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Vehículos menos contaminantes para ciudades más limpias

Acabar con el uso de los combustibles que más residuos generan es vital para reducir la polución en las grandes urbes

Carteles luminosos en la M-30 anuncian la prohibición de circular a vehículos con matrícula par durante el 29 de diciembre del año pasado.
Carteles luminosos en la M-30 anuncian la prohibición de circular a vehículos con matrícula par durante el 29 de diciembre del año pasado.

La inusual medida impuesta por el Ayuntamiento de Madrid durante un día, el pasado mes de diciembre, de impedir la circulación de la mitad del parque automovilístico debido a los altos niveles de contaminación reabrió con fuerza el debate sobre la necesidad de una movilidad menos agresiva, el fomento del transporte público y el impulso de vehículos menos contaminantes propulsados por electricidad o gas.

El automóvil es el responsable del 56% de las emisiones de dióxido de nitrógeno y del 65% de las emisiones de las partículas sólidas en suspensión, según datos de 2011 recabados por Madrid Respira, una plataforma que promueve el uso del gas natural en vehículos. Se trata de dos de los contaminantes más peligrosos para la salud que forman parte de la boina de polución que periódicamente, como ocurrió a finales de año, cubre la ciudad.

El origen de las partículas en suspensión no está solo en la combustión. El desgaste de los frenos, las ruedas y el pavimento también es generador de contaminación. “En torno al 30% de esas emisiones provienen de estas acciones", explica Xavier Querol, profesor en el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua de Barcelona del CSIC. Estas partículas, invisibles al ojo humano, están compuestas por sulfatos, nitratos, amonio, carbono, metales y cloruro. Las más perjudiciales son las de 10 micrones, o milésimas de milímetro de diámetro (PM10), y las de 2,5 micrones (PM2,5), cien veces más finas que el grosor de un cabello humano. Son uno de los principales causantes de cáncer de pulmón, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Son capaces, además, de instalarse en el interior de los pulmones, alcanzar el torrente sanguíneo y generar problemas respiratorios y cardiovasculares.

Las ciudades españolas cuentan con un número muy alto de turismos por kilómetro cuadrado.

Según Xavier Querol, las principales ciudades españolas cuentan con un elevado número de turismos matriculados por kilómetro cuadrado. De acuerdo con sus cifras, Madrid tiene 2.300 turismos matriculados por kilómetro cuadrado; Valencia, 2.600 y Barcelona, 5.700. Unas densidades muy altas si se comparan con Berlín o Roma, donde hay 1.500 vehículos matriculados por kilómetro cuadrado, o Londres, que cuenta con 1.300. "Nuestras ciudades no son tan extensas como otras urbes europeas por lo que el tráfico se condensa en menos espacio, entre calles con bloques de edificios altos que impiden una buena ventilación", argumenta Querol.

Buena parte de estos vehículos utilizan combustible diésel, el más contaminante en partículas y dióxido de nitrógeno. “España es un país dieselizado", argumenta el profesor del CSIC. En 2016, el 56,8% de vehículos que se matricularon fueron diésel, frente al 40,2% de gasolina y el 3% de híbridos, según la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles Turismos y Camiones (ANFAC).

Además, cuanto más antiguos son los modelos, más contaminan. "Un turismo diésel de 1992 emite 35 veces más partículas tóxicas que uno actual, y el doble de óxidos de nitrógeno", apunta Querol. En España, el parque de vehículos ha sufrido un envejecimiento debido a la crisis. En 2015, la media de edad era 11,64 años, casi cuatro más que en 2005, que se situaba en los 7,8 años. Seis de cada diez coches tendrán más de diez años en este 2017, de acuerdo con un estudio de mercado realizado por la consultora MSI. Una década antes, tan solo uno de cada cuatro había llegado a esa edad. En Reino Unido, estos vehículos representarán este año el 35% de todo su parque, en Francia el 42% y el 50% en Italia, según los datos de la patronal europea de fabricantes de vehículos Acea.

En 2015, la media de edad era 11,64 años, casi cuatro más que en 2005, que se situaba en los 7,8 años

La reconversión de ese parque automovilístico y la incorporación de combustibles alternativos más ecológicos son dos factores clave para mejorar la calidad del aire en las ciudades. Esa es la postura de José Ramón Freire, director de Soluciones de Movilidad de Gas Natural Fenosa. "La electricidad y el gas natural se postulan como las opciones más idóneas para reducir la contaminación atmosférica", argumenta. Según él, la electricidad es el combustible óptimo para motocicletas y vehículos de poco recorrido, mientras que el gas natural es la “alternativa perfecta a corto plazo” para el transporte intensivo, como taxis y camiones de reparto.

El gas natural ofrece ventajas frente a los combustibles fósiles convencionales: "Reduce la emisión de óxidos de nitrógeno un 80% y en un 95% el material particulado”, afirma Manuel Lage, secretario general de la Asociación Ibérica de Gas Natural para la Movilidad (GASNAM). También disminuye un 25% la producción de dióxido de carbono, el principal causante del efecto invernadero. Y es más barato: el coste por kilómetro recorrido de un vehículo que funciona con gas natural es un 30% menor que con diésel y un 50% menos que el de gasolina, según datos de Gas Natural Fenosa.

Estación de carga de gas natural vehicular (GNV) en Hospitalet de Llobregat (Barcelona). ampliar foto
Estación de carga de gas natural vehicular (GNV) en Hospitalet de Llobregat (Barcelona).

