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Bancos líderes tras el fin de las cajas

El sector ha pasado de ser netamente local a ocupar los primeros puestos del 'ranking' europeo, tras un fuerte proceso de concentración provocado por las últimas tres crisis

Una de las reuniones de los siete grandes, con Alejandro Albert (Hispano Americano), Alfonso Escámez (Central), Ángel Galíndez (Vizcaya), José Mª Aguirre Gonzalo (Banesto), Luis Valls (Popular), Emilio Botín (Santander), Rafael Termes (AEB) y José Ángel Asiaín (Bilbao).
Una de las reuniones de los siete grandes, con Alejandro Albert (Hispano Americano), Alfonso Escámez (Central), Ángel Galíndez (Vizcaya), José Mª Aguirre Gonzalo (Banesto), Luis Valls (Popular), Emilio Botín (Santander), Rafael Termes (AEB) y José Ángel Asiaín (Bilbao).

Desde la muerte de Franco todo ha cambiado para el sector financiero: ha desaparecido la banca pública, casi se han extinguido las cajas de ahorros, la banca extranjera llegó y casi ha desaparecido y el todopoderoso Banco de España se ha convertido en un empleado de lujo del moderno Banco Central Europeo. Esta mutación se ha reflejado en el mercado y, de las quince mayores entidades de principios de los años ochenta, hoy solo quedan cuatro: el Santander, el BBVA, el Popular y la Banca March; las once restantes, o se han empequeñecido hasta convertirse en boutiques financieras (como BNP y Citi) o han sido absorbidas en los dos grandes huracanes de las fusiones, como les ocurrió al Banco Central, el Hispano, Banesto, Vizcaya, Exterior, Barclays, Zaragozano, Árabe Español y Banco Herrero. La concentración ha sido profunda y ha permitido su internacionalización: El sector dejó de estar compuesto por un puñado de entidades nacionales (y multitud de pequeñas) para contar con dos de los bancos más grandes de Europa, con dominio en América Latina y presencia en Estados Unidos.

El negocio bancario se ha multiplicado por 73 desde 1975, es decir, 2,5 veces más que la economía

Los banqueros españoles vieron la caída de la dictadura como una oportunidad de crecimiento, conscientes de que el régimen estaba agotado y de que sin un sistema democrático no podrían entrar en la Unión Europea, la verdadera panacea económica. Pese a anteriores lealtades al franquismo, no se opusieron a la instauración del sistema de partidos, a los que financiaron pronto para sus campañas políticas. Según recuerdan veteranos ejecutivos del sector, solo un pequeño grupo de banqueros de entidades medianas, y Luis Coronel de Palma, gobernador del Banco de España, mostraron públicamente la adhesión a la dictadura de Franco tras su muerte. “Probablemente no les guio su fervor democrático, sino la búsqueda de un régimen estable que proporcionara prosperidad económica. Eran listos. Sabían que no se tenían que significar públicamente y no lo hicieron, más allá de algunas excepciones de escasa relevancia”, dicen esos veteranos.

Los últimos cuarenta años, además de estar marcados por las diferentes crisis vividas, han supuesto un crecimiento sin precedentes gracias, en parte, a la expansión internacional. Los activos bancarios se han multiplicado por 73,4 veces, mientras que la riqueza de España, medida por el tamaño del PIB, lo ha hecho en 28,82 veces. Es decir, los balances bancarios han crecido 2,5 veces más que la economía. Si se analiza el peso sobre el PIB del crédito al sector privado residente otorgado por las entidades, ha pasado del 63% al 133% entre 1975 y mediados de 2015. ¿Y la rentabilidad? En 1975, la rentabilidad sobre recursos propios (ROE), era muy dispar entre cajas y bancos: las primeras tenían un ratio mítico del 23% frente al 12% de sus competidores. En 1992 ambos grupos estaban en el 12%, pero la crisis inmobiliaria posterior bajó la rentabilidad bancaria al 0%, hasta que llegaron los años duros para las cajas, con el pinchazo del ladrillo en 2008, y la rentabilidad bajó a mínimos, los niveles en los que siguen ahora, mientras los bancos se van recuperando.

Isidro Fainé, presidente de CaixaBank. ampliar foto
Isidro Fainé, presidente de CaixaBank.

