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La escasa cuantía de las ofertas aboca al fracaso la subasta de CatalunyaBanc

Solo el Santander y el Popular presentan pujas competitivas por la entidad

Oficina de  Caixa de Catalunya, reconvertida en Catalunya Banc
Oficina de Caixa de Catalunya, reconvertida en Catalunya Banc

Lejos de hallar su final, la historia de CatalunyaBanc amenaza con dar un giro inesperado. Tras haber cerrado el periodo para presentar ofertas no vinculantes por el banco de la antigua CatalunyaCaixa, el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) se inclina por suspender la subasta. Fuentes del mercado comentaron que este organismo considera que ninguna de las dos propuestas que han analizado con más interés, la del Santander y la del Banco Popular, son ofertas atractivas.

El Gobierno ya ha declarado que no estaba dispuesto a vender CatalunyaBanc por un euro, como sucedió con el Banco de Valencia tras sanearlo con 5.500 millones que pasaron directamente a pérdidas y, por lo tanto, a déficit. En el caso de la entidad dirigida por Adolf Todó, la situación sería todavía más grave ya que los contribuyentes han metido en la entidad catalana unos 12.050 millones, lo que supone todavía más dinero que en Bankia en proporción a su tamaño.

El director general del FROB, Antonio Carrascosa, descartó hace días la posibilidad de vender CatalunyaBanc por partes y subrayó que la entidad catalana solo se adjudicará si existe “una buena oferta”. “Si no la hay, no se vende”, subrayó. En el sector financiero se interpretó que eso quería decir que el FROB no aceptará ninguna oferta por menos de 1.000 millones de euros. Además, Carrascosa también dijo que en caso de que la subasta quedara desierta, habrá que analizar “a fondo” todas las alternativas, entre ellas su posible integración en Bankia, tratando de salvar las cautelas al respecto que ponen los planes de reestructuración aprobados por Bruselas.

La primera opción que se baraja ahora, según estas fuentes, pasa por mantener a la entidad bajo control público, quizá con los mismos gestores pero unificando la actividad comercial con Bankia, aunque trabajando con marcas independientes porque se considera que el nombre de CatalunyaBanc tiene valor en el mercado. Se podrían lograr ahorros con integraciones de los servicios centrales y campañas comerciales coordinadas. De esta forma, se busca ahorrar gastos de la entidad catalana al tiempo que se le va limpiando para que fuera más fácil encajarla en su futuro comprador.

La venta quedaría para más adelante, en un momento alcista de la economía, en el que las entidades financieras no estén en precios de derribo, como sucede ahora. Las fuentes consultadas recuerdan que la Comisión Europea ha dado un plazo de cinco años para vender la entidad, “por lo que no vería mal una solución de este tipo porque la entidad cumpliría con los planes de reestructuración”. Éstos pasan por la reducción de plantilla de entre 2.000 y 3.000 trabajadores, vender activos por unos 20.000 millones y cerrar alrededor de 300 oficinas. “Además”, insisten estas fuentes “Europa entiende que no haya que deshacerse de ella con prisas y grandes pérdidas”.

El banco podría hacer campañas comerciales conjuntas con Bankia

Al parecer, según ejecutivos del mercado, es el Banco de España el que tenía más interés en deshacerse de la entidad porque considera que es un paso adecuado para la reestructuración del sistema financiero. Es decir, acabar con los bancos poco eficientes que trabajan con el paraguas del Estado. Sin embargo, desde el Gobierno no se quiere vender con un enorme coste para el contribuyente y para el déficit. Esta situación beneficiaría indirectamente a Novagalicia Banco, ya que se daría por hecho que el Estado le otorgaría más tiempo para que buscara inversores privados. Con este plan, el Gobierno podría utilizar el 15% del sistema financiero que quedaría en sus manos, para fomentar el crédito a pymes y familias, en un momento de sequía de los préstamos.

Cinco jugadores que se retiraron

En el camino de la puja se han quedado Kutxabank, JC Flowers y Deutsche Bank, primero, y BBVA y el Sabadell, después. Ambas entidades ya han reforzado recientemente su posición en Cataluña al quedarse con Unnim y la red de la antigua Caixa Penedès, respectivamente, y la entidad que preside Josep Oliu ahora mira con más interés la opción de Banco Gallego.

Al contrario de lo que sucedió en las ventas de Banco CAM y Banco de Valencia, esta subasta carecía de un Esquema de Protección de Activos (EPA). En lugar de ello, se incluyó un crédito fiscal a 18 años de 1.600 millones y la posibilidad de que pudieran considerarse recursos propios en el cálculo del core capital, también después de la entrada en vigor de Basilea III.

Sin embargo, los grandes bancos veían más riesgos que ventajas en ganar de golpe una cuota de mercado del 14% en Cataluña. La entidad que preside Adolf Todó cuenta con un volumen de cerca de 3.000 millones en préstamos hipotecarios para particulares que no pasó al banco malo. También tiene una ingente cartera de créditos a empresas con una elevada morosidad que tampoco pudo llevarse al Sareb. La entidad, según los planes de reestructuración de la Comisión Europea, podría haber cerrado el ejercicio pasado con unas pérdidas de entre 11.000 y 12.000 millones de euros.