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Berlín bloquea dar pasos adicionales en la unión bancaria europea

El Gobierno de Merkel reclama un mecanismo para reestructurar la deuda pública

Luis de Guindos (en el centro), este viernes en Luxemburgo.
Luis de Guindos (en el centro), este viernes en Luxemburgo. EFE

Mutualización sigue siendo una palabra proscrita en Alemania. Berlín se presentó ayer en la reunión de ministros de Economía de la UE con un documento en el que se opone a activar un esquema europeo de garantía de depósitos bancarios: Alemania prefiere la fórmula de que cada palo aguante su vela, al menos hasta que se cumplan una serie de condiciones previas. Alguna levantará ampollas: Berlín insiste en activar un procedimiento para reestructurar la deuda soberana, que elevaría inmediatamente los tipos de interés de los bonos en la periferia.

Alemania siempre ha rechazado que sus ahorradores y contribuyentes carguen con el peso de los errores cometidos en los bancos de otros países. Con ese movimiento, Berlín se enfrenta abiertamente a Bruselas: la Comisión Europea tiene previsto presentar una propuesta al respecto en breve. Pero, sobre todo, el Gobierno de Angela Merkel torpedea así los planes para aquilatar la actual unión bancaria, que está a medio construir.

El proyecto no es lo suficientemente sólido: todavía no hay un cortafuegos común bien financiado por si hay que cerrar bancos; la promesa de recapitalización directa de los bancos en caso de necesidad (por parte del mecanismo de rescate europeo) es sumamente remota, y no hay un fondo de garantía de depósitos europeo: sin eso, la unión bancaria no es lo suficientemente creíble.

Berlín impone sus condiciones para dar los próximos pasos. Son numerosas. Y algunas muy difíciles de aceptar. Antes de dar luz verde a fórmulas ambiciosas, Alemania quiere que los dos pilares ya acordados funcionen a pleno rendimiento: pretende que todos los países aprueben de una vez la directiva que exige quitas a los accionistas, poseedores de deuda e incluso a los depositantes no cubiertos (por encima de los 100.000 euros) en caso de que un banco necesite ayudas públicas. Y reclama que el supervisor bancario se independice del BCE, algo que supondría un cambio de tratados que el Eurobanco —y muchos de los socios— prefiere evitar.

Condiciones más duras

Vuelve la versión más dura de Alemania: Berlín asegura que solo estará a favor de un esquema europeo de garantía de depósitos si antes se rompe del todo el vínculo entre la deuda soberana y las entidades financieras. Para ello, propone soluciones radicales. Uno: limitar la deuda soberana en manos de los bancos. Y dos: introducir un régimen de reestructuración de la deuda soberana. Eso es lo más problemático, porque según los expertos podría suponer una subida de los tipos de interés de los bonos en los países débiles.

Berlín quiere introducir cláusulas “de acción colectiva”, que permitan quitas en caso de problemas; la “prolongación automática”, según el documento, de los plazos de devolución de la deuda cuando haya asistencia por parte del Mede; y un análisis de sostenibilidad del FMI.

Alemania, en fin, dejará una unión bancaria diezmada —al menos por un tiempo— si eso ocurre. Ya lo hizo en 2012: torpedeó la recapitalización bancaria directa e impuso una mutualización limitada al fondo de resolución, que se repetirá muy probablemente ahora con el fondo de garantía de depósitos. La obsesión alemana sigue siendo evitar dentro de lo posible la mutualización de riesgos.

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