Cuando murió el dictador, en España había 7.569 oficinas, según los datos del Consejo Superior Bancario. Hoy, después de haber cerrado 16.000 sucursales por la crisis financiera, todavía quedan abiertas 31.412, es decir, 4,15 veces más que en 1975. “La presencia física de los bancos en el territorio ha contribuido al proceso de integración e inserción financiera de empresas y familias, hasta el punto de que la bancarización es casi completa”, señala Jesús Saurina, director del departamento de Estabilidad Financiera del Banco de España, en su artículo Integración, competencia y estabilidad del sistema financiero. “En 1974 se autorizó la apertura de oficinas a los bancos por todo el territorio, lo que les permitió duplicar su red en apenas dos años”. Las cajas no podían hacerlo, ante lo que la Caja de Pensiones de Cataluña -líder del sector desde 1940- creó en 1984 una red de bancos bajo la marca Grup Caixa, que se expandió por Madrid y otras comunidades. Tras duros enfrentamientos con el resto de cajas en la CECA, que se sintieron traicionadas, y con las autoridades; la entidad catalana, “paralizó esta estrategia de abrir estas tiendas de dinero”, como recoge Francisco Comín en Historia de la cooperación entre las cajas (Alianza Editorial). Poco después, a finales de 1988, se acabó con la imposibilidad de que las cajas abrieran sucursales fuera de su territorio de origen.

La primera década del posfranquismo, sobre todo desde la llegada de los socialistas en 1982 hasta 1986, año de ingreso de España en la entonces Comunidad Económica Europea, la banca se modernizó y eliminó algunas de las rémoras proteccionistas del pasado. La crisis de 1977 a 1986 sirvió para sanear el sistema financiero y para la formación de grupos bancarios relevantes, como Banesto, el Central, el Hispano y el Bilbao, según dice Pablo Martín Aceña en el artículo La conformación histórica de la industria bancaria española.

Con la ley de 1985 los políticos entraron en los órganos rectores de las cajas de ahorros

En agosto de 1985, el Gobierno redactó la Ley de Órganos Rectores de las Cajas de Ahorros (Lorca), con la que se dio entrada a representantes de los partidos políticos presentes en ayuntamientos, comunidades autónomas, sindicatos y a entidades fundadoras en los órganos de control de las cajas. La intención del legislador fue democratizar sus consejos y que el control de unos sobre otros ayudara a la buena marcha de las entidades. Sin embargo, 30 años después, tras la casi total desaparición de las cajas, se han comprobado las debilidades del sistema que propició, en la buena parte de las cajas, el desgobierno, la injerencia política, la mala gestión y la corrupción. El resultado ha sido la quiebra de un gran número de entidades tras el estallido de la burbuja financiera. Hoy solo quedan ocho bancos de cajas y dos cajas puras: Ontinyent y Pollença.

Ahora, la actividad financiera –seguros, Bolsa y gestión de activos- en España está dominada por los bancos. Pero esta situación no es nueva; procede precisamente de la dictadura. La legislación financiera del franquismo “discriminó claramente a los intermediarios financieros no bancarios, lo que confería a la banca un poder de mercado incluso superior al que estas instituciones tenían en países con más concentración bancaria”, según publicó María Ángeles Pons, de la Universidad de Valencia, en el libro Un siglo de historia del sistema financiero español (Alianza Editorial).

El repaso de cuatro décadas de banca es la historia de sus fusiones. A mediados de los setenta había unas 400 entidades, de las que 88 eran cajas de ahorros; hoy, en los listados oficiales figuran 133 bancos y cooperativas aunque el subgobernador, Fernando Restoy, considera que son 60 los que tienen cierto peso en el sector. Solo 14 tienen activos suficientes que justifiquen ser supervisados por el BCE. Es decir, el sector casi se limita a una veintena de entidades relevantes, con fuerte dominio de media docena: Santander, BBVA, CaixaBank, Bankia, Banco Sabadell y Popular.

Ana Botín, junto a su padre, Emilio, a quien sustituyó en la presidencia del Santander tras su fallecimiento. ampliar foto
Ana Botín, junto a su padre, Emilio, a quien sustituyó en la presidencia del Santander tras su fallecimiento.

