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El Ibex se juega más de 40.000 millones en Brasil

El mercado brasileño es uno de los principales caladeros para las grandes compañías españolas

Sede de Santander en Rio de Janeiro.
Sede de Santander en Rio de Janeiro. Reuters

La Bolsa española es un atajo para que los inversores internacionales tengan exposición a Latinoamérica. Las empresas nacionales ofrecen esa posibilidad a los grandes fondos con dos valores añadidos: eliminan el riesgo divisa al cotizar en euros, y sus acciones son más líquidas que las de las compañías locales. Por eso, si a la región le va bien, el Ibex se beneficia y viceversa. La expansión internacional de las multinacionales españolas tiene en Brasil uno de sus principales caladeros, fruto de varias décadas de operaciones corporativas e implantación directa. La lenta recuperación de la economía brasileña, tras dejar atrás la recesión (2015 y 2016) y la debilidad del real han lastrado las cuentas de las filiales españolas en un mercado que, a pesar de todos los vientos de cara, en 2017 aportó más de 40.000 millones de euros a los ingresos totales de los grupos españoles cotizados.

Las empresas españolas tienen muchos intereses en Brasil. La importante fuente de ingresos que todavía aporta este país es lo que hace que las compañías sigan apostando por invertir allí a pesar de los problemas político-sociales y la incertidumbre presidencial”, explica Victoria Torre, responsable del departamento de análisis de SelfBank.

Banco Santander es el grupo que más se juega en este mercado. Es el tercer banco privado del país y la mayor entidad extranjera. El pasado año Brasil aportó al beneficio atribuido del Santander 2.544 millones de euros, el 26% de las ganancias totales. Telefónica también estará muy pendiente de lo que pase hoy en los comicios. La operadora, a través de su marca local, Vivo, ingresó el pasado año 12.019 millones, el 23,1% del total, con un resultado operativo (oibda) que representa el 25,9% del obtenido por todo el grupo con 4.191 millones. Otro de los integrantes del Ibex con fuerte presencia en el país es Mapfre. La aseguradora obtiene allí el 24,5% de sus primas y el 18,25% de su resultado atribuido (127,9 millones). El ranking de intereses en el mercado brasileño lo completan Dia (18% de los ingresos), Iberdrola (11%) y Naturgy (8%). Fuera del Ibex también hay un buen puñado de firmas con negocios en Brasil, entre las que destacan Ezentis, Prosegur, Amper o CAF, entre otras.

A medida que las encuestas han ido dando ventaja al candidato ultraderechista Jair Bolsonaro sobre Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores, la divisa se ha recuperado. Como otras monedas de países emergentes, lastradas por las subidas de tipos de interés en EE UU, el real se deprecia un 16% en el año, aunque desde los mínimos de septiembre recupera un 8,3% de su valor frente al dólar. Un rebote similar acumula el índice bursátil Bovespa, que en el último mes sube cerca de un 11%.

Apuesta de los inversores

“El mercado está poniendo en precio la victoria de Bolsonaro. A los inversores les gusta que sus propuestas económicas, de la mano de un seguidor de la Escuela de Chicago como Paulo Guedes, son liberales, favorables a las privatizaciones y con la promesa del control del gasto público”, explica Natalia Aguirre, directora de análisis en Renta 4. “Si se confirma su victoria y es capaz de aplicar el programa económico para relanzar la economía, el real podría seguir su recuperación, algo muy importante para las compañías españolas con presencia en el país”, añade.

Los continuos escándalos de corrupción de los últimos años han derivado en una crisis política que, según los expertos, ha puesto palos en las ruedas al potencial del país, perjudicando con ello a los grupos españoles. “La economía brasileña es la eterna promesa. La tensión política ha retrasado lo que se suponía que iba a ser una recuperación mucho más vigorosa”, reconoce Víctor Peiró, director de análisis de GVC Gaesco. Este experto recuerda que al mercado no le da igual el tipo de ideología ultra que promueve Bolsonaro, sino que busca que pueda darse una mayoría clara que conceda estabilidad para que promueva las reformas que el país necesita. “Cuando ganó Lula, la primera reacción del mercado fue negativa, pero luego los inversores apoyaron sus propuestas porque lo que priman por encima de todo es que las reglas del juego estén claras”, dice Peiró.

Esa ansiada estabilidad, sin embargo, no estaría garantizada incluso con la victoria de Bolsonaro, ya que en todo este proceso electoral se ha apreciado una gran fragmentación política, que dificultará sacar adelante según qué propuestas como la reforma fiscal o la de las pensiones. “Uno de los primeros retos del nuevo presidente será equilibrar las cuentas públicas”, recuerda Torre. “El déficit fiscal debe ser reducido, una tarea nada sencilla. Los gastos tienen que controlarse si no se desea un deterioro de la situación del país. Este aspecto entraña dificultades si tenemos en cuenta que la mayor parte del presupuesto se destina a pensiones, sanidad, educación y salarios públicos. Todos estos gastos son complicados de recortar, y acometer su reestructuración implica tomar medidas muy impopulares”, concluye la responsable de análisis de ­SelfBank.

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