POLÍTICA MONETARIA

El Banco de Inglaterra niega haber agotado su munición y se abre a tipos de interés negativos

“De ninguna manera nos hemos quedado sin potencia de fuego”, dice Andrew Bailey en un mensaje que busca disipar las dudas sobre su margen de maniobra en el peor momento para la economía británica

El gobernador del banco central británico, Andrew Bailey.
El gobernador del banco central británico, Andrew Bailey.POOL New / Reuters

Tras dos crisis de caballo en poco más de una década, los bancos centrales siguen teniendo la sartén por el mango. Al menos así lo cree el gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey, que ha negado este viernes la mayor en el debate sobre si la política monetaria está alcanzando sus límites. “De ninguna manera nos hemos quedado sin potencia de fuego”, ha subrayado en la apertura de la segunda —y última— jornada de la cumbre de Jackson Hole, la gran cita de los bancos centrales que se celebra cada año en las montañas de Wyoming (EE UU). Son tiempos, ha remarcado, en los que “actuar rápido y a lo grande”. Y al instituto emisor que dirige no le temblará la mano: un mensaje en toda regla a quienes ven —con motivos— a la economía británica en el trance más crítico de su historia reciente: el PIB se hundió un 20,4% en entre abril y julio, el mayor desplome de toda Europa; la libra se está resintiendo; y la crisis sanitaria ha llegado justo cuando el Gobierno de Boris Johnson negociaba con Bruselas las bases de su relación futura con la Unión Europea tras un Brexit que será muy nocivo para los intereses de Londres.

La Gran Reclusión, como el FMI ha bautizado a la crisis económica derivada de la pandemia, está demostrando que siempre hay más margen de maniobra de lo que se cree. Tras una larga etapa de programas de compra masiva de deuda y tipos de interés en cero y aledaños —y negativos, en algunos países—, muchos creían empezar a ver las costuras de los bancos centrales. Nada más lejos de la realidad: a principios de marzo, antes de que los Gobiernos pusiesen en marcha todo su arsenal fiscal, los bancos centrales ya habían movido ficha para tratar de contener la tormenta perfecta que se estaba desatando en los mercados financieros. Menos de medio año después se puede decir que lo han conseguido: los Tesoros siguen pagando intereses mínimos cada vez que emiten nueva deuda y el mar de liquidez en el que chapotean los inversores ha permitido a los parqués estadounidenses superar su máximo histórico precovid y a los europeos recuperar una parte importante de lo perdido en aquellas semanas en las que parecía que se hundía el mundo. Y, pese a todo, aún quedan balas en la recámara. “Desde el aventajado punto de vista de hoy parece que fuimos demasiado cautelosos sobre nuestra potencia de fuego antes del coronavirus”, ha deslizado Bailey. “La combinación adecuada de políticas en el futuro puede tener más matices de lo que se pensaba”.

El bombazo de Jerome Powell 24 horas antes, en forma de anuncio de flexibilización del objetivo de inflación de la Reserva Federal, ha opacado prácticamente todo lo que ha llegado después desde la edición de Jackson Hole más extraña de su historia. Pero el jefe del Banco de Inglaterra ha guardado su propia munición para este viernes, en un discurso cargado de mensajes para quienes dudan de la capacidad de maniobra de los banqueros centrales. Por él no será: está dispuesto a llegar hasta el final con tal de garantizar la recuperación económica, incluso con tasas de interés negativas. “Nuestra caja de herramientas incluye esa posibilidad”, ha dejado caer.

Acumular todo el margen de acción posible es la última fijación de los bancos centrales. Pero la puerta abierta del Reino Unido a los tipos de interés negativos contrasta con lo deslizado el jueves por Powell, que negó taxativamente —como ya ha hecho otras tantas veces en los últimos tiempos— que la Reserva Federal vaya a recorrer esa senda, cuyas consecuencias aún son motivo de controversia en la academia. Los bancos centrales de Japón, Dinamarca, Suiza o Suecia —aunque este último dio marcha atrás a finales del año pasado— sí han cruzado esa línea roja que, muy grosso modo, lleva cobrar por tomar prestado y pagar por prestar. En las islas británicas, el precio del dinero permanece en el 0,1% (su mínimo histórico) desde el último recorte, justo al principio de los confinamientos, en marzo. Tras las palabras de Bailey este jueves, sin embargo, el 0% ya no parece una barrera infranqueable en la reunión del mes que viene: aunque el Banco de Inglaterra sigue apostando por una recuperación total del nivel de PIB previo a la pandemia para finales de 2021, los analistas tienen muchas más dudas. El camino de espinas será largo y el activismo del emisor, necesario.

Lo más visto en...

Top 50