LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

El BCE garantiza financiación barata a los Gobiernos al menos hasta marzo de 2022

Lagarde amplía en 500.000 millones de euros el programa de compra de deuda ligado a la pandemia hasta 1,85 billones

Christine Lagarde, presidenta del BCE.
Christine Lagarde, presidenta del BCE.REUTERS

No fue un anuncio sorprendente, pero no por ello resultó menos relevante. El Banco Central Europeo (BCE) ha actuado este jueves según el guion que él mismo había escrito: amplía la mayor parte de sus estímulos monetarios en un intento, casi a la desesperada, de impulsar una actividad y una inflación en horas bajas. El organismo que preside Christine Lagarde ha anunciado una ambiciosa reestructuración de sus herramientas, entre las que destaca el milmillonario programa de compra de deuda creado a raíz de la crisis del coronavirus, que ahora se prorroga hasta bien entrado 2022 y se carga con más munición.

El plan de compras lanzado a raíz de la pandemia es “efectivo, adecuado y está funcionando”, ha resumido Lagarde. Este programa se lanzó el pasado marzo con un alcance inicial de 750.000 millones de euros y una duración limitada a 2020. Pero ha ido poco a poco creciendo, a medida que también lo hacía la gravedad de la crisis.

El BCE anuncia ahora que se alarga hasta marzo de 2022 y crece hasta alcanzar un volumen total de 1,85 billones de euros. Los 500.000 millones de dinero nuevo que Lagarde pone sobre la mesa suponen una ayuda inestimable para Gobiernos como el español, que ganan tiempo y pueden estar tranquilos con la montaña de deuda que se les viene encima.

Pero esta decisión no llega sola. Como los responsables del Eurobanco habían dejado claro en las últimas semanas, el jueves tocaba una “recalibración” de amplio espectro de sus herramientas. El inusualmente largo comunicado mencionaba siete aspectos distintos. Además del aumento de las compras, destaca la ampliación de las condiciones favorables de crédito a la banca y otras medidas destinadas a aliviar el sufrimiento del sector por los bajísimos tipos de interés. “Las medidas adoptadas contribuirán a mantener unas condiciones de financiación favorables durante la pandemia, lo que apoyará el flujo de crédito a todos los sectores de la economía, respaldará la actividad económica y salvaguardará la estabilidad de precios a medio plazo”, aseguraba el comunicado.

Con esta decisión, Lagarde trata de garantizar que los Gobiernos no tengan que preocuparse durante el próximo año y el comienzo de 2022 por los costes de financiación de su deuda ni por hipotéticas tormentas financieras. Y también elimina nubarrones que se ciernen sobre la banca. Otorga así un balón de oxígeno en lo más duro de la crisis, aunque la palanca decisiva para impulsar la recuperación no está ahora en Fráncfort, sede del BCE, sino en Bruselas, donde los jefes de Estado y de Gobierno de la UE se reunieron este mismo jueves para desatascar el fondo de recuperación, un objetivo que finalmente han cumplido. “En estos momentos, los estímulos fiscales son más efectivos que los monetarios y el BCE está generando el entorno ideal para que los Gobiernos no tengan que preocuparse de la financiación de dichos estímulos”, explica Francisco Vidal, economista jefe de Intermoney.

Pero quizás el mayor riesgo al que se enfrentan Lagarde y sus lugartenientes es la incertidumbre sobre la duración de la pandemia. El BCE ha presentado nuevas previsiones de crecimiento para la eurozona, más sombrías que las de septiembre. Entonces, la mejoría de la situación le hizo pensar que tras una caída del PIB de la zona euro este año del 8%, en 2021 se recuperaría con un repunte del 5%. Hoy, tras las restricciones impuestas por la dureza de la segunda ola, ese escenario se aleja hacia territorios menos optimistas: la caída este año será inferior, del 7,3%, pero la recuperación será considerablemente menos fuerte, del 3,9%. Y Lagarde ya da por hecho una nueva caída de la actividad en este trimestre.

Inflación demasiado baja

“Tenemos buenas razones para creer que a finales de 2021 habremos alcanzado una inmunidad suficiente para confiar en que entonces la economía comenzará a funcionar en circunstancias más normales”, ha asegurado Lagarde. Su trabajo es asegurar las condiciones financieras adecuadas para que la economía no descarrille hasta que llegue ese ansiado momento.

La inflación también sufrirá el contagio del coronavirus, con una previsión del 0,2% para 2020 y sin alcanzar el objetivo del 2% al menos en los tres próximos años. Este alejamiento de su meta supone un problema añadido para el Eurobanco, pero al mismo tiempo da argumentos a las palomas para convencer a los halcones de la necesidad de nuevas medidas.

El BCE sabe que los nuevos estímulos ayudan, pero no son la panacea. “La incertidumbre sigue siendo elevada, también en lo referido a la evolución de la pandemia y las fechas de distribución de las vacunas”, ha añadido el comunicado, que incluía una coletilla que adquiere mayor importancia en estas circunstancias excepcionales en las que cualquier previsión corre el riesgo de quedar anticuada al poco de ser publicada: “El Consejo de Gobierno sigue estando listo para ajustar todos sus instrumentos para asegurar que la inflación se acerca a su objetivo”. “Las previsiones de inflación del BCE apuntan que el actual escenario de tipos todavía nos acompañará durante bastantes años en la zona euro”, concluye Vidal.

Fráncfort mira de reojo al tipo de cambio

A los responsables del BCE no les suele gustar comentar el tipo de cambio. Pero, con el euro revalorizándose hasta los 1,21 dólares, las alarmas empiezan a sonar en Fráncfort. “El tipo de cambio juega un papel muy importante en los precios, lo vigilamos muy cuidadosamente”, ha dicho Lagarde.

“El aumento de la generosidad del BCE también tiene en su punto de mira al euro. En Fráncfort no quieren un euro fuerte”, explica Francisco Vidal. “Los niveles actuales no son un problema aún. Un banco central puede hacer muy poco para revertir tendencias en el mercado de dividas”, relativiza Carsten Brzeski, de ING.

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