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Muere Paul Allen, cofundador de Microsoft, a los 65 años

Millonario, filántropo y dueño de equipos de la NBA y la NFL, reveló hace dos semanas que había recaído en el cáncer del que fue tratado en 2009

En vídeo, las claves del legado de Paul Allen. AP

Paul Allen, cofundador de Microsoft y uno de los grandes nombres de los orígenes de la revolución tecnológica, falleció este lunes en Seattle a la edad de 65 años como consecuencia de una grave enfermedad. El fallecimiento fue comunicado por Vulcan, al empresa a través de la cual Allen canalizaba sus inversiones y filantropía, en nombre de la familia. El escueto comunicado cita como causa de la muerte “complicaciones del linfoma no Hodgkins” que padecía.

El nombre de Paul Allen pertenece a la leyenda de los pioneros de Internet y la revolución digital. Fundó Microsoft en 1975 junto a Bill Gates. Se habían conocido en un colegio privado de Seattle unos años antes. Él tenía 22 años y Gates 19. Allen abandonó la compañía en 1983 debido a su enfermedad, antes de que se convirtiera en el gigante que dominó la informática en los noventa, pero mantuvo parte de la propiedad de la empresa, lo que acabó siendo el origen de su fortuna. El año pasado, Forbes calculaba la fortuna de Allen en 20.000 millones de dólares y lo situaba el número 21 en la lista de los hombres más ricos de Estados Unidos.

Bill Gates reaccionó con un comunicado en el que decía: "Tengo el corazón roto por la muerte de Paul Allen, uno de mis amigos más antiguos y más queridos".

Allen dedicó buena parte de su fortuna a filantropía e investigación. El mismo informe afirma que a lo largo de su vida otorgó 2.000 millones de dólares a diversas causas, incluidos 500 millones al Allen Institute for Brain Science, un centro de investigación de biociencia con 15 años de actividad. Allen fue uno de los primeros firmantes de The Giving Pledge, una iniciativa de Bill y Melinda Gates junto a Warren Buffet en la que personas extremadamente ricas se comprometen a donar en vida la mayoría de su fortuna a causas filantrópicas.

Además, Allen fue un importante inversor en el deporte de Estados Unidos. Era dueño de un equipo de la NBA, los Portland Trail Blazers, otro de la NFL, los Seattle Seahawks, y otro de la MLS, los Seattle Sounders. A través de Vulcan también invirtió en el campo inmobiliario, documentales y películas independientes.

"Paul Allen fue la fuerza impulsora para mantener a la NFL en el pacífico noroeste", declaró el comisionado de la NFL, Roger Goodell, a través de un comunicado citado por Efe. "Su visión llevó a la construcción del CenturyLink Field y de un equipo que jugó 12 años los playoffs, tres Super Bowls", de las cuales ganaron una. "Izar la bandera del Hombre N 12 al inicio de todos los partidos en casa de los Seahawks fue un tributo de Paul a la extraordinaria afición en la comunidad de Seattle. Trabajó incansablemente junto a nuestros asesores médicos para identificar nuevas formas de hacer el juego más seguro y proteger a nuestros jugadores del riesgo innecesario", destacó Goodell en su comunicado.

Allen se había tratado el linfoma en 2009 y había logrado que remitiera. Este mismo mes de octubre había dicho que pensaba luchar contra ello con todas sus fuerzas. “Mi hermano era un individuo extraordinario en todos los niveles”, dijo su hermana, Jody Allen, en nombre de la familia en un comunicado citado por CNN. “Era un hermano y tío muy querido y un amigo excepcional”.

Su autobiografía, publicada en 2011, se titulaba Idea man (el hombre de la idea). En ese libro se definía como el hombre que tenía las ideas en la relación con Gates, ideas que el ojo para los negocios de Gates consiguió poner en todas las casas del mundo a través de Microsoft. En la biografía recordaba el momento de 1983 en el que, tras serle diagnosticada la enfermedad que ha acabado con su vida este lunes, decidió abandonar la compañía que él había ayudado a crear y que cambiaría para siempre la relación del mundo con los ordenadores. “Si recaía, no tendría sentido, además de ser peligroso, volver al estrés de Microsoft. Si me recuperaba, ya había comprendido que la vida era demasiado corta como para gastarla siendo infeliz”.

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