abunda aún más. “Si las energías renovables fueran tan rentables y eficientes no haría falta facilitarlas con tantas subvenciones; la realidad es que los costes marginales de las renovables son cero, pero los costes medios sí son relevantes”.

En cualquier caso, el ritmo que han tomado las tendencias sostenibles se ha acelerado más de lo previsto tras el golpe del Covid-19 y las políticas de compensación para que el cambio sea justo marcan el camino ahora más que nunca. Según De Mesa, “el coronavirus ha reforzado la necesidad de que la transición a una economía verde se realice de forma inclusiva, ya que la crisis sanitaria nos deja con previsiones de contracción económica relevantes y de recuperación de empleo que no volverá a niveles previos al Covid hasta 2022”, sostiene.

Por su parte, Escribano afirma que la transición justa es fundamental si el objetivo es beneficiar no solo a aquellos que pueden permitirse comprar el coche eléctrico o a los que pueden adaptarse mejor porque tienen más formación. “Necesitamos que sea equitativa, si no nos encontraremos con el problema de los chalecos amarillos de Francia”, señala el profesor de la UNED. Para ello, el investigador plantea soluciones que ya se establecen en otros países, como organizar un comité científico de cambio climático que determine acciones concretas para absorber los recursos de manera justa.

Los incentivos necesarios

La UE ha fijado su apuesta verde: para conseguir la recaudación del fondo de recuperación el país debe destinar a proyectos climáticos más del 37% de la inversión y el resto no puede financiar industrias que dañen el medioambiente. “España es el país que más dinero va a recibir de los fondos europeos por lo que ha de tener un protagonismo en la transición energética, liderar el cambio es una forma de poder blando: nos permite exportar nuestras industrias, servicios e ingenierías, y contribuir a proveer bienes públicos globales”, explica Escribano.

Sin embargo, según apunta Francisco Pérez, profesor emérito de Análisis Económico de la Universitat de València y director de Ivie, los objetivos verdes y los de recuperación económica “no encajan bien”. “Nos podemos encontrar frente al dilema de empujar proyectos necesarios en el corto plazo que no reúnen los requisitos de sostenibilidad o empujar otros que sí los cumplen pero a un ritmo demasiado lento como para aliviar las acuciantes necesidades económicas”, argumenta Pérez.

Para De Mesa, “los incentivos están lejos de ser excesivos y hace falta mucha evolución. Hay que marcar la agenda porque un objetivo a largo plazo necesita de mucha disciplina a corto, saber cuáles son las sendas de transición que nos permitirán reducir las emisiones de carbono es fundamental para orientar la actuación de todos los agentes implicados”, añade.

“Es muy fácil prometer y más difícil cumplir”, sentencia al respecto el profesor de Economía del IE Business School. “Para llegar a tan ambicioso objetivo se necesitan incentivos fiscales concretos, y aún no he encontrado el dato del coste que el país necesita asumir y los empleos que se tienen que sacrificar para reducir las emisiones de carbono un 1%”, explica Fernández y abunda: “La transición energética se está vendiendo como un ejemplo de marketing social, y falta información y claridad”.

De Mesa coincide: “Una cosa es ser sensible a un tema y otra cosa es estar dispuesto a pagar la diferencia”. Si bien los inversores están cada vez más interesados: “La sostenibilidad se ha convertido en un tema fijo en cualquier conversación de alto nivel con clientes corporativos”. Sin embargo, la sensibilidad hacia el cambio climático no se ha trasladado aún a los hábitos de consumo de pymes y particulares, según De Mesa.

Según Escribano, los incentivos y la intervención estatal es necesaria para conseguir los objetivos de descarbonización. “Muchas de las empresas petroleras o gasísticas están haciendo su propia transición hacia modelos más sostenibles porque hay negocio, sin embargo los Gobiernos sí que tienen la responsabilidad de preservar el bienestar de las sociedades donde gobiernan”, sostiene.

Los riesgos de no acelerar la transición hacia las renovables

El efecto de la segunda ola del coronavirus que continúa devorando la economía deja un regusto similar al que se podría vivir si no se actúa contra el cambio climático a tiempo. “La transición energética se plantea en un momento en el que estamos pagando con costes muy elevados lo que supone no enfrentarse a problemas que pueden desembocar en riesgos catastróficos”, explica Francisco Pérez. “El retraso en la toma de decisiones hasta el punto de que el cambio climático plantee situaciones irreversibles lo deberíamos percibir de otra manera ahora que estamos sufriendo los efectos de la pandemia”, añade.

Ante el cambio de era, las grandes industrias están ya virando hacia modelos productivos sostenibles. “Los inversores institucionales han apostado por las energías renovables”, indica Gonzalo Escribano. “Empresas como Iberdrola ha conseguido ser la segunda por capitalización en el Ibex, seguida por Banco de Santander. Las empresas que no se apunten a las energías limpias tendrán graves problemas”, advierte Escribano. De hecho, todas las petroleras europeas quieren ser empresas energéticas y ya están apostando por su transición hacia las energías renovables. “Repsol en España fue pionera en apuntarse a la neutralidad carbónica en 2050, por ejemplo”, plantea el experto.

El debate, en cualquier caso, está en cómo virar el negocio hacia campos más verdes sin poner en riesgo otros aspectos de la economía. “En ese equilibrio es donde se sitúan las políticas de compensación que deben plantear los países y las empresas”, alega Escribano.

Aunque los expertos sentados a la mesa del debate telemático coinciden en que falta información, estándares y camino por recorrer, actualmente ya se han conseguido alcanzar algunos objetivos. “La energía solar o la eólica es hoy mucho más competitiva que la nuclear o que el gas”, ejemplifica Escribano. Además, la UE prepara una taxonomía para la financiación sostenible, “que ayudará a definir lo que es verde y lo que no lo es, qué son los fondos ecológicos o los bonos verdes”, concreta el experto. Por su parte, el Banco Europeo de Inversiones ha anunciado a su vez que a partir de 2021 no financiará estructuras fósiles.

A España, además, estas decisiones políticas fundamentales para mantener la vida en el planeta le afectan especialmente por ser el Mediterráneo una de las zonas más golpeadas por el calentamiento climático. “Hay áreas del Mediterráneo donde las temperaturas pueden aumentar hasta cinco grados y las olas de calor pueden durar hasta 150 días”, razona Escribano. Ahí radica la importancia de actualizar el análisis económico de los costes de la transición hacia las energías renovables.

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