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Bimba y Lola acierta con el escaparate

La firma de las sobrinas de Adolfo Domínguez encaja como un guante en el lujo asequible

Bimba y Lola
Fachada de la tienda de Bimba y Lola en Marylebone High Street (Londres)

Es doctrina establecida que España se ha hecho fuerte en el negocio de la moda con su especialización en el segmento de medio y bajo coste de la mano de grupos como Inditex o Mango, pero a María y Uxía Domínguez, las sobrinas de Adolfo Domínguez, nunca les apeteció probar suerte en este nicho, quizá porque su tío es un icono de la moda de precio medio-alto y su padre es uno de los fundadores y dueños de STL (Sociedad Textil Lonia), la segunda empresa gallega de moda, propietaria de enseñas como Purificación García y Carolina Herrera. Tras trabajar unos años en la empresa de su padre, Jesús Domínguez, las dos hermanas decidieron que su oportunidad estaba en un segmento que en España, unos años antes de la crisis, empezaba a despuntar: el lujo asequible. “Vimos que la gente se interesaba cada vez más por la moda y estaba dispuesta a pagar por ella, por lo cual decidimos centrarnos en el semilujo”, explican las creadoras de Bimba y Lola. Tras convencer a su progenitor para apoyarlas, las hermanas fundaban en el 2006 su cadena, enfocada a las mujeres profesionales (working girls), de 20 a 50 años.

El éxito llegó rápido. A finales del mismo año ya tenían 41 puntos de venta, un año después 67. Las ventas han crecido desde entonces hasta los más de 115 millones de euros el año pasado. Los beneficios también acompañaron el ascenso, siempre estuvieron entre los seis y los 10 millones, salvo en 2013 cuando bajaron a 322.000 euros, en parte por la crisis y en parte por la inversión en nuevas tiendas: solo en cuatro años, de 2010 a 2013, inauguraron 71 puntos de venta. Luego las hermanas corrigieron los excesos —desde entonces solo abrieron 22 tiendas—, y los beneficios crecieron a los niveles previos a ese dispendio.

Desde su creación en 2006 la empresa ha elevado sus ventas un 557% y multiplicado por cinco las tiendas

Parte de ese crecimiento vino del extranjero, donde la progresión de ventas está siendo incluso mayor que en España, un 22% más el año pasado. La cadena tiene ya 78 de sus 220 tiendas fuera del suelo español (26% de los ingresos), la mayor parte en Europa (31), y después en Latinoamérica (28). México es, de hecho, su segundo mercado con 16 puntos. Este proceso de expansión se decidió casi al principio. “Como el proyecto funcionó en España, lo fuimos ensayando allá donde íbamos. La prioridad fue Europa, especialmente Reino Unido y Francia, donde el segmento de moda contemporánea está más desarrollado”, explican en Bimba y Lola. Los otros dos ejes elegidos fueron Oriente Próximo y Latinoamérica, “donde este segmento está en desarrollo, así que pensamos que una marca potente en España y con una propuesta clara sería allí bien recibida”, añaden.

Bimba y Lola acierta con el escaparate

Las dos hermanas iniciaron su proyecto en el momento justo. Parte del público, cansado de la ropa básica, pedía algo más. Esto originó un auge de marcas españolas en el segmento del lujo a precios aceptables. Añadido a esto, la crisis benefició a este sector porque muchos consumidores tuvieron que prescindir de los emblemas del lujo más caro. En este escenario, las tiendas de Bimba y Lola empezaban a multiplicarse con un producto similar y a precios bastante más accesibles, aunque no baratos. Uno de sus bolsos de piel puede costar entre 200 y 250 euros; sus zapatos de 120 a 185; y sus chaquetas entre 130 y 195. La cadena hace dos colecciones al año, a las que define como ‘narrativas’. “Los diseñadores”, dicen desde la empresa, “buscan su inspiración en el mundo de la cultura y del arte. Viajan, bucean en archivos, leen… Una vez que decidimos qué historia queremos como hilo conductor, la colección comienza a tomar forma”.

México es el segundo mercado de la marca con 16 establecimientos

Es innegable que las dos hermanas, educadas en España, Francia, Reino Unido y EE UU, tuvieron la ventaja de pertenecer a la segunda familia más importante de la moda gallega, una familia que, recuerdan en la firma, “lleva 67 años en el textil”. Además de haber trabajado al lado de su padre y sus dos tíos, Javier y Josefina, las hermanas contaron con el apoyo financiero y operativo de su progenitor. Eso les ha permitido desarrollar una estratégica milimétricamente definida, corregida al menor problema y basada en tiendas bien ubicadas, mucha rotación de producto y una mínima estructura de personal. La empresa externaliza prácticamente toda su producción y logística y utiliza ampliamente la franquicia (el 22% de su red). Todo ello no evitó que se cometieran errores. La expansión en Francia, donde tienen nueve establecimientos, no ha funcionado como se esperaba. En 2012 Bimba y Lola tuvo que hacer una operación acordeón en la filial francesa para compensar pérdidas, pero no abandonó el mercado. Todo lo contrario, la empresa tiene previsto reforzar su presencia en el país vecino.

“Como vemos que el producto está gustando y el público nos acompaña, vamos a redoblar incluso nuestra apuesta en España y en los mercados internacionales donde ya estamos”, aseguran las empresarias. En el sector se cree que esto implicará la entrada de algún socio financiero que ayude a multiplicar las aperturas sin dañar la rentabilidad. Hace unos tres años las dos hermanas ya lo intentaron. Iniciaron la búsqueda de un socio, un fondo de capital riesgo, al que pretendían ceder el 30% de la firma a través de una ampliación de capital, una operación entonces valorada en 40 millones de euros que no llegó a producirse porque no se halló al socio idóneo.