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La banca de EE UU resucita

Sin alardes, las entidades de crédito van dejando atrás la tormenta financiera

Oficina de Bank of America en Times Square (Nueva York)
Oficina de Bank of America en Times Square (Nueva York) REUTERS

Los grandes bancos ya no son un riesgo para la economía. Palabra de Warren Buffett. El inversor tiene posiciones en Bank of America y Wells Fargo, y durante la crisis hizo una oportuna inyección en Goldman Sachs. Wall Street acaba de cerrar balance de 2012, que fue un año turbulento por la crisis de la deuda y la incertidumbre económica, pero que también sirvió para saldar cuentas con el contribuyente.

Cuatro años después del colapso de Lehman Brothers, el inversor conocido como el Oráculo de Omaha da por salvados a los bancos mirando dos cosas. La primera, las ratios de capital, y la segunda, la limpieza de activos tóxicos de sus balances. Una percepción compartida aparentemente por la Bolsa, donde Bank of America se apreció un 75% en el último año y Citigroup, la otra entidad rescatada, lo hizo casi un 40%.

Pero la curva del sector financiero sigue estando muy baja si se compara con su capitalización antes de que estallara la crisis. Aunque las grandes entidades en EE UU están ya a salvo, como dice Buffett, lo que también es cierto es que siguen arrastrando problemas heredados del pasado y que sus ingresos en el negocio de banca tradicional continúan débiles.

Además, para 2013 se espera el inicio de un ajuste reglamentario. Por eso los analistas dicen que sigue habiendo muchas piezas en movimiento, y eso es una llamada a la cautela. Se vio con claridad en JP Morgan Chase, gran ganador de la crisis. El mayor banco por activos de EE UU no es ajeno a la resaca que arrastra el sector desde el otoño de 2008, tras la borrachera del crédito.

La firma que dirige Jamie Dimon es una entre la docena que participaron en el pacto para compensar a los afectados por los abusos en los desahucios, que les llevará a desembolsar 9.000 millones de dólares. También tiene problemas legales que lastran su balance, heredados por haber salido al rescate de Bear Stearns unos meses antes del derrumbe de Lehman Brothers.

En el otro extremo, el de los bancos intervenidos, está Bank of America. La entidad que dirige Brian Moynihan triplicó el beneficio anual. Pero podría haber sido mucho mayor de no ser por todas las provisiones que tuvo que hacer para tapar los agujeros en su cartera hipotecaria. Los analistas reconocen que la firma está dando pasos en la buena dirección al limpiar su balance. La cuestión ahora es si avanza lo suficientemente rápido.

Los ingresos en el negocio de banca tradicional siguen siendo débiles

Dificultades también para Citigroup, que antes de despedir el año procedió a un cambio inesperado de ejecutiva. Los bancos predican que los bajos tipos de interés y la lenta recuperación económica les hace difícil crecer, y eso podría impedirles mejorar el margen de beneficio. No lo tiene tampoco fácil Morgan Stanley.

La opinión de Buffett, de hecho, no es compartida por todos. Hoy por hoy es además imposible saber cómo estas grandes instituciones manejan el riesgo y hacia dónde dirigen sus apuestas. JP Morgan puede ser una fortaleza financiera, pero el año pasado protagonizó un episodio que demostró lo poco que se hizo en Wall Street para desmantelar los incentivos al riesgo.

La entidad perdió 6.200 millones en una cartera que apostaba en derivados en Londres. Dimon pasó de ser el héroe de la crisis al ejemplo de la opacidad que domina entre los grandes. El castigo por su responsabilidad en este fiasco fue cortarle la remuneración anual en más de la mitad, una decisión que no hará llorar a los miles de despedidos en Wall Street por la reducción de costes.

Aunque valgan menos en términos de capitalización bursátil, las instituciones más relevantes del sector son ahora más grandes en tamaño que antes de la crisis. Justo lo contrario de lo que se esperaba cuando se hablaba de acabar con el