El Eurogrupo certifica las limitaciones a la recapitalización directa de bancos

España descarta esa medida para evitar que el Mede entre en las entidades

De Guindos (c) habla con Dijsselbloem en febrero.
De Guindos (c) habla con Dijsselbloem en febrero.EFE

“Afirmamos que es imperativo romper el círculo vicioso entre bancos y emisores soberanos”. Así se expresaban los Veintisiete tras la cumbre de hace justo un año: con la habitual fanfarria y las grandilocuentes palabras con las que se reviste Europa en los momentos críticos, los socios del euro abrían la puerta a recapitalizar directamente los bancos, incluso con efectos retroactivos, una vez que el BCE se convirtiera en supervisor bancario. Esa medida se interpretó como una derrota de Alemania, como un alivio para Irlanda y España, casi como un adiós a la crisis del euro. ¿Adiós? Desde entonces, los líderes no han hecho más que retrasar todos los pasos necesarios para romper esa endiablada relación entre crisis financiera y crisis de deuda pública. Sin la presión del mercado, Europa pierde fuelle: el Eurogrupo, con los ministros de Finanzas del euro en Luxemburgo, ultimaba anoche el penúltimo revés a la recapitalización bancaria con dinero europeo. Finalmente, habrá una potencia de fuego limitada, unos 60.000 millones, y sujeta a condiciones tan restrictivas que España, por ejemplo, ni se plantea sacar partido de esa opción.

La opción elegida impide romper el vínculo entre crisis financiera y deuda

El ministro español Luis de Guindos descartó este jueves que el Gobierno vaya a pedir esa medida. Por varias razones: en primer lugar, porque España está “perfectamente cómoda” en la situación actual, con los poco más de 40.000 millones gastados en el rescate financiero. Fuentes de Economía apuntaron que, además, el Gobierno no está interesado en esa opción porque no quiere que el mecanismo de rescate europeo (el Mede) entre como accionista de las entidades en las que inyecte capital.

Las líneas maestras están claras: los fondos destinados a la recapitalización directa del Mede se limitarán a una horquilla que va de 50.000 a 70.000 millones. El acuerdo diluye los efectos de la recapitalización directa, de manera que es más que discutible que sea capaz de romper el vínculo entre banca y deuda soberana. Por un lado, esas cifras pueden ser insuficientes si, como se teme, el BCE pone en marcha un duro examen de la calidad de los activos bancarios antes de erigirse en supervisor. Por otro, el país beneficiario de la recapitalización para sus bancos deberá costear entre el 10% y el 20% del dinero. Solo se podrá pedir como último recurso: después de que paguen los accionistas y acreedores (todos, menos los depósitos inferiores a 100.000 euros), y cuando el Gobierno de turno no pueda inyectar los fondos para rellenar los colchones de capital sin ver peligrar su viabilidad fiscal. Solo valdrá para entidades que puedan poner en peligro a toda la eurozona. Y la recapitalización apenas podrá tener efectos retroactivos: adiós a la posibilidad de que España se quite de encima parte de los 40.000 millones de dinero europeo que se ha anotado en su deuda pública.

Todas esas son las condiciones que Berlín quería: la derrota alemana de hace un año era un espejismo. Y deja en agua de borrajas aquel pomposo “afirmamos que es imperativo romper el círculo vicioso entre bancos y emisores soberanos”.

Sobre la firma

Claudi Pérez

Director adjunto de EL PAÍS. Excorresponsal político y económico, exredactor jefe de política nacional, excorresponsal en Bruselas durante toda la crisis del euro y anteriormente especialista en asuntos económicos internacionales. Premio Salvador de Madariaga. Madrid, y antes Bruselas, y aún antes Barcelona.

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