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La educación financiera, antídoto contra la crisis de 2008

La CNMV reclama a la banca que evite la oferta de productos complejos entre sus clientes

Uno de cada seis jóvenes españoles tiene problemas para manejarse con una tarjeta de crédito o reconocer para qué sirve una factura. Además, el 84% de los centros españoles no imparten formación en educación financiera, frente al 48% de media de los países de la OCDE, según recoge del informe PISA.

Con este punto de partida, las principales instituciones implicadas —el Banco de España, la CNMV y el Ministerio de Economía— junto a las patronales bancarias —AEB, CECA y Unacc, de las cooperativas— asumieron en 2008 el compromiso de implantar programas de educación financiera en los centros de enseñanza. La intención era no repetir los errores de ese mismo año, cuando se vendieron productos “mal configurados que no se adecuaban al perfil del riesgo de los clientes”, como admitió el secretario de Estado de Economía, Íñigo Fernández de Mesa.

Este acuerdo de hace siete años se plasmó en un convenio de colaboración y en un Plan de Educación Financiera para el quinquenio, que se renovó en junio de 2013 con un plan de actividades para 2013-2017.

Ayer, en el Banco de España, se reconoció la labor de sendos institutos de Ribadeo (Lugo) y Barbastro (Huesca) y se insistió en la necesidad de que los clientes de las instituciones financieras tengan formación para tomar las decisiones precisas.

La vicepresidenta de la CNMV, Lourdes Centeno, advirtió de que la educación financiera no debe servir para incentivar la oferta de productos complejos en los mercados ni ha de ser la excusa para cargar más responsabilidad sobre los inversores. Centeno insistió en que las instituciones deben asumir un papel educador, pero que ello no sustituye la regulación ni la supervisión de los organismos responsables.