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Alstom y Siemens pactan su fusión para crear un gigante ferroviario europeo

El acuerdo de la icónica empresa gala con la multinacional alemana preocupa en Francia

Trabajadores del tren de alta velocidad de Alstom en Belfort, al este de Francia
Trabajadores del tren de alta velocidad de Alstom en Belfort, al este de Francia AFP

La sinergia franco-alemana no se cuece solo al más alto nivel político. El mundo de los negocios se prepara para dar un gran paso en el mismo sentido: la francesa Alstom, fabricante del tren de alta velocidad TGV, y la alemana Siemens, han pactado una fusión. El objetivo es crear un gigante ferroviario capaz de hacer frente a la amenaza que supone la creciente competencia internacional, sobre todo la china. Pero el matrimonio de conveniencia, como ha calificado la prensa gala la fusión de los dos rivales históricos europeos, no gusta a todos en una Francia que ve con preocupación el progresivo desmantelamiento de una de sus empresas más icónicas y la pérdida de influencia gala en un sector en el que ha hecho historia. Según la cadena France 2, la firma se produjo este martes cerca de las nueve de la noche. A última hora de este martes, ambas empresas emitieron un comunicado conjunto en el que anunciaron la firma de un "protocolo de acuerdo".  

El objetivo de la fusión de los negocios ferroviarios de Alstom y Siemens es crear un gigante capaz de hacer frente a la amenaza que supone la creciente competencia internacional, sobre todo la china. Pero en Francia temen que la unión suponga perder poder en un sector en el que este país ha hecho historia. Desde la mañana de este martes comenzaron a trascender los detalles del acuerdo, que debía firmarse tras una larga reunión de los respectivos consejos de administración alemán y francés en Múnich y Saint-Ouen, en las afueras de París.

El nuevo conglomerado tendrá un volumen de negocio de unos 15.000 millones de euros y 60.000 empleados. Le Monde, que avanzó por la mañana que el acuerdo estaba ya casi atado, señaló que Siemens tendrá la mitad del capital de la nueva compañía de Alstom y el sector ferroviario del gigante alemán. A cambio, la sede de la compañía seguirá en Saint-Ouen y su actual presidente, Henri Poupart-Lafarge, continuará al frente de la dirección, según Les Echos.

Según los términos en los que se negocia el acuerdo, también permanecerán en territorio galo los centros franceses de investigación y desarrollo. Además, como parte del acuerdo, Siemens está dispuesto a garantizar que los empleos franceses —Alstom tiene 9.000 trabajadores en todo el país— serán mantenidos al menos durante los próximos cuatro años. Una decisión destinada a tranquilizar a los sindicatos después del susto del año pasado, cuando se anunció el cierre —luego anulado— de la planta de Belfort, que puso en peligro 400 empleos.

El Estado se queda fuera

Si la fusión cuaja, el Estado francés no tendrá acciones en la compañía fusionada, aunque confía en poder seguir siendo una voz influyente en los próximos años a través de sus pedidos de trenes TER y TGV, una demanda clave para la empresa. El presidente francés, Emmanuel Macron, ha sido un fuerte impulsor de la fusión, asegura la prensa francesa.

Pocos dudan de que una alianza europea similar a la que constituye Airbus en el campo de la aeronáutica era la única forma de plantarle cara a la competencia internacional, sobre todo a la china CRRC Corp, creada en 2014 mediante la fusión de dos empresas estatales con el objetivo firme de ser competitivo en el campo internacional y que tiene un volumen de negocio de 18.000 millones de euros.

“Necesitamos una consolidación en el sector ferroviario” ante la presión china, dijo el viernes la ministra de Transportes francesa, Elisabeth Borne. “La operación responde al peligro chino”, confirmó a Le Figaro una fuente conocedora de las negociaciones. Lo mismo reconoció Claude Mandart, jefe del principal sindicato de Alstom, CFE-CGC. “La fusión es necesaria para desafiar al mastodonte chino, comentó Mandart, según la agencia France Presse.

Pero que sea visto como una necesidad, no significa que la decisión guste. Sobre todo después de que su rival estadounidense General Electric se hiciera, en 2015, con la rama energética de Alstom por 9.500 millones

Un “matrimonio entre iguales” con recelos

El secretario de Estado de Economía, Benjamin Griveaux, aseguró este martes en la Asamblea Nacional que el Gobierno de Emmanuel Macron se ha encargado de que sea un “matrimonio entre iguales”. Pero varios políticos de derechas han denunciado lo que consideran una claudicación y una pérdida de identidad francesa a través de la venta de uno de sus iconos.

El ex candidato presidencial soberanista Nicolas Dupont-Aignan ha calificado la fusión como “una gigantesca estafa organizada por el Estado y que pondrá a Alstom, una de las joyas de la industria francesa, bajo completa dominación de Siemens”. Según el político derechista, la empresa alemana podrá, “sin gastarse un solo céntimo, convertirse en la dueña de nuestra tecnología y nuestras marcas”. El ultraderechista Frente Nacional también denunció la operación, que considera la “culminación lógica de una ausencia total de visión para la industria nacional” francesa por parte del Gobierno de Macron.

El anuncio de la fusión Alstom-Siemens se produce en vísperas de la reunión en Lyon este miércoles de Macron con el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni. Se espera que en la cumbre francoitaliana se anuncie un acuerdo sobre los astilleros STX, nacionalizados temporalmente por el Estado francés —para gran irritación de Roma— este verano para frenar una operación que habría dejado el importante activo naval galo en manos de la italiana Fincantieri, que aspiraba a hacerse con el 51% de las acciones.

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