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ENTREVISTA | Ignazio Visco

“El sector bancario italiano no es el más vulnerable de Europa”

El Gobernador del Banco de Italia discute las normas europeas que obligan a accionistas y acreedores a costear los rescates

El Gobernador del Banco de Italia, Ignazio Visco, el 9 de octubre de 2015.
El Gobernador del Banco de Italia, Ignazio Visco, el 9 de octubre de 2015.

Italia ha perdido el 10% de su riqueza y el 25% de su industria durante la Gran Crisis. No hay sector financiero que resista semejante golpe sin algo más que rasguños: la banca italiana acumula un agujero por el volumen de créditos dudosos acumulados, y presenta su candidatura como protagonista del próximo arreón de la crisis. Ignazio Visco (Nápoles, 1949) recibe a EL PAÍS y al resto de diarios que de la plataforma LENA con un discurso sólido que trata de disipar sospechas. Tras dos horas de charla, casi lo consigue. Al acabar la entrevista en una espaciosa sala del Palazzo Koch, sede del Banco de Italia a dos pasos del Coliseo, este corresponsal siente la tentación de titular con el Brexit.

El sucesor de Mario Draghi como gobernador del Banco de Italia rechaza que la banca de su país sea la más vulnerable del continente, pero a la vez discute las nuevas normas europeas que obligan a accionistas y acreedores de los bancos a costear los rescates, y se queja de las reglas de ayudas de Estado: "Hay que tener cuidado con los riesgos sistémicos", avisa. Visco discrepa, pero esos 350.000 millones en créditos dudosos —con un crecimiento del 20% anual desde 2008— son lo más parecido en Europa a uno de esos riesgos que pueden llevarse por delante a todo un sistema, como un día sucedió con las cajas en España.

Pregunta. ¿Le preocupan los efectos sobre el sistema financiero del referéndum británico?

Respuesta. Ya estamos viendo las consecuencias en los mercados. Si se produce una salida tendrá impacto financiero, aunque resulta difícil calibrarlo. Los bancos centrales están listos para intervenir. Pero los efectos irán más allá de lo económico.

P. ¿Hay apetito en las grandes capitales para reforzar el proyecto con un salto adelante?

R. Es una idea equivocada pensar que los problemas sociales, económicos y políticos se resolverían mejor en el plano nacional. No se trata de perseguir la utopía de los Estados Unidos de Europa, pero tenemos que dar pasos concretos en el ámbito político.

P. Para la banca italiana, ¿el problema es el Brexit o la calidad de los créditos?

R. El riesgo del Brexit produce volatilidad, y los mercados tienden a ir demasiado lejos. Pero en Italia el problema es el crecimiento, la capacidad de la economía para recuperar velocidad. La cuestión es si los bancos serán capaces de recuperarse de unos créditos dudosos elevados. El valor de esos créditos ya está disminuido en los balances de los bancos; además hay garantías que, en la mayor parte de los casos, serán suficientes. El problema puede llegar cuando un banco esté en dificultades y tengamos que responder de inmediato. Necesitamos instrumentos para abordar esa situación.

P. Usted es crítico con la directiva sobre resolución de bancos y con las reglas de ayuda de Estado.

R. España e Irlanda tuvieron problemas serios, que se pagaron con dinero público, incluido el nuestro. Antes, en otros países hubo dificultades relacionadas con los activos tóxicos: Alemania y Holanda se encargaron de pagarlos. Todas esas crisis se resolvieron con dinero público. Italia tenía otro tipo de problema: una prolongada recesión que ha afectado al sector industrial. Solo se inyectó dinero público en Monte dei Paschi, por una historia de actuaciones ilícitas. Hasta 2013 el sistema tenía ratios de capital por encima del límite regulatorio, con la excepción de bancos muy pequeños. Entonces cambiaron las reglas del juego. Pero Europa necesita barreras de protección públicas para cuando haya situaciones críticas para todo el sistema.

