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Columna
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Bancos centrales

Las autoridades monetarias han devenido en una especie de ministros de la verdad económica

Joaquín Estefanía

Entre las herramientas que se utilizan masivamente para salir de la larguísima crisis económica desempeña un papel determinante la política monetaria que aplican los bancos centrales. Las dificultades que ha sufrido el mundo desde 2007 muestran que aquello que se llama libre mercado no existe. Tanto la escala como la velocidad de las intervenciones han sido una continua lección práctica del poder de los banqueros centrales para modelar las reglas del juego económico. Las formas de intervención han sido notablemente diferentes de las de crisis anteriores.

Hoy queda muy poco de aquello que teorizaba Ben Bernanke (presidente de la Reserva Federal de EE UU desde 2005), cuando era un académico: la Gran Moderación en la macroeconomía. Se había alcanzado un conocimiento tan preciso de la economía, combinado con una sutil claridad del análisis, que las fluctuaciones habían sido dominadas: “Mi opinión”, dijo Bernanke, “es que las mejoras de la política monetaria, aunque desde luego no han sido un factor exclusivo, probablemente han sido una fuente importante en la Gran Moderación”.

La semana pasada los bancos centrales de las dos grandes zonas, Estados Unidos y Europa, han tenido intervenciones de cariz diferente. Mientras la Reserva Federal (Fed) ha reducido por penúltima vez (desde septiembre de 2012) su programa de compras de deuda pública e hipotecaria, el BCE ha activado las subastas de liquidez a largo plazo para los bancos (en total, 400.000 millones de euros), con una novedad respecto a las anteriores: este dinero ha de utilizarse para conceder créditos a la economía real, y no puede servir —como en el pasado y so pena de penalización— para comprar deuda pública a un precio muy bajo y revenderla a tipos altos, sin apenas riesgo.

Es significativo recordar que la Fed retira sus estímulos (parte de ellos, pues los tipos de interés seguirán seis o nueve meses más en el 0%) cuando prevé que el paro será del 6% al final de este año, de un 5,5% en 2015 y de menos del 5% en 2017. Su presidenta, Janet Yellen, dijo que “hay demasiada gente buscando trabajo y que no lo encuentra. Demasiada trabajando a tiempo parcial, y demasiada que no busca empleo pero que lo haría si el mercado laboral fuera más robusto”.

Los ciclos económicos en EE UU y en la zona euro están en distinto momento. Otros bancos centrales también actúan. En China, ha inyectado el equivalente a 63.000 millones de euros en las cinco principales entidades financieras con el objetivo de reanimar la economía nacional. China debe crecer por encima del 7% anual si quiere mantener el empleo. Y el Banco Central de Japón es una de las piezas centrales de la abeconomía, el experimento del primer ministro, Shinzo Abe, para reactivar una economía enferma desde hace mucho.

Los bancos centrales parecen haber devenido en una especie de ministerios de la verdad económica.

 

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