La lucha de poder también empujó la concentración. Se impusieron los gestores más audaces o los más arriesgados. Emilio Botín, recientemente fallecido, ha sido uno de los grandes revulsivos del sector: su primer paso (y uno de los más sonados) fue romper el 1989 el statu quo en el que se asentaban el sector con las supercuentas al 11% cuando el resto pagaba el 1%. Desató una guerra de pasivo que se llevó por delante las famosas comidas de concordia de los siete grandes, unas citas que reunían al 62,5% del mercado sin que saltara ninguna alarma por la vulneración de libre competencia. Botín buscó el crecimiento como respuesta a la fusión del BBV (1988) y se anticipó a la Caja de Pensiones y Caja de Barcelona, que formaron La Caixa en 1990. El Banco Central y el Hispano se unieron en 1991, mientras que la quiebra de Banesto, que quedó en manos de Botín, se produjo en diciembre 1993.

La supuesta época dorada del euro para la banca trajo abundancia de liquidez, endeudamiento irracional y bajos tipos de interés, que provocaron un descontrol en la gestión del riesgo, las luchas por el tamaño y los réditos bursátiles. Al tiempo, el supervisor bajó la guardia y actuó complaciente con las entidades, bajo la inercia de un largo periodo de bonanza que parecía no tener fin, pero se acabó en 2007. Según Restoy, “las provisiones acumuladas por el sector bancario español desde 2007 a 2012 ascenderán a más de 200.000 millones de euros (en torno al 20% del PIB), al terminar los requerimientos exigidos”. Hasta mayo de 2015, según el supervisor, las ayudas comprometidas en diversas formas de capital ascienden a 61.495 millones, de las que 53.553 millones han sido aportados por el Estado y 7.942 millones por la banca a través del Fondo de Garantía de Depósitos. Hasta esa fecha, se han recuperado 2.666 millones. Una factura muy cara.

Los economistas Reinhart y Rogoff sostienen, en Esta vez es distinto. Ocho siglos de necedad financiera (Editorial Fondo de Cultura Económica de España), que la memoria de los prestamistas y prestatarios es corta y tienden a olvidarse los errores cuando regresa la normalidad. “Se pueden aprender de ellos, pero eso no significa que seamos capaces de tomar medidas para evitar nuevas crisis”.

Fusiones de altura

La búsqueda de la rentabilidad y el ahorro de costes, cuando los márgenes estaban por los suelos, desató una lucha sin cuartel por el tamaño. BBV se formó en 1988 buscando ser más grande para expandirse dentro y fuera de España. Antes hubo intentos fallidos de José Ángel Sánchez Asiaín, presidente del Bilbao, por quedarse con Banesto y con el Hispano. Al final, unió su destino al de Pedro Toledo, presidente del Vizcaya, que falleció en 1989.

El movimiento del banco vasco y las supercuentas del Santander asfixiaron a sus competidores, algunos de los cuales no tenían capacidad para sobrevivir en solitario. El Central y el Hispano se quedaron sin margen financiero, con la necesidad de provisionar la creciente morosidad y exceso de oficinas. Su única salida fue la fusión apresurada, que solo fue un parche temporal para los problemas del balance, en 1991, dirigida por el Banco de España. El Estado también movió ficha y agrupó toda la banca pública bajo el paraguas de Argentaria ese mismo año. Banesto, bajo la batuta de Mario Conde, fue intervenido en 1993. Botín apostó fuerte y pagó el precio más alto en la subasta, aunque olvidó firmar el papel donde figuraba la oferta definitiva, pero se aceptó.

La siguiente oleada de fusiones llegó con el establecimiento de la moneda única. Botín se hizo con el Central Hispano en 1999, “la primera unión de la zona euro”. “Esta operación, que se hizo sin ayudas, convirtió al Santander en un líder del sector hasta nuestros días”, apunta Aristóbulo De Juan, consultor y ex director general del Banco de España. El BBV de Emilio Ybarra trató de acortar distancias con el Santander y, ocho meses después, se unió a Argentaria, entonces presidida por Francisco González. Se formó el BBVA, que fue la primera entidad por capitalización bursátil aunque hoy vale un 48% menos que el Santander. Poco después llegó la denuncia de González de que los consejeros del BBV cobraban fondos de pensiones procedentes de Jersey, lo que acabó con la salida de Ybarra, Uriarte y todos sus consejeros en 2001.