P. ¿Hay que hacer excepciones en las reglas de ayudas de Estado para los bancos sistémicos?

R. Esa excepción ya existe: el problema es quién decide cuándo se puede usar dinero público para intervenir, y en qué bancos puede hacerse. Me preocupan los grandes casos: podemos reducir el riesgo, pero las crisis financieras nunca pueden eliminarse. Deberíamos poder tomar decisiones con rapidez cuando haya grandes riesgos. En Italia, durante la crisis el PIB cayó el 10% y la producción industrial el 25%: el sistema bancario no se ha hundido, a diferencia de lo que hubiera ocurrido si no estuviese saneado. La respuesta a los efectos de una macrocrisis de este calibre debería poder ser inyectar algo de dinero en una empresa de gestión de activos dirigida y respaldada parcialmente por el Estado. Eso es una ayuda estatal. Pero está justificada.

P. Hace unos días, tras fuertes caídas en Bolsa, el Gobierno italiano dijo que la banca es sólida. Eso recuerda a España en 2012. ¿No necesita Italia una solución sistémica para los créditos dudosos?

R. A diferencia de España, el problema en Italia no era la burbuja inmobiliaria, ni la concentración en activos tóxicos, como en otros casos. En Italia la recaída en la recesión se dejó notar en las empresas, y de ahí pasó a los bancos. No fue posible una solución sistémica, pero hemos tomado un conjunto de medidas imaginativas que ha involucrado al sector privado. Se ha incentivado la creación de un mercado para los créditos dudosos. Y se ha puesto en marcha Atlante, un fondo privado con más de 4.000 millones de euros aportados por varias instituciones financieras, con apoyo público limitado. Atlante no es un banco malo público, pero tiene una función similar, ya que permite aportar recursos a los bancos que necesitan capital y tienen dificultades para financiarse en el mercado. Y permitirá contribuir a solucionar el problema de la morosidad, clave para reducir la inestabilidad.

P. ¿No cree que la banca italiana es la más vulnerable de la UE?

R. No, no creo que esa sea la lectura acertada. En Italia hay muchos bancos en buena situación. Hubo un problema puntual de cuatro bancos pequeños, que se solucionó cumpliendo la directiva de resolución. Tenemos también el de Monte dei Paschi, un banco problemático con el que llevamos tiempo tomando medidas. Los franceses tenían Crédit Lyonnais y Dexia; en Alemania también hay un par de bancos problemáticos. Siempre hay bancos problemáticos, pero se trata de problemas específicos, como Banca Popolare de Vicenza y Veneto Banca, o Carige, en Génova. Podría rebatirse que el proceso para atajar algunas cuestiones fue demasiado largo, pero al final hicimos todo lo que había que hacer y como había que hacerlo.

"La política monetaria no lo puede hacer todo"

Antes de sustituir a Draghi, Visco era economista en la OCDE, el think tank de los países ricos. Y su análisis coincide tanto con la diagnosis del presidente italiano del BCE como con la de la OCDE: "La política monetaria no lo es todo y no lo puede hacer todo". El gobernador cree que no hay riesgo de deflación por las medidas extraordinarias tomadas por el BCE: "Quienes antes se oponían a esas medidas, deberían dar las gracias a quienes las apoyaron desde el principio", dice citando al jefe del Bundesbank, Jens Weidmann. Visco asegura que la política monetaria "ha de estar complementada por la política fiscal y las reformas". Nada de eso ocurre en Europa, según el BCE: la fatiga reformista es evidente, y la política fiscal nunca ha apoyado la reactivación. Estados Unidos se recuperó mucho antes que Europa por la combinación de una política monetaria ultraexpansiva, estímulos fiscales y una rápida recapitalización bancaria. "La situación era muy distinta en EE UU: aquella era una crisis financiera que acabó siendo global, y la europea está relacionada con la recesión que siguió a la crisis financiera, con problemas concretos en los mercados inmobiliarios de Irlanda o España, una crisis de competitividad y crecimiento en Italia y un lío fruto de jugar con las cifras de déficit y deuda en otros casos, que acabó teniendo repercusión sobre la deuda soberana". Visco deja un rejón final para las reglas fiscales europeas: "Las normas son mucho más complejas que la caricaturización que apunta a que obligan a los países a ser extremadamente procíclicos; a recortar pase lo que pase".

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