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El rey italiano de la venta ‘on line’

Federico Marchetti convierte a Yoox en el valor estrella de la Bolsa de Milán

Federico Marchetti, presidente y fundador de Yoox Group
Federico Marchetti, presidente y fundador de Yoox Group

Bolonia, plácida ciudad del norte de Italia, famosa por la Universidad, su fe izquierdista y la buena comida, no se parece en nada a Silicon Valley. Sin embargo, su periferia industrial y laboriosa acunó un sueño hecho realidad que se parece mucho a algunas fábulas californianas. En esta zona, una empresa de comercio on line ha dado el salto desde un pequeño garaje hasta ser un caso de éxito en la Piazza Affari, sede de la Bolsa de Milán. Fundada en 2000 por Federico Marchetti, Yoox Group es hoy líder en la venta de prendas y accesorios de las principales marcas de moda y diseño. Además, está detrás de las tiendas en la Red de numerosas firmas como Armani, Dolce & Gabbana o Moncler, entre otras.

Yoox se estrenó en el parqué hace solo cuatro años, y el pasado 23 de diciembre entró en el índice FTSE Mib. Los inversores confían en la compañía, y sus acciones fueron las mejores del principal índice bursátil italiano gracias a que en 12 meses la cotización multiplicó casi por tres su valor. Cuando en 2009 Yoox salió a Bolsa sus títulos costaban 4,3 euros; hoy se intercambian a 34 euros. “Es la historia de un milagro italiano”, considera Dario Divico, analista económico del diario milanés Il Corriere della Sera. Curiosamente, el día en el que Yoox ingresó en el FTSE Mib salía de este indicador un grupo histórico del tejido empresarial italiano como Parmalat.

Marchetti (Rávena, 1969) rememora el nacimiento un tanto azaroso de la compañía: “Llegué hasta aquí por una serie de equivocaciones afortunadas. Los fundamentales se dieron casi por casualidad y solo después se revelaron acertados”. Este empresario, de niño quería ser psiquiatra, y el año en el que tuvo que elegir la facultad, la Universidad de Bolonia cerró el número para acceder a Medicina. “Significaba estudiar todo el verano para prepararse las pruebas. Yo, en verano, pretendía no mover ni un dedo. Ni me puse”. La renuncia a su sueño le llevó a acompañar a Milán a su amigo Paolo para el examen de acceso a la prestigiosa Facultad de Económicas de la Bocconi. Por simple divertimento se sentó y rellenó el cuestionario: aprobó. Tras licenciarse, pasó una época en EE UU, donde llegó a trabajar en Lehman Brothers. “En aquella época decidí que quería montar una empresa”. Cursó un MBA Columbia y plasmó su idea: “Conjugar mi pasión por la estética, la moda y el diseño con una cierta sensibilidad por el servicio al cliente”. Era el año 1999 e Internet empezaba a despegar. Marchetti volvió a Italia y buscó apoyo financiero en el capital riesgo. Buscó un hangar y la empresa echó a volar. Era junio de 2000. “Hice todo en nueve meses. Como con un hijo. Cogí corriendo el tren de Internet, y, si lo pienso ahora, lo veo como si conseguimos entrar por la puerta mientras se estaba cerrando”.

El hangar donde Marchetti montó el primer núcleo del Yoox ahora se ha convertido en siete oficinas en diferentes países. En Italia, la compañía tiene dos sedes: una en la capital económica del país, Milán, donde se cuidan las relaciones comerciales y “lo que está entre bastidores”, sintetiza Marchetti. La otra, más operativa, con un almacén y donde están los programadores, se ubica a pocos kilómetros de aquel primer garaje, en Zola Predosa, una localidad de 20.000 habitantes, surgida alrededor de industrias mecánicas y alimenticias.

Cada 12 segundos recibe una petición; envía dos millones de paquetes al año

Yoox emplea a 750 personas. De ellos, la mitad tienen menos de 30 años. “El 57% de los trabajadores son mujeres, y cubren puestos clave. Contamos con más de 30 nacionalidades distintas: rusos, chinos, turcos, americanos, españoles, peruanos, brasileños, italianos... una mezcla estimulante y heterogénea; intentamos respetar cualquier religión y orientación sexual. Los empleados detienen títulos de la sociedad y esto los motiva, somos un equipo en que valen los resultados, el mérito”, asegura el presidente.

En las palabras de su fundador, Yoox parece una criatura rara en un país donde solo el 25% de los directivos son mujeres, donde quien ocupa puestos prestigiosos tiene de media 59 años y donde la opinión arraigada entre los jóvenes es que solo quien goza de algún enchufe puede triunfar. El gigante de Internet, sin embargo, ejemplifica que otra Italia es posible. Presenta cada año un presupuesto sostenible. Obtuvo la puntuación más alta en el CDP Italy 100 Climate Change Report 2013, un prestigioso ranking de empresas preocupadas por reducir su huella de contaminación. Cuando llegan a casa unos zapatos o una camiseta comprados en yoox.com, la caja no tiene embalaje de plástico, sino solo de cartón reciclabe. No es un detalle, ya que en los nueve primeros meses de 2013 Yoox procesa una petición cada 12 segundos y envía anualmente más de dos millones de paquetes desde las cinco bases de operaciones. Desde China, Japón, EE UU, Hong Kong y Zola Predosa salen vestidos y accesorios para 100 países, el 15% de las ventas se realizan en Italia; el 48%, en el resto de Europa, y el 23%, en Norteamérica. “Creo que más que la consagración de la nueva economía contra la vieja, los buenos resultados de Yoox marcan el triunfo de la economía ética”, argumenta Marchetti. En 2010 la compañía facturó 214 millones, y la previsión para el cierre del ejercicio 2013 sitúa las ventas en 464 millones, según datos del consenso de mercado recopilados por Bloomberg.

Es líder en la venta de prendas de las principales marcas de moda y diseño

¿Cuál es la clave del éxito de Yoox? “Nunca perdimos nuestra actitud de ir paso a paso, sin saltarnos etapas, sin olvidar al cliente y a los trabajadores. Siempre estamos preocupados por que el servicio funcione. Este podría ser nuestro truco: seguir con los pies bien anclados en la tierra mientras la cabeza navega en el mundo digital”. Pero este emprendedor no se conforma con lo logrado hasta ahora: “En una escala de cero a diez, me siento apenas en el segundo peldaño. Estamos al principio de un largo maratón”.