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Un hombre de la casa con conocimientos del BCE

El nuevo gobernador era el deseado dentro del Banco de España y conoce bien los entresijos del eurobanco, la institución donde defenderá los intereses de España

Pablo Hernández de Cos.
Pablo Hernández de Cos. EFE

Pablo Hernández de Cos era el candidato interno del Banco de España. Daba igual a quién se preguntase en el caserón de Cibeles: todos deseaban que fuese Pablo, el hasta ahora director del servicio de estudios. Alto, delgado y de palabras suaves y siempre medidas, su prestigio en el organismo se antoja casi indiscutible.

Criado profesionalmente en el Banco, sus primeros pasos en el supervisor se dedicaron a asuntos fiscales en el servicio de estudios. Fue uno de los expertos del comité para la reforma tributaria que orquestó Cristóbal Montoro en 2014. La tesis se la dirigió José Manuel González-Páramo, y con él se marchó a Fráncfort cuando este fue nombrado consejero del BCE. Antes ya había sido representante de España en el eurobanco en el grupo de trabajo de política fiscal.

Es decir, aunque no sea un experto puro en política monetaria, conoce bien los pasillos y mores del BCE. También porque ahora se encargaba de acompañar a Luis Linde en las reuniones de política monetaria en calidad de asesor áulico. Así que ha tenido tres años para realizar una inmersión en el desconocido territorio de la política monetaria no convencional y ultraexpansiva. Conoce bien cómo se tomaron las decisiones y por qué. Cuando llegue el momento no muy distante de defender las posiciones de España en las retiradas de estímulos, sabrá mejor que nadie qué argumentos se puede esgrimir, condición que no reunía la mayor parte de los nombres mencionados en las quinielas. Si Rajoy dijo de Escolano que sería un ministro que llegaría sabiéndose los temas, lo mismo puede decirse de Hernández. El 14 de junio tendrá su primera prueba de fuego, en un consejo en el que se espera que el BCE decida qué hace con las compras de deuda, que en principio acaban en septiembre y por las que España ha recibido 241.601 millones.

Entre las objeciones que se le hacen figura su juventud. Pese a sus 47 años, quizás sea pronto para que ejerza una influencia contundente en Fráncfort, dice gente del banco. Tiene por delante el reto de recuperar el prestigio del supervisor en el extranjero y ante la sociedad, algo resentida con el papel de la entidad en el rescate bancario. Esa juventud y moderación le ayudará. Tendrá que resolver el conflicto abierto con los inspectores, una tarea para la que se precisa mano izquierda y puño de hierro, algo que algunos dentro del banco dudan. Todo un test.