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Abengoa: el imperio del sol se desmorona

La firma plantea a la banca reducir un 40% los gastos y recortar la plantilla

Vista aérea de la planta solar de Abengoa en Sanlúcar la Mayor (Sevilla) .
Vista aérea de la planta solar de Abengoa en Sanlúcar la Mayor (Sevilla) .

Felipe Benjumea, uno de los dos vástagos varones de una familia adinerada sevillana de 13 hermanos, tuvo el sueño de convertir Abengoa, la empresa que fundó su padre en 1941, en un imperio de la energía renovable. Diseñó una estrategia ambiciosa, se embarcó en una aventura infinita que le llevó a casi 80 países y llegó a la gloria cuando Barack Obama alabó a la firma en su discurso anual. Al tiempo, montó un templo solar en la localidad de Sanlúcar la Mayor (Sevilla) y una sede al último grito tecnológico en el barrio sevillano de Palmas Altas.

Pero el imperio, una referencia mundial, se desmoronó de la noche a la mañana. El grupo había crecido demasiado y demasiado deprisa sin que Benjumea lo viera (o lo quisiera ver) y no fuera capaz de virar, pese a que algunos miembros de su consejo de administración le advirtieron del excesivo apalancamiento. Ello unido a los cambios regulatorios del Gobierno del PP mellaron la fortaleza del grupo, que denunció al Ejecutivo ante la corte de arbitraje, no haciendo precisamente amigos.

La reacción fue tardía y la compañía se precipitó al preconcurso de acreedores, una medida que es la antesala de la suspensión de pagos, pero con la que se trata precisamente de salvar la debacle, que puede desembocar en la liquidación. Eso supone negociar, durante un periodo máximo de cuatro meses, con la banca acreedora la reestructuración de la deuda financiera, que asciende a 8.904 millones (una gran parte corresponde a financiación de proyectos en los que participa). El pasivo total se acerca a 25.000, una vez descontados los recursos propios.

Precisamente, el viernes se celebró la primera reunión entre la empresa y el comité negociador elegido por las más de 200 entidades financieras implicadas. Con presencia de sus asesores (Lazard y Cortés Abogados, por el lado de la empresa, y KPMG y Uría y Menéndez, por el de la banca), el actual presidente, José Domínguez Abascal, presentó las líneas directrices del plan de salvación. Este pasa por unas exigencias de liquidez de entre 400 y 450 millones para hacer frente a pagos y a las nóminas. Asimismo, necesita el aval para no perder algunas adjudicaciones y continuar en concursos en los que está en la fase final.

Además, contempla un drástico recorte de gastos entre el 38% y el 40%. Este tijeretazo conlleva una reducción de plantilla que oscila entre 3.000 y 4.000 personas y que afectará principalmente a las plantas de Brasil, donde da trabajo a 5.400. Es decir, en torno a la quinta parte del total (26.818). En España tiene 7.328 empleados, especialmente en Andalucía.

El plan centrará el negocio en la ingeniería y la construcción, basada en el medio ambiente y la energía, la tecnología y el mantenimiento de instalaciones, mientras que la actividad de bioetanol y biomasa dejará de ser estratégica. La política de la empresa será la de analizar todos los proyectos uno a uno y abandonar aquellos que exijan muchos recursos que puedan desangrar al grupo. Es decir, abordar un necesario plan de desinversión para reducir la presencia internacional del grupo.

A bote pronto, los bancos han mostrado su intención de apoyar. No obstante, esperarán a que KPMG revise las cuentas y certifique los datos exactos. A la posición de los bancos hay que sumar la de los bonistas y proveedores, a los que debe 4.500 millones. Mientras, los minoritarios (en torno a 50.000, según la asociación Aemec) se organizan para reclamar por sus inversiones. La empresa, que llegó a valer casi 4.000 millones en septiembre de 2014, vale ahora algo más de 400.

Antes de llegar a esa situación, la banca trató de arreglarla con la dimisión de Benjumea de la presidencia en la que llevaba 24 años y la entrada de Gestamp mediante una ampliación de capital, que reduciría la presencia de las familias fundadoras del 57% al 40%. El intento fracasó al no aceptar la inyección de liquidez que pedía el grupo de la familia Riberas. Pero Benjumea se llevó 11,5 millones de indemnización, que sumados a los 4,5 que había cobrado en junio el ex consejero delegado Manuel Sánchez Ortega ha levantado una enorme polvareda, alentada por el ministro de Economía, Luis de Guindos, que condicionó la ayuda del ICO a que se aclarara la incidencia de esas indemnizaciones en el futuro de la sociedad.

El vía crucis de Abengoa comenzó cuando en noviembre de 2014 la acción retrocedió un 75% en dos días. Como consecuencia, planteó una reestructuración de la deuda, reducir su participación en la filial estrella, Abengoa Yield, cotizada en el Nasdaq, y realizar desinversiones (se había deshecho de Telvent y Befesa). Posteriormente, se decidió un plan de recapitalización, que sin embargo no logró que las agencias de calificación redujeran el rating. El verano recrudeció la situación con nuevos castigos en Bolsa hasta que en septiembre la banca dijo basta. Comenzaba el fin de una estirpe empresarial que comenzó hace más de siete décadas para fabricar contadores monofásicos.

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