Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Gran Recesión

Una década después de esta crisis, nadie sabe cuando llegará la siguiente, pero los países emergentes están avisando

Un empleado de Lehman Brothers en Nueva York, el 15 de septiembre de 2008, con sus pertenencias tras ser despedido.
Un empleado de Lehman Brothers en Nueva York, el 15 de septiembre de 2008, con sus pertenencias tras ser despedido. AFP

Se cumplirán diez años de la quiebra de Lehman Brothers, pero la Gran Recesión comenzó a gestarse mucho antes. En 2001 la burbuja tecnológica explotó y provocó una grave crisis de deuda. Ante la imposibilidad para financiarse, varias empresas quebraron, y el caso más significativo fue Enron.

El efecto expansivo llegó hasta Argentina. Para evitar profundizar la recesión, el Gobierno Bush anunció una intensa bajada de impuestos que aumentó el déficit exterior de EE UU hasta un máximo histórico del 6% del PIB en 2006. La Reserva Federal bajó los tipos al 1%, abaratando las hipotecas y desviando los excesos de las Bolsas a la burbuja inmobiliaria. Los acreedores de EE UU, principalmente China, exigían activos de máxima calidad crediticia y Wall Street, con la inestimable colaboración de las agencias de rating, inundaron el mercado de bonos AAA con garantías hipotecarias. Y muchos bancos crearon vehículos fuera de balance, en paraísos fiscales, sin supervisión, con muy poco capital y extrema dependencia de la financiación en los mercados. Una economía de casino construida con castillos de naipes.

En 2006 los precios de las viviendas subieron tanto que dejaron de ser accesibles para los trabajadores. Las ventas de casas y los precios cayeron, la morosidad comenzó a subir, los precios de los bonos con garantía hipotecaria empezaron a caer, los inversores dejaron de comprar esos bonos y el castillo de naipes se vino abajo. El fenómeno se había expandido a varios países y la deuda mundial alcanzó un máximo histórico.

Tras la quiebra de Lehman, el sistema financiero de EE UU se hundió y colapsaron los mercados mundiales. Muchas empresas no podían financiar las compras de materias primas ni el pago de los salarios de sus trabajadores y el comercio mundial se desplomó con más intensidad que en 1930. Las lecciones de los errores de los años Treinta llevaron a los gobiernos a actuar rápidamente y con contundencia. La política fiscal, la política monetaria y la política financiera inyectando capital público para frenar la crisis bancaria evitaron otra Gran Depresión.

Hoy EE UU sigue teniendo déficit exterior y sus pasivos exteriores han pasado del 80% del PIB en 2006 al 100%. La deuda de las familias estadounidenses supera la de 2007, los precios de la vivienda también, sus Bolsas están más sobrevaloradas que hace diez años, especialmente las empresas tecnológicas, la volatilidad está de nuevo en mínimos y las primas de riesgo de sus bonos corporativos también. La deuda mundial supera ampliamente la de 2007 y se ha sumado China con más deuda sobre PIB que EE UU y con las empresas más endeudadas del mundo.

El sistema capitalista necesita un sistema financiero para trasvasar el ahorro a la inversión y acumular capital. Pero seguimos en una economía de casino construida sobre castillos de naipes. ¿Cuándo será la próxima crisis financiera global? ¿cuál será la causa que la desate? y ¿cuáles serán sus efectos sobre el empleo? Nadie lo sabe, pero las sucesivas crisis en países emergentes son el canario en la mina que nos avisa de que el grisú ya está llegando.