También se recargan más rápido que los eléctricos, que necesitan varias horas. “Un hecho relevante para los vehículos de uso intensivo "que no disponen de tiempo para acercarse a un punto de recarga eléctrica y esperar ese tiempo", añade el Freire. En España hay matriculados 5.500 automóviles de gas, una cifra a años luz de otros países europeos como Italia, donde hay más de un millón; Ucrania, con 400.000, o Alemania, con más de 100.000. En el mundo, solo 20 millones de vehículos de los 1.200 millones censados en el planeta funcionan con esta tecnología.

La falta de puntos de suministro ha sido, a juicio de los expertos consultados, uno de los grandes problemas que ha retrasado la proliferación de vehículos a gas. En España existen 112 puntos de recarga, de los que 47 son públicos y 65 privados. A ellos se sumarán 17 nuevas estaciones en los próximos meses, según GASNAM. Una cifra aún muy lejana a las 1.046 estaciones que hay en Italia o las 921 de Alemania.

Pese a esto, el número de vehículos propulsados a gas sigue creciendo. “El ritmo de crecimiento en 2016 aumentó un 60% respecto al año anterior", apunta Freire. La gran mayoría del parque actual, el 70%, son vehículos pesados y de transporte público, especialmente autobuses urbanos y camiones de recogida de residuos. En Madrid, los autobuses de gas natural se utilizan desde 1994. Hoy suponen el 40% de la flota, igual que en Barcelona.

Estación de recarga de gas natural vehicular (GNV) de camiones en Santa Perpetua de Moguda (Barcelona). ampliar foto
Estación de recarga de gas natural vehicular (GNV) de camiones en Santa Perpetua de Moguda (Barcelona).

Cada vez más empresas suman a sus flotas vehículos propulsados por gas. Primark, la empresa textil de origen irlandés, utiliza desde 2016 cinco camiones con esta tecnología para abastecer a sus tiendas. Leche Pascual cuenta con una flota de 761 vehículos que funcionan con electricidad o gas para repartir sus productos por todo el país. En septiembre de 2016, la compañía de logística Seur puso en circulación su primera furgoneta de reparto híbrida, de diésel y gas natural.

Estos vehículos cuentan con el distintivo Eco, una certificación que proporciona la Dirección General de Tráfico. Desde finales de 2016, la DGT ha empezado a enviar etiquetas adhesivas a los titulares de vehículos en las que se certifica su potencial contaminante según colores. Las azules son para automóviles con cero emisiones, seguidas de las ECO (mitad verde, mitad azul) que identifican a los híbridos y a los de gas natural. Las verdes designan a los automóviles de gasolina matriculados a partir de 2006 y diésel a partir de 2014. Las amarillas señalan a los vehículos menos ecológicos, tanto de gasolina (matriculados a partir de 2000) y diésel (a partir de 2006). Los más contaminantes (de gasolina previos a 2000 y diésel anteriores a 2006) no obtendrán etiqueta.

Estos indicativos orientarán a las ciudades sobre qué vehículos pueden entrar en sus centros en la próxima década, cuando comiencen a convertirlos en zonas protegidas de emisiones contaminantes. Barcelona ha anunciado que en 2020 prohibirá la entrada a los coches de gasolina matriculados antes de 2000 y de diésel anteriores a 2006. Madrid se plantea llevar a cabo el veto a partir de 2025. Por ahora, la capital está ampliando las áreas de prioridad residencial (APR), zonas que prohíben el acceso a los vehículos no residentes. A las cuatro ya establecidas actualmente —Embajadores, Letras, Cortes y Palacio—, el Ayuntamiento ha propuesto la incorporación de Justicia y Universidad para 2017. Así, el centro de la capital será un lugar un poco más libre de humos.

Vehículos eléctricos, híbridos o de pila de combustible.

Esta etiqueta designa a ciclomotores, triciclos, cuadriciclos y motocicletas; turismos; furgonetas ligeras, vehículos de más de 8 plazas y vehículos de transporte de mercancías clasificados en el Registro de Vehículos de la DGT como vehículos eléctricos de batería (BEV), vehículo eléctrico de autonomía extendida (REEV), vehículo eléctrico híbrido enchufable (PHEV) con una autonomía mínima de 40 kilómetros o vehículos de pila de combustible.

La etiqueta bicolor identifica a turismos, furgonetas ligeras, vehículos de más de 8 plazas y vehículos de transporte de mercancías clasificados en el Registro de Vehículos como vehículos híbridos enchufables con autonomía de menos de 40 kilómetros, vehículos híbridos no enchufables (HEV), vehículos propulsados por gas natural, vehículos propulsados por gas natural (GNC y GNL) o gas licuado del petróleo (GLP).

La etiqueta verde señala a turismos y furgonetas ligeras de gasolina matriculadas a partir de enero de 2006 y diésel a partir de 2014. Y a vehículos de más de 8 plazas y de transporte de mercancías, tanto de gasolina como de diésel, matriculados a partir de 2014.

La etiqueta amarilla para turismos y furgonetas ligeras de gasolina matriculadas a partir de enero del año 2000 y de diésel a partir de enero de 2006; vehículos de más de 8 plazas y de transporte de mercancías tanto de gasolina como de diésel matriculados a partir de 2005.

Fuente: Dirección General de Tráfico.

Esta noticia, patrocinada por Gas Natural Fenosa, ha sido elaborada por un colaborador de EL PAÍS.