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El FMI alerta de que el petróleo barato dañará a los países productores

Algunos de los mayores exportadores de crudo ya han retirado subsidios al combustible

Los conflictos que afectan a Oriente Próximo y la persistencia de los bajos precios del petróleo están frenando el crecimiento de la región, según el último informe sobre Perspectivas Económicas para Oriente Próximo y Asia Central presentado este miércoles por el Fondo Monetario Internacional (FMI) en Dubái. Los efectos de esa ralentización también han alcanzado a los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), las seis petromonarquías que constituyen el motor económico regional. La noticia llega un día después de que la agencia de calificación Moody’s advirtiera de la necesidad de reformas fiscales en esos países.

“Alcanzar la sostenibilidad fiscal a medio plazo va a ser un reto considerable dada la necesidad de crear empleos para los por lo menos 10 millones de personas que se espera busquen trabajo para 2020 en los países exportadores de petróleo de la región”, ha declarado Masood Ahmed, director del departamento de Oriente Próximo y Asia Central del FMI.

Ese organismo calcula que la zona crecerá a un modesto 2,5% este año, aunque estima que la actividad económica podría llegar hasta el 4% el año próximo, si se reducen los conflictos y se levantan las sanciones a Irán.

De momento, sin embargo, no hay perspectivas de que la guerra en Siria (cuyo PIB ha caído entre un 45% y un 60% desde 2011), ni el desafío del ISIS en Irak o la intervención saudí en Yemen (que ha perdido un 30% de su PIB en el último año) estén llegando a su fin. Además del enorme coste humano para los habitantes de esos países, la violencia y el desplazamiento de población sin precedentes desde hace un cuarto de siglo están afectando a sus vecinos. Ahmed ha mencionado que el deterioro de la seguridad ya ha hecho mella en el comercio, el turismo y la confianza de los inversores, antes de pedir un “esfuerzo concertado” de la comunidad internacional para ayudar a los refugiados y a los países que los acogen.

La situación se agrava también por el hecho de que coincide con un periodo de precios bajos del petróleo y que la mayoría de los expertos opina que van a mantenerse así en el futuro inmediato.

“Para los exportadores, la caída de los precios ha supuesto grandes pérdidas en los ingresos que se elevan a la sorprendente cifra de 360.000 millones de dólares solo este año”, ha señalado el responsable del FMI.

Muchos de estos países han recurrido a sus colchones fiscales para consolidar sus presupuestos. Aun así, el organismo internacional aún espera que los déficits fiscales de los exportadores de petróleo ronden una media del 13% del PIB ese año y sugiere que tendrán que hacer esfuerzos para controlar el gasto, reformar los precios de la energía y ampliar las fuentes de ingresos no relacionadas con el petróleo.

En el caso de los miembros del CCG (Arabia Saudí, Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Omán), para los que el petróleo supone el 90% de todos sus ingresos, Moody’s sugirió el martes la necesidad de reformas fiscales. Según esa agencia de calificación de riesgos, el precio del barril de crudo para 2016 rondará los 53 dólares, dos menos que la media de este año (frente a los 65 que se habían estimado) y antes de que vuelva a alcanzar los 60 en 2017.

Algunos de estos países ya han empezado a tomar medidas. Emiratos desreguló el pasado verano el precio de las gasolinas y sopesa introducir algún tipo de IVA. Kuwait, por su parte, ha retirado las subvenciones al diésel y al queroseno. Según el FMI, el coste directo de esos subsidios a la energía en el CCG sumó 60.000 millones de dólares en 2014. Esa cifra se convierte insostenible cuando del superávit de en torno al 9% que esas economías mostraban hasta entonces se pasa al actual déficit del 10%.

De hecho, Arabia Saudí y Qatar han emitido obligaciones y es posible que sus vecinos les sigan. Además, un menor crecimiento en las petromonarquías se traduce en un descenso de las remesas de los emigrantes que allí trabajan (unas 16 millones de personas, en su mayoría procedentes del subcontinente asiático), un aumento del coste de la financiación y una reducción de la liquidez, cuyos efectos desbordan la península Arábiga.

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