NEGOCIOS
Editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

España está barata

Que las operaciones observadas recientemente tengan continuidad dependerá de que se asienten las posibilidades de crecimiento

De las distintas clases de flujos internacionales de capital, los que conforman las inversiones directas son considerados los más estables y comprometidos. Con razón se consideran el colesterol bueno de los movimientos de capital. Tienen como finalidad crear empresas o adquirir proporciones significativas de las mismas con el fin de poder ejercer posiciones de control en su gestión. A diferencia de las inversiones de cartera, su permanencia es mucho mayor. Ello explica esa suerte de competencia de las naciones, con independencia de su grado de desarrollo, por atraer ese tipo de capitales. Hoy no hay un flujo unidireccional de estas inversiones desde las economías avanzadas a las que están en proceso de desarrollo, sino también en dirección opuesta. EE UU, por ejemplo, no solo es uno de los principales emisores de flujos de capital, sino que también se ha convertido desde hace años en uno de los principales receptores. Como China, la segunda economía mayor del mundo. Las multinacionales, que son las empresas que transportan inversiones directas, dejaron hace tiempo de tener partida de nacimiento.

Algunas de las grandes empresas españolas fueron durante la etapa expansiva importantes inversores directos en el extranjero, y ese mayor grado de diversificación internacional las ha preservado parcialmente de la recesión española. Ahora es la economía española la que es objeto de prospección por los inversores extranjeros para canalizar no solo flujos dirigidos a sus mercados de acciones, de renta fija o de activos inmobiliarios, sino a la toma de participaciones en empresas.

La principal razón es su precio. España está barata y muchas de sus empresas altamente endeudadas. Se trata de una oportunidad tanto más atractiva para los potenciales inversores cuanto mayor sea su grado de penetración en los mercados internacionales y mejor la calidad de su dirección. La presencia de inversores extranjeros también puede suponer ventajas para los receptores, sobre todo si tienen voluntad de permanencia a largo plazo; mejor la estabilidad que los pasivos financieros exigibles. Las ventajas crecen si junto a la aportación de capital se añaden tecnologías o técnicas de gestión. Para algunas empresas españolas puede ser la ocasión de fortalecer su base de capital y para reducir el apalancamiento financiero que limita la capacidad de maniobra de no pocas de ellas.

Para el conjunto de la economía española constituyen una valiosa contribución a la financiación exterior, ciertamente difícil de captar hasta hace bien poco, y a compensar las salidas netas de inversión de cartera que hemos presenciado durante la primera mitad de este año. También ayudan a restaurar la reputación erosionada por la crisis y a fortalecer su potencial de crecimiento económico y de creación de empleo. Que las operaciones observadas recientemente tengan continuidad dependerá de que se asienten las posibilidades de crecimiento de la demanda y se mejore la percepción del riesgo, no solo estrictamente financiero, sino también político y regulador. Calidad de las instituciones, estabilidad regulatoria y capacidad de las autoridades para resolver problemas territoriales, no fáciles de entender fuera de nuestro país, son referencias básicas en esas decisiones de inversión directa extranjera.

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