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ANÁLISIS / SANTIAGO CARBÓ
Columna
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¿Hasta aquí hemos llegado?

Desde Fráncfort son conscientes de la importancia de que los hogares de países como España reduzcan parte del exceso de crédito que engulleron, pero también de la conveniencia de que la financiación vuelva a fluir

Santiago Carbó Valverde
Una pareja hace la compra en un mercado de Sevilla.
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Tras la crisis financiera, el sector privado español comenzó una cruzada para reducir su deuda. Puede que parte de esa lucha haya alcanzado un hito. El paisaje tras la batalla muestra que las familias y empresas españolas redujeron su deuda financiera en algo más de medio billón de euros entre 2010 y 2018. Un esfuerzo que ahora parece llegar a su fin, al menos para los hogares. Desde finales del pasado año se venía observando que su desendeudamiento se frenaba. Los nuevos préstamos solicitados comenzaban a superar a los que se devolvían. Se oteaba esa tónica normal por la que el crédito impulsa la inversión y el crecimiento económico. Los datos de las Cuentas Financieras de la economía española que ayer publicó el Banco de España sugieren que es pertinente plantearse si hasta aquí se ha llegado con la reducción de la deuda financiera familiar. Esta se situaba en el primer trimestre de 2019 en 710.058 millones de euros, tan solo 305 millones de euros menos que en el primer trimestre de 2018. De hecho, ha estado oscilando arriba y abajo en el último año, pero ya no hay caídas prolongadas.

La política monetaria del BCE ha tenido mucho que ver. Desde Fráncfort son conscientes de la importancia de que los hogares de países como España reduzcan parte del exceso de crédito que engulleron, pero también de la conveniencia de que la financiación vuelva a fluir. A esta lógica no parecía irle muy bien un endurecimiento monetario como el que parecía divisarse a finales del pasado año. Si subían los tipos de interés iba a ser más caro reducir crédito antiguo y contratar nuevo. Pero las tornas han cambiado este año y todo vuelve a ser expansivo. Hoy también, el caso español es un pequeño experimento natural de qué está intentando hacer el BCE. Hemos llegado hasta aquí con esfuerzo, sí…, pero hay vida extra para rematar la faena. Los costes de esta “asistencia” no los vemos pero llegarán. Son los de una dependencia tan prolongada del dinero barato.

La dependencia se prolonga a las Bolsas —animadas por la prórroga de la expansión cuantitativa— y eso también se nota en el bolsillo de los españoles. Al albur de la alegría monetaria, los mercados iniciaron con cierta recuperación 2019 y los bolsillos de los ahorradores se beneficiaron de revalorizaciones bursátiles de 70.932 millones de euros en el primer trimestre del año, que contrastan con las pérdidas de 47.673 millones de euros del último trimestre de 2018. Aunque las incertidumbres continúan, el patrimonio financiero de los hogares españoles (diferencia entre sus activos y pasivos) aumentó en el primer trimestre de 2019 tras varias caídas en los trimestres anteriores y alcanza los 1,45 billones de euros. Con los tipos en sus niveles actuales, la duda es si el final de la historia del desendeudamiento dará paso a nuevo crédito y, sobre todo, a qué velocidad. Hasta aquí hemos llegado, tal vez, pero no están claras las nuevas metas.

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