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OPINIÓN i

Inconsecuentes ante la Unión Europea

Los mismos ciudadanos que manifiestan su escaso interés por las próximas elecciones europeas reconocen que su país se ha beneficiado de la UE

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y la primera ministra británica Theresa May.
El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y la primera ministra británica Theresa May. REUTERS

Dentro de cinco meses se celebrarán las elecciones al Parlamento Europeo. Existe un fundado temor a que se repita en estos comicios la baja participación ocurrida en anteriores convocatorias. En las elecciones europeas de 2014, la participación de los españoles fue del 43,8%, sensiblemente inferior a las últimas elecciones nacionales, que fue del 69%.

La percepción negativa de las instituciones comunitarias se ve alimentada por diversos acontecimientos como los destrozos que suponen para el proyecto europeo el Brexit, el auge de la extrema derecha y los partidos antieuropeos, los desafíos de Italia, Polonia y Hungría o la inestabilidad que padece Francia, que se ha visto reflejada en las movilizaciones de los llamados chalecos amarillos. Al mismo tiempo no resultan nada esperanzadores los continuos retrasos de los pasos previstos para avanzar en la integración europea. El aplazamiento del Fondo de Garantía de Depósitos Europeo, que supondría un seguro igual para los ahorros de todos los ciudadanos ha sido el último tropiezo.

El interés de los europeos para las próximas elecciones al Parlamento Europeo continúa siendo bajo. Solo un 51% están interesados. En el caso de los españoles, el porcentaje desciende al 48%, según la encuesta realizada por Parlemeter 2018.

La misma encuesta revela, sin embargo, la contradicción en la que viven los europeos. Los mismos ciudadanos que manifiestan su escaso interés por las próximas elecciones a la Eurocámara reconocen de forma mayoritaria, un 68%, que su país se ha beneficiado por la pertenencia a la UE. En el caso de los españoles la contradicción es más pronunciada al admitir un 75% que la pertenencia al club europeo ha sido ventajosa.

Esta percepción positiva de los españoles sobre la UE coincide con la realidad. Desde su incorporación al euro en 1999, el promedio del crecimiento económico anual per capita ha sido del 1% en España. Inferior al de Alemania (1,25%) pero superior al de Francia (0,8%) o Italia (0%), según un trabajo de Bruegel.

El problema de España es la injusta distribución de la riqueza interior. España y Francia son los países en los que existe una mayor preocupación (91%) por el aumento de las desigualdades. Esta percepción es coherente con la realidad. España es el tercer país en el que más han crecido las desigualdades entre el 20% más rico y el 20% más pobre desde 2008.

Para afrontar las desigualdades, el economista Thomas Piketty y más de un centenar de intelectuales europeos han lanzado el manifiesto para la democratización de Europa. La iniciativa propone un presupuesto del 4% del PIB, cuatro veces el actual con financiación propia. Su objetivo no es transferir dinero de los países virtuosos a los que lo son menos, sino reducir las diferencias en el interior de cada país. La desigualdad, la inmigración, el empleo y los derechos sociales deberían centrar el debate político en los próximos meses. Probablemente aumentaría el interés por las próximas elecciones europeas.

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