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¿Eres un inversor novato y la renta fija te tienta? También implica riesgos

Los expertos señalan que comprar deuda pública o privada no es una inversión exenta de riesgos y menos ahora, cuando se prevé una subida de los tipos de interés a medio plazo

¿Eres un inversor novato y la renta fija te tienta? También implica riesgos
GETTYIMAGES

Emisiones de deuda con las que tanto las empresas privadas como las instituciones públicas buscan financiación. Los bonos emitidos a este efecto conforman la renta fija. La sensación que pueden generar estas dos palabras al escucharlas es la de una inversión segura, alejada de los vaivenes del mercado, sin riesgos: compras bonos y, vencido un determinado plazo, te devuelven el capital más los intereses.

Los expertos, sin embargo, no se cansan de repetir lo contrario y algunos de ellos hasta desaconsejan a los inversores no precavidos entrar en este tipo de juego. Por lo menos ahora, ya que al horizonte se atisba la subida de los tipos de interés, un evento que, si se produjera, dañaría sin lugar a duda el valor de la cartera de renta fija.

El mercado, amigo y enemigo

“El nombre no es adecuado, la renta fija casi no existe”, argumenta Pablo Larraga. Este analista financiero, miembro de la asociación europea de asesores independientes EFPA, admite que comprar un bono de este tipo y mantenerlo hasta su vencimiento ofrece una rentabilidad que, si en muchos casos no es exactamente fija, es al menos “muy estable”. “Si te sales de la inversión en algún momento intermedio, sin embargo, estarás sometido a las fluctuaciones de los mercados”.

El primer problema podría surgir del precio al que se revende el bono. Si este es inferior al importe que se ha pagado para adquirirlo, la rentabilidad se verá mermada. Es lo que los expertos denominan riesgo de mercado. Asimismo, si se invierte en deuda de una empresa y su situación financiera empeora, porque aumenta su endeudamiento o bajan sus resultados, entre otras causas, la percepción de la compañía será más negativa. Llegado este momento, “se exigirá una rentabilidad adicional para invertir en su deuda, y esto tiene como consecuencia que los bonos que ya tengamos valgan menos”, explica Cristina Gavín, gestora de fondos de renta fija de Ibercaja Gestión.

Es el llamado riesgo de crédito, o del emisor, o de insolvencia, un contexto en el que los inversores pueden llegar hasta pensar que la entidad que ha emitido los bonos esté a punto de quebrar y corran a vender. “Y, cuando todo el mundo vende, el precio cae, así que se generan pérdidas entre el precio de venta y el de compra”, redunda el director de renta fija y estructurados de Tressis, Gonzalo Ramírez. Por ello, “los bonos incluyen garantías del emisor sobre el cumplimiento de sus obligaciones”, añade el director de renta fija de GVC Gaesco, Manuel Villalba. “También para que el inversor pueda controlar la calidad del crédito, los riesgos de los bonos son calificados por agencias de rating”.

La gran incógnita: los tipos de interés

Existen muchos factores que afectan a la renta fija. Tal vez la eventualidad más temida por los inversores, sin embargo, sobre todo en este momento, es que los tipos de interés suban, ya que existe una relación inversa entre estos y los precios de los bonos. Para entenderlo, Ramírez hace el ejemplo de un bono que ofrece una rentabilidad del 3%. “Si los tipos suben al 4%, el precio del bono caerá hasta un nivel donde su rentabilidad sea al menos el 4%, porque no tendría sentido estar en un bono al 3% cuando los depósitos generan una rentabilidad un punto más alta”, explica. Los bonos con mayor duración suelen ser más sensibles a los cambios en el tipo de interés que los a corto plazo “porque los tenedores están expuestos al riesgo durante un período más largo”, destaca Villalba.

De momento los tipos de interés son todavía bajos, pero ¿hasta cuándo perdurará esta situación? “La subida de tipos podría producirse en un tiempo no demasiado lejano”, prevé Larraga. Ante este escenario, desde Ibercaja Gestión aconsejan una “elevada diversificación, con duraciones reducidas”, subraya Gavín. “Una inversión interesante puede ser la renta corporativa de grandes compañías (lo que se conoce por investment grade) y a plazos cortos”, sugiere el director general de Deutsche AM España, Mariano Arenillas. “A través de estas inversiones se pueden generar rendimientos moderados pero atractivos, entre el 1% y el 2%”.

Villalba de GVC Gaesco prefiere privilegiar los bonos a tipos variables o flotantes o también los bonos indexados, “que ajustan el pago inicial de intereses y de la amortización del capital según la tasa de inflación”. O los llamados bonos cupón cero, que permiten la entrega al vencimiento del capital y del interés compuesto acumulado y se suelen vender con descuentos sustanciales respecto a su valor nominal.

A más rentabilidades, más riesgos

“Yo no entraría ahora en renta fija”, admite, por el contrario, Larraga. “Escogería más bien un activo monetario, aunque me diera muy poca rentabilidad o un ligero perjuicio y, cuando los tipos repunten, entraría en renta fija”. Entonces, los bonos que pondría en la cartera dependerían del perfil del inversor. “Si tuviera un perfil conservador, podría ser deuda pública de países periféricos y, si fuera más arriesgado, algún bono vinculado a deuda subordinada [en caso de liquidación de la compañía, el cobro está supeditado a que los acreedores hayan cobrado primero], o en convertibles contingentes [bonos que al vencimiento se pueden convertir en capital, según las reglas establecidas en la emisión], con una pequeña parte de mi patrimonio y una selección muy cuidadosa”. El problema surge cuando la entidad emisora atraviesa serias dificultades. "El inversor puede perder buena parte del patrimonio o incluso, como ha sido el caso de la venta del Banco Popular al Banco Santander por un euro hace unos meses, la totalidad", subraya este experto. 

Un perfil aún más arriesgado, en palabras de Larraga, es el del inversor que decide entrar en algún fondo de bonos high yield. “Tienen una calificación crediticia por debajo del triple B negativo y coloquialmente se les llama bonos basura”, aclara. Si, por un lado, “la posibilidad de impago de las compañías emisoras de estos bonos es más elevada”, subraya Gavín, por el otro, las rentabilidades son sensiblemente más altas.

El último eslabón del riesgo son las inversiones en bonos extranjeros emitidos en divisas locales ya que en este tipo de productos, a la volatilidad de la deuda se une la volatilidad de la divisa.

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