La industria alimentaria española pondrá fin en 2020 a siete años seguidos de crecimiento

FIAB cifra en 3.700 millones las pérdidas hasta agosto, que se ampliará a 4.300 a cierre el año, con un 6% menos de empresas, por el desplome de la hostelería

La presidenta del Parlamento andaluz, Marta Bosquet, de rojo, en el centro, durante una visita a la cooperativa Vicasol 3 en El Ejido (Almería).
La presidenta del Parlamento andaluz, Marta Bosquet, de rojo, en el centro, durante una visita a la cooperativa Vicasol 3 en El Ejido (Almería).Carlos Barba / EFE

La pandemia de covid-19, con los confinamientos, las restricciones en la hostelería y la ausencia de turistas que ha traído consigo, tendrán un importante impacto en la industria de la alimentación y bebidas. Entre marzo y agosto, el sector dejó de ingresar 3.680 millones de euros, con una caída de la producción de en torno al 8%. El cierre hostelero hizo que la caída de ingresos se cebase especialmente con los fabricantes de bebidas, que perdieron un 19% de su volumen de negocio, frente al 3% de los productores de alimentos, según un informe de la Federación de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB). Para el cierre del año, la industria prevé una caída de producción del 3,5%, 4.300 millones de euros menos, contenida en parte por la buena evolución del sector exterior, que cerrará en positivo merced a un aumento de las exportaciones acompañado de un descenso de las importaciones.

Según consta en el documento, elaborado conjuntamente con el Instituto de Estudios Económicos, 2020 supondrá un parón a siete años consecutivos de crecimiento de la industria alimentaria española. Al cierre de año, se estima que las empresas del sector alcancen una producción nominal por un valor de 116.600 millones de euros, un 3,6% menos que los cerca de 121.000 millones de 2019 y en un nivel muy similar al de 2017. De ese volumen, 65.800 millones se corresponden con la producción destinada a los hogares, que crecerá un 12% una cifra insuficiente para compensar las pérdidas debidas al cierre del canal hostelero. La producción para ese canal retrocederá un 55,9%, de 20.880 millones en 2019 a 9.200 en 2020. El desplome de ventas al canal hostelero “afectará especialmente a las empresas de alimentación y bebidas de pequeño tamaño, principalmente orientadas al mercado local y regional”, sostiene el documento.

La caída de la producción sería mayor de no registrarse un aumento de las exportaciones de un 2,6%, hasta 33.200 millones (32.363 en 2019), que además se completa con un importante descenso de las importaciones del 4,9%, hasta 21.600 millones. Así, el saldo comercial exterior arroja un superávit de 11.600 millones, un 20% mayor que el del año pasado.

Lo observado hasta agosto

Estas cifras son estimaciones que tienen en cuenta lo sucedido hasta agosto o septiembre (en función de la fuente de los datos), periodo en el que se constata que la industria de las bebidas, mucho más dependiente del canal hostelero que el de la alimentación, ha sufrido mucho más. Así, en términos de volumen, entre marzo y agosto los productores de bebidas fabricaron un 11,4% menos que en el mismo periodo de 2019, mientras que la caída en la alimentación fue del 5,1%. “La evolución ha sido menos negativa a partir del fin del estado de alarma”, sostiene el informe. En comparación con otros socios europeos, el sector alimentario español sufrió más que sus pares: un 8% de caída en volumen entre marzo y julio, solo superado por Bélgica y Portugal, pero por debajo de la media europea (-5,3%) o de países como Francia (-4,2%), Italia (-5%) o Alemania (-5,2%).

Las caídas de producción se reflejaron en la facturación: los productores de alimentos dejaron de ingresar 1.603 millones, una caída del 3,1% sobre el año anterior (facturaron 51.709.67 millones entre marzo y agosto de 2019), mientras que se evaporaron 2.078 millones de ventas de los productores de bebidas, un desplome del 19,3% sobre los 10.766 millones facturados en el mismo periodo de 2019.

La caída del negocio en el sector hostelero, según las cuentas de FIAB, es muy superior, evidentemente. “A raíz de la suspensión de la actividad y de las medidas decretadas limitativas de aforos y horarios en el sector de hoteles, restaurantes y cafeterías”, dice el informe, se ha producido una caída de negocio “próxima al 60%” en el sector hostelero (-57,1% entre marzo y agosto). Por el contrario, las empresas de alimentación y bebidas “con una producción orientada principalmente al canal de la distribución alimentaria han visto incrementar notablemente su demanda ante el mayor número de comidas realizadas en el hogar”.

Las diferencias entre la alimentación y las bebidas se notan también en las cifras de exportación. Entre marzo y agosto, las exportaciones conjuntas crecieron un 3,6%, hasta 16.735 millones de euros, pero gracias a una subida de las exportaciones de alimentos del 4,8% (14.773 millones), lastrada por la caída del 4,5% de las ventas exteriores de bebidas (1.962 millones). Mientras aumentaron mucho las importaciones al lejano oriente (+43,8%, hasta 2.434 millones), sobre todo por el incremento de las exportaciones de cerdo a China, el principal destino de las exportaciones alimentarias españolas, la UE, mantuvo una relativa estabilidad (-1,1%, hasta 9.408 millones).

“El conjunto de la industria española de la alimentación y bebidas ha sufrido un impacto considerable a raíz de la crisis del COVID-19″, dice el informe, que se refleja no solo en las cifras de producción y facturación, sino también en el tejido empresarial y en el empleo. En octubre, el sector aglutinaba 24.849 empresas, 1.693 menos que en febrero. Los afiliados de la industria alimentaria cayeron en octubre hasta 440.127, 7.250 menos que un año antes, una caída del 1,6% (1,1% en la rama de alimentación y del -4,6% en la industria de bebidas).

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