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OPINIÓN

Otro rescate bancario

Gracias a los créditos fiscales, vamos a financiar un segundo rescate bancario. En silencio. La operación equivale a la oficialización de un aval por más de 40.000 millones. ¿Cuánto acabará costando al contribuyente? ¿Será gratis total para la banca? ¿Acaso esta aportará contrapartidas?

Reitera el Gobierno que este segundo rescate, constituido por avales o garantías —vía activación de los créditos fiscales—, en vez de dinero líquido, es un mero apunte “contable”. Y que por tanto no nos costará nada. De momento. Y a largo plazo, tampoco: salvo desastre, pérdidas o insolvencia en alguna entidad de las beneficiadas.

Se nos dijo que el primer rescate, aquel al que la eurozona aportó 42.000 millones, no nos costaría nada. Y llevamos un susto: ya se dan oficialmente por perdidos cerca de 40.000 millones de euros y eso que el rescate nos salía gratis. La mayor parte de la factura recaerán en el bolsilllo de los contribuyentes. Es lógico que se inquieten. ¿Volverá a pasar?

El primer rescate llevó 32 contrapartidas, este va en sordina y sin condiciones

De entrada, el primer rescate es superior a los 42.000 millones europeos (concedidos como préstamo a muy buenas condiciones, pero que tenemos que devolver). La inyección de capital a las cajas/bancos en crisis se cifró en 61.366 millones, según nota del Banco de España de 2 de septiembre de 2013. Pero el total de ayudas fue mayor: ascendió a 107.913 millones, según reciente informe del Tribunal de Cuentas al Congreso. Estos 100.000 millones largos incluyen no solo transferencias, sino también avales (como los esquemas de protección de activos) y líneas de crédito. Del total, dos tercios largos es dinero público y un tercio proviene del Fondo de Garantía de Depósitos. O sea, de los bancos, o mejor, de sus clientes, porque las entidades les repercuten sus costes. No todo se perderá, pero sí mucho, depende de si, cuánto, cómo y cuándo se sanean las entidades rescatadas: pero pecharán los contribuyentes.

La parte europea del primer rescate conllevó un rigor fuerte, propio de administraciones serias: la UE impuso (santamente) en el Memorándum de Entendimiento del 10 de julio de 2012 hasta 32 condiciones a España: al Gobierno y a las cajas rescatadas. Y a la banca sana no rescatada (la 11: planes de recapitalización; la 25, planes contra el deterioro de activos...)

De momento este segundo rescate va de guays, sin condiciones, ni siquiera se reconoce que es un paquete reflotador, sino un apunte contable, vaya con el nominalismo.

En reiteradas ocasiones, alguien tan poco sospechoso como el FMI ha exigido que se acompañe de exigencias (EL PAIS, 15 de julio de 2013). Sobre todo, que este regalo lo compensen las entidades con una más generosa concesión de créditos, para reanimar la economía. “Las autoridades deben garantizar que esta medida se acompañe de medidas adicionales para fortalecer sus balances y su capacidad de prestar y que sus implicaciones presupuestarias sean mínimas” (Informe 14/549 del FMI, febrero 2014). Por esta vez, nada que añadir.