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OPINIÓN

Los caprichos de Cristóbal

Montoro, en la sesión de control del 11 de diciembre. Ampliar foto
Montoro, en la sesión de control del 11 de diciembre.

Si alguien le pisa un callo a Cristóbal, este le apunta con el dedo acusador que señala a los evasores fiscales. Las víctimas fueron primero los cineastas. Luego los de Izquierda Unida. Ahora, anónimos medios de comunicación. Seguro que Cristóbal toca de oído, porque si supiera lo que dice por apellidarse Montoro, ser ministro de Hacienda y leer indebidamente expedientes, estaría prevaricando.

De modo que estas insidiosas denuncias deben derivar de una, quizá congénita, arbitrariedad: actuar en sinrazón espoleada por el capricho. O quizá de la afición del calamar por echar tinta para difuminar sus huellas. Para tapar otros problemas.

Montoro va en esa asignatura derechito camino del Guinness. Un año diseña la infumable amnistía fiscal —mientras sube un impuesto tras otro— y al poco se sabe que uno de sus beneficiarios se llama Bárcenas. Otro año la Agencia Tributaria se convierte en Ucrania, al dimitir inspectores decentes, y sus jefes, porque aparentemente se les bloqueó una sanción a una multinacional.

Las críticas de los socios europeos se refieren a las pocas decisiones sobre el déficit público

Y en el guirigay subsiguiente de dimisiones y destituciones, Montoro bendice la purga porque, dice, eran socialistas... cuando la mayoría los había nombrado el PP. Descanse en paz la independencia de la Agencia. Desde ahora los sujetos a inspección deberán acudir con el voto en la boca.

El drama de la sectarización de la Agencia Tributaria no se agota en sí. Prefigura el partidismo de la Autoridad Fiscal Independiente. Su normativa, aprobada en el Senado mañana hará un mes, la mantiene como órgano subalterno en la disciplina de Hacienda, en vez de como organismo autónomo en la estela de la Oficina Presupuestaria del Congreso de los EE UU. Lo contrario de lo que recomendaban la Comisión Europea, el Ecofin y el Eurogrupo.

Y anticipa el peligro de electoralismo con que ojalá no se diseñe la reforma fiscal pendiente. En vez de un bloque compacto de normativa redonda, se nos prometen retoques por fascículos entre 2014 y 2017. ¿Adaptados a las necesidades presupuestarias? ¿O a las urgencias de las urnas? Esas dos medidas forman parte del lamento entonado el martes por el Ecofin y el 22 de noviembre por el Eurogrupo: en su mayor parte “las reformas siguen pendientes de adopción o aplicación”, pues “no han quedado sino parcialmente plasmadas en medidas concretas”.

Las insidias acusadoras y el sectarismo en la Agencia Tributaria prefiguran males peores

Las críticas de los socios europeos se refieren también a las pocas decisiones tomadas para cuadrar el déficit público de 2013, otra vez descontrolado pese al calendario suavizado. Al cierre del tercer trimestre, alcanzó el 4,8% del PIB (4,71% en igual periodo de 2012); y aún debe rebajarse al 6,5% (6,84% en 2102) y el cuarto trimestre irá peor de ingresos (esta vez hay paga doble para los funcionarios y ya no operan los efectos de la amnistía ni los del alza del IVA). Pero Cristóbal no se inmuta más allá de aplastarle la reforma eléctrica a su colega José Manuel Soria para ahorrarse 3.600 millones. No se inquieta. Papa moscas socialistas. Claro, quien pone la mejilla en Bruselas es el otro, el que sabe inglés.

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