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ANÁLISIS

Grecia, ¿vuelva usted mañana?

El caso griego deja muy claro que en crisis de gran calibre Europa tiende al egoísmo

El ministro de Finanzas, Euclid Tsakalotos, junto a sus homólogos de Alemania y Francia y el comisario del ramo, Pierre Moscovici.
El ministro de Finanzas, Euclid Tsakalotos, junto a sus homólogos de Alemania y Francia y el comisario del ramo, Pierre Moscovici. AP

“Es un momento excepcional”. “Es un momento histórico”. “La crisis griega acaba aquí, esta noche, en Luxemburgo”. El alud de declaraciones grandilocuentes en la madrugada de ayer sobre el acuerdo para reestructurar la deuda griega, que deja atrás más de ocho años de rescates, contrasta con una gestión de esa crisis insuperablemente mediocre durante la última década. Europa impuso un castigo excesivo a Grecia durante años. El país es el máximo responsable de sus problemas, y a menudo provocó la dureza europea con una estrategia negociadora fallida, pero Grecia deja muy claro que en caso de una crisis de gran calibre Europa tiende al egoísmo, no a la solidaridad: la Gran Crisis ha dejado una eurozona muy desequilibrada a favor de Alemania, que solo ha asumido a cuentagotas sus responsabilidades como líder y que ha usado un tono moralizante de lo más molesto. Hasta el último día: la negociación de última hora se enquistó este jueves ante las posiciones de Berlín y su obsesión por fijar sus condiciones. El acuerdo final deja contento a todo el mundo. Pero también una sensación de que no está todo dicho, de patada hacia adelante, de vuelva usted mañana. Estos son los capítulos fundamentales del pacto.

Tercer rescate, capítulo final. Grecia saldrá del rescate el 20 de agosto. Y será una salida bastante limpia, no una extensión del rescate: la antigua troika se asegura cierto control con un procedimiento de vigilancia reforzada (cuatro visitas al año a Atenas) para asegurarse de que el país no deshace las reformas y sigue en la senda de consolidación fiscal: Grecia se compromete a cumplir con un superávit primario (antes del pago de intereses) del 3,5% del PIB hasta 2022, y superior al 2% hasta el año 2060, nada menos.

El FMI, con reservas. La directora del Fondo, Christine Lagarde, manifestó su “confianza” en la sostenibilidad de la deuda a medio plazo. Pero expuso a las claras “ciertas reservas”: no lo ve claro en el largo plazo. El acuerdo incluye medidas adicionales de alivio de la deuda si en el futuro hay un escenario adverso menos positivo de lo previsto: si llega otra crisis. Pero al cabo las medidas de reestructuración no son las que quería el FMI: no hay quita, sino mecanismos para suavizar el perfil de la deuda, para retrasar los pagos.“Va en la buena dirección”, dice un análisis de esta mañana de Goldman Sachs, para que Grecia vuelva con éxito a los mercados. “Pero los riesgos potenciales son claramente los riesgos políticos”, dice Goldman: si hay elecciones y un nuevo Gobierno intenta revertir algunas reformas o hacer promesas de gasto. En las encuestas, el conservador Nueva Democracia lidera con 10 puntos de ventaja respecto a Syriza. “Parece poco probable que un nuevo Gobierno ponga en peligro una situación de crecimiento y vuelta a los mercados”, dice el banco de inversión norteamericano, que cita como amenazas los riesgos políticos asociados con Italia y Alemania más que la situación en Grecia.

Alivio de la deuda. Grecia consigue más o menos lo que esperaba. Los socios europeos devolverán paulatinamente a Grecia los intereses del programa de compra de bonos, unos 4.500 millones. Grecia consigue una ampliación de 10 años de los plazos de carencia (en los que no se paga ni capital ni intereses), y una ampliación de 10 años de los plazos de devolución de los préstamos (que actualmente ya tienen una media de 32 años). A cambio, la condición es no deshacer las reformas y comprometerse a conseguir elevados superávits fiscales durante décadas, algo que nunca –nunca—ha sucedido no solo en Grecia, sino en ningún otro país.

Colchones de liquidez. Atenas consigue que el último tramo del tercer rescate ascienda a 15.000 millones. Con ese dinero podrá pagar la deuda contraída (hasta 5.500 millones) pero también elevar casi 10.000 millones sus colchones de liquidez, que ascienden a 25.000 millones: Grecia tiene dinero para 22 meses, casi dos años, en una medida destinada a aumentar la confianza de los mercados.

Reacciones. La Comisión Europea, el Gobierno griego, los socios europeos, el Mede y el BCE aplaudieron anoche el acuerdo. El FMI también, aunque con menos entusiasmo. La patada hacia adelante consiste en que el paquete aprobado es suficiente, pero si volvieran las curvas hay un mecanismo para aprobar medidas de alivio de la deuda adicionales: el endeudamiento griego asciende a casi el 180% del PIB y los análisis del FMI lo declaran “impagable”, aunque el Fondo hará un nuevo examen en unos días. “Es la mayor muestra de solidaridad que se ha visto en el mundo”, dijo Klaus Regling, el jefe del Mede. Los analistas son positivos, pero no tanto. “Hay suficientes colchones y suficiente condicionalidad”, apunta Lorenzo Codogno, “aunque siempre hay riesgos con Grecia”. “El acuerdo de reestructuración es más ambicioso de lo esperado”, añade Citi. Morgan Stanley añade una nota menos optimista que la deuda pública “seguirá estando en el foco, a causa de su tamaño, durante mucho tiempo”. “Los riesgos están ahí, especialmente si el entorno exterior es menos favorable. Pero el acuerdo manda una señal: los acreedores están listos para ayudar a Grecia a salir del rescate y apoyar la confianza del mercado”.

¿Hacen un desierto y lo llaman paz? Yanis Varoufakis, exministro de Finanzas griego, ha saltado hoy contra ese pacto. Europa sigue “en estado de negación”. Los socios del euro “extienden la bancarrota del Estado griego hasta 2060, y lo llaman alivio de la deuda”, dispara. Sus críticas van incluso más allá de Grecia: “Rechazan todas y cada una de las propuestas de Macron y lo llaman una nueva era para el euro”, afirma sobre las propuestas para reforzar el euro. “Donde hay un deseo, hay un camino”, decía ayer el comisario Pierre Moscovici con la fanfarria de las grandes ocasiones. El PIB griego está un 25% por debajo de 2010; el paro sigue por encima del 20%; la pobreza y la desigualdad están en máximos; la deuda, a pesar de todas las ayudas, se resiste a bajar del 180% del PIB. La única manera de resumir todos esos números en un sintagma es hablar de gran depresión. El acuerdo de alivio de la deuda es de gran ayuda, pero está por ver si de veras Grecia sale de ahí con todas las plumas. Varoufakis carga contra toda esa complacencia: “Hacen un desierto y lo llaman paz”.

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