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Trabajo retira la licencia a la “falsa cooperativa” cárnica Servicarne por fraude

La inspección encontró índices muy elevados de accidentes laborales entre los falsos autónomos que trabajan en mataderos

Trabajadores en un matadero en España.
Trabajadores en un matadero en España.

Servicarne no es una cooperativa y no puede seguir operando como tal. Es la principal conclusión que alcanza el Ministerio de Trabajo en una resolución, a la que ha tenido acceso EL PAÍS, que descalifica en esta categoría a la mayor proveedora de mano de obra del sector cárnico. Trabajo la considera una mera empresa pantalla que permite a mataderos y otras empresas tener falsos autónomos y ahorrarse así cotizaciones. Los supuestos “socios trabajadores” no deciden asociarse libremente, sino que lo hacen obligados como requisito para trabajar.

El Ministerio de Trabajo lanzó hace tres años una ofensiva para detectar a los falsos cooperativistas de la industria cárnica: miles de trabajadores precarios obligados a asociarse y hacerse falsos autónomos para poder trabajar en el sector. La mayor de esas cooperativas, Servicarne, que según sus datos tenía 5.000 “socios trabajadores”, acaba de recibir la resolución de descalificación por una infracción muy grave de la Ley sobre Infracciones y Sanciones en el Orden Social, la que sanciona las malas prácticas de los empresarios.

La resolución, que agota la vía administrativa pero se puede recurrir en los tribunales, considera probado que no hay “un régimen de adhesión y de baja voluntaria de los socios” y que la cooperativa “carece de una estructura y funcionamiento democráticos”. Los trabajadores no deciden sobre sus propias condiciones de trabajo ni hay criterios comunes para la retribución, porque son las empresas las que establecen los sueldos.

Tampoco ofrece un empleo estable y de calidad, asegura la resolución, porque las condiciones de los socios son inferiores a las de los trabajadores por cuenta ajena con los que en muchos casos trabajan codo con codo. Los cooperativistas no tienen vacaciones pagadas, las jornadas no están establecidas y suelen ser superiores a las convencionales, señala también la resolución del Ministerio de Trabajo, de fecha 30 de abril.

Obligados a dar de alta como asalariados

En paralelo al expediente, la Seguridad Social ha obligado en los últimos meses a varias empresas, entre ellas, Coren, a dar de alta como asalariados a cooperativistas de Servicarne. De los más de 5.000 socios que tuvo, el sindicato CC OO calcula que ya solo quedan 1.000; la mayoría ya han pasado a las plantillas de las empresas.

Servicarne “se comporta como un mero intermediario para el suministro de la fuerza de trabajo”, concluye Trabajo. No es una empresa cárnica, como recoge su objeto social, sino que su único producto son los propios trabajadores, abunda. Es una empresa “pantalla” fraudulenta que persigue “sin conseguirlo, la apariencia de organización propia”, dice la resolución, que aprecia también “connivencia para lucrarse de forma irregular entre las empresas cárnicas clientes y la cooperativa” al emplear mano de obra con costes inferiores a los de mercado.

La cooperativa, con la que intentó contactar, sin éxito, este diario, achaca la ofensiva del Ministerio de Trabajo a una campaña de los sindicatos, que estarían intentando dejarle sin clientes porque las cooperativas no tienen representación sindical. Así lo asegura una nota de prensa, sin fecha, que Servicarne tiene colgada en su página web. En sus alegaciones, Servicarne alegó que sí funcionaba como cooperativa y que el expediente había caducado por llevar demasiado tiempo abierto.

Demasiados accidentes de trabajo con cuchillos

Los falsos cooperativistas de Servicarne no tienen vacaciones ni pagas extraordinarias. En muchos casos son ellos mismos quienes tienen que comprarse los instrumentos de trabajo, como el cuchillo —y lavarse la ropa—, porque ni la cooperativa ni la empresa se los proporcionan. De todo ello da cuenta el inspector de Trabajo en cuyo informe se basa la resolución que deja sin licencia a Servicarne. Pero lo más sorprendente es lo que se encuentra cuando investiga la siniestralidad laboral de los supuestos socios. Son “muy frecuentes”, asegura en su acta, a la que tuvo acceso EL PAÍS, los accidentes producidos por “herramientas cortantes o punzantes” y las lesiones musculares. Según los datos de la propia empresa, el índice de incidencia de accidentes es “enorme”, con 128,6 accidentes al año por cada 1.000 trabajadores en 2015.

“La realidad debe ser aún más grave”, escribe el inspector, “puesto que muchos deben quedar sin registro alguno”. Los accidentes se cursaban como contingencia común, no profesional. Ese índice dobla la media del sector, que es de 62,97 accidentes por mil, destaca el inspector, que calcula que, para ser real, habría que multiplicarlo “por entre 3 y 5 veces”. Los socios, según confirmó, “nunca se reúnen en el centro para tratar asuntos relativos a la salud y seguridad en el trabajo”.

El informe describe también el sistema de sanciones y de expulsiones de la cooperativa. En un caso de 2014, 13 socios fueron sancionados por falta grave con una semana de suspensión de empleo y sueldo por realizar “un pedido sin las especificaciones exigidas, siendo devuelto”. “La lista de causas es interminable”, subraya el inspector, que recogió una media de 41 sanciones por mes, 491 al año, lo que supone que cada año el 10% de los socios eran sancionados. “Es una proporción absolutamente inusual en una empresa, y menos en una sociedad cooperativa, y da idea del régimen de trabajo que impera”, escribe. Servicarne también expulsaba por baja productividad, “sin que en ningún lugar figuren elementos objetivos para su medición”, según el informe.

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