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Los socios del euro fracasan en la nueva intentona de impulsar la unión bancaria

Los ministros de Finanzas encallan ante las exigencias de Roma y Berlín

Bruno Le Maire, ministro de Finanzas de Francia, junto a Christine Lagarde, presidenta del BCE.
Bruno Le Maire, ministro de Finanzas de Francia, junto a Christine Lagarde, presidenta del BCE. Getty Images

Apenas un mes han soplado los vientos de cola para un nuevo impulso de la unión bancaria. Los 19 miembros de la eurozona fracasaron de nuevo en sus planes de dar un salto para completar su arquitectura financiera dando más competencias al fondo europeo de rescates (Mede) y fijando una hoja de ruta para un instrumento comunitario que garantice los depósitos de los ahorradores. La bronca polémica suscitada en Italia por una eventual reestructuración de su deuda, las tensiones en el seno del Gobierno alemán y las enormes diferencias que separa al norte y al sur acabaron por hacer añicos cualquier posibilidad de un avance.

Los ministros de Finanzas de la zona euro afrontaban un Eurogrupo clave con total incertidumbre. Hace solo un mes, las capitales daban por hecho con un cierto “optimismo” que podrían cerrar por fin la reforma del Mede y acordar los próximos pasos que deben dar para crear un fondo de garantía de depósitos comunitarios, después de que Berlín levantara su bloqueo a ese instrumento con una propuesta que formuló su vicecanciller y responsable de Finanzas, Olaf Scholz.

Sin embargo, la posición de Scholz dentro del Gobierno alemán quedó debilitada después de que el pasado fin de semana perdiera la carrera por liderar el SPD. Scholz era el principal valedor dentro del Gobierno de coalición no solo de un fondo comunitario que garantice los depósitos de todos los ahorradores, sino también de un instrumento europeo de paro. “La situación interna sin duda complica las cosas”, señalaron fuentes diplomáticas. Las exigencias de Berlín para avanzar en el fondo de garantías resultaron al final, además, inasumibles para los países del sur.

El principal escollo que amenazaba la reunión, aun así, procedía de Roma, donde la reforma del Mede ha provocado un vendaval político azuzado por el líder de la Lega, Matteo Salvini. La reforma da más poderes de supervisión sobre los países con desequilibrios económicos e incluye cuestiones como las cláusulas de acción colectiva (CAC). Estas buscan facilitar los procesos de reestructuración de la deuda, impidiendo que un accionista minoritario pueda bloquear ese proceso en contra de los mayoritarios.

Con una deuda del 135%, los críticos en Italia con esa cláusula temen que su inclusión puede llevar a una reestructuración casi inevitable. Ese extremo está siendo desmentido en Bruselas constantemente. Sin embargo, el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, amenazó en una entrevista a Corriere della Sera con bloquear la reforma del Mede en caso de no quedar satisfecho con el proyecto para la unión bancaria.

Discrepancias entre norte y sur

Los responsables y ministros de la zona euro, salvo Italia, pidieron a su llegada al Eurogrupo no obstaculizar la aprobación de unas medidas, las relativas al Mede, que llevan ya meses negociadas. “Los cambios fueron acordados en general en junio. Creo que no penalizan a ningún país y, por tanto, tampoco a Italia”, sostuvo el comisario de Economía, Paolo Gentiloni.

Sin embargo, fuentes diplomáticas explicaron que los países no pudieron vencer la negativa de Roma. Y ello a pesar de que su ministro de Economía, el socialdemócrata Roberto Gualtieri, era partidario de no torpedear los acuerdos en Bruselas. Según estas fuentes, el miércoles por la noche Italia planteó reabrir los textos legales ya acordados, a lo cual se negaron Berlín y París.

El Eurogrupo no pudo cerrar aún, pues, todos los documentos para crear un cortafuegos para bancos en quiebra de 68.000 millones y el diseño de líneas precautorias para países que sufran shocks puntuales. Lo que debía ser un pacto definitivo por fin para el Mede se quedó, según fuentes comunitarias, en un "acuerdo de principios" todavía sujeto, además, a los procedimientos parlamentarios nacionales.

Los 19 también encallaron en la tarea de fijar una hoja de ruta para el fondo de garantías de depósitos, acompañada por otras medidas como una armonización legal para favorecer la creación de grupos bancarios transnacionales y medidas para limitar el balance de bonos en los bancos, que a juicio de Alemania y Francia son la vía por la que se expanden las crisis de deuda soberana al sector financiero, y viceversa. El presidente del Eurogrupo, Mário Centeno, admitió que no se pudo llegar a un acuerdo. "No tenemos una hoja de ruta. No pactamos una hoja de ruta en la reunión de ayer", admitió el portugués, quien consideró que aún no ha llegado el "momento político" para ese pacto. Gentiloni resaltó la utilidad de la "contribución" alemana, pero admitió que algunas de las condiciones son "inaceptables" para algunos socios.

En este caso, fuentes diplomáticas coinciden en que las diferencias eran todavía muy grandes entre Alemania, cuyo ministro se habría quedado sin demasiado margen de maniobra tras su derrota en las elecciones del SPD, y países como España o Italia. Berlín pretendía castigar la sobrexposición de deuda exigiendo colchones de capital a partir de una determinada cantidad de bonos. España, que desvincula la creación del fondo de garantías de la exposición de la banca a la deuda, rechazó esa medida. Según fuentes del Ministerio de Economía, otras medidas que estaban sobre la mesa eran más digeribles, como tener en cuenta el nivel de bonos de las entidades cuando estas hicieran sus aportaciones al fondo de garantías. Ante esa situación, los 19 decidieron trabajar sobre un "plan de trabajo" en el que avanzar en el próximo ciclo político.

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