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Las confidencias de un gobernador

Fernández Ordóñez se desahogó ante el juez del ‘caso Bankia’ con parte de las críticas al Gobierno que ha callado por considerar que era lo más responsable

El exgobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, escucha a su sucesor, Luis María Linde, en su toma de posesión.
El exgobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, escucha a su sucesor, Luis María Linde, en su toma de posesión.

Miguel Ángel Fernández Ordóñez apenas había roto su silencio desde que dejó su puesto en junio del año pasado. El exgobernador había preferido no hablar en público porque consideraba que era la actitud más responsable. E incluso en la comparecencia en el Congreso para hablar de Bankia, se mordió la lengua una y otra vez. “Decidí permanecer en silencio, pues la situación y la reputación de España era delicadísima y todavía seguiré algún tiempo en silencio porque, aunque la situación ha mejorado algo, gracias al BCE, desgraciadamente las autoridades tienen por delante todavía una tarea muy difícil que nadie debería complicar aún más”, explicó en una carta al director de EL PAÍS el pasado 9 de enero, cuando rompió esa regla parcialmente.

Lo hacía para refutar acusaciones muy graves lanzadas por la Asociación de Inspectores del Banco de España, que había dicho que el supervisor “miraba hacia otro lado” ante indicios de delito. Por eso, su declaración como testigo del caso Bankia, a la que ha tenido acceso EL PAÍS, tiene un interés especial. A puerta cerrada, y a preguntas de las acusaciones y las defensas de los imputados en el caso Bankia, Ordóñez aprovechó para desahogarse y contestar a una “injustificable e injustificada campaña de desprestigio”, según su versión.

El FMI “tenía razón” cuando dijo que la reestructuración había sido lenta

En su declaración, Ordóñez deja claro que considera desastrosa la gestión de la crisis de Bankia que hizo el ministro de Economía, Luis de Guindos. Según su versión, Economía y el supervisor estaban trabajando juntos en encontrar una solución sin hacer ruido para sanear la entidad inyectando unos 10.000 millones y relevar a Rodrigo Rato de la gestión, pero reservándole el papel de presidente no ejecutivo. Pero que, de repente, en un fin de semana (el del 5 y 6 de mayo), Economía tomó las riendas de la situación, forzó la salida de Rato y dejó abierta una crisis que minó la confianza no solo en Bankia, sino en el conjunto del sistema financiero español.

La tesis de Ordóñez es que el Banco de España tiene una gran experiencia acumulada sobre gestión de crisis e intervenciones bancarias y que lo mejor es hacerlo sin generar desconfianza. Y que en Bankia se hizo todo lo contrario, hasta el punto de que se entró en una espiral de desconfianza en la que llegó a temer que España “podía salir del euro o hacer default [suspender el pago de la deuda]”.

En su declaración como testigo hay también una defensa de su gestión al frente del Banco de España. Ordóñez empieza explicando que él se encontró con la burbuja crediticia y del ladrillo ya hinchada cuando llegó al cargo, en 2006. Señala que fue él quien advirtió al entonces vicepresidente económico, Pedro Solbes, y al responsable económico del PP, Cristóbal Montoro, hoy ministro de Hacienda, de que venían problemas y de la necesidad de crear un fondo para recapitalizar las entidades y dotarse así de unas herramientas que el Banco de España había dejado de tener por la unión monetaria.

“Los grandes bancos son absolutamente sólidos”, según declaró Ordóñez

El exgobernador admite que cuando el FMI señaló que el proceso de reestructuración del sector ha sido lento, como señalaba el FMI, “tenía razón”, pero al tiempo asegura que no ha sido responsabilidad suya, sino consecuencia del pobre marco legal existente, de las interferencias políticas y de las comunidades autónomas y de que no se quería poner mucho dinero. Ordóñez destaca que “los grandes bancos están, crucemos los dedos, absolutamente sólidos”. Y que como los grandes habían resistido, solo se debía inyectar dinero a cambio de una reestructuración que ha hecho que el número de entidades pasen de más de 50 a una docena.

Ordóñez también aprovecha para defender el modelo de supervisión y arremete contra la tesis que defiende dar más poder a los inspectores sin pasar por “filtros”.

En sus palabras también hay una defensa del modo garantista (demasiado liberal o permisivo, según fuentes del sector) con que ejerció la autoridad de gobernador, tan diferente a la de sus predecesores Mariano Rubio o Luis Ángel Rojo. “El Banco de España no decide ni aprueba las fusiones”, declara cuando se le pregunta si presionó a Caja Madrid y Bancaja a fusionarse. Además, Ordóñez insiste en que él no estaba al tanto de los detalles: “A mí solo me contaban lo gordo”. “El trabajo me lo han hecho magníficamente mis colaboradores”. “Yo tenía otras cosas que hacer”. “No sé quién paró [la idea de fusión de La Caixa con Bankia]”. Ordóñez presume que cuatro o cinco cajas dijeron no a operaciones que el supervisor veía bien. En otras épocas, al gobernador no se le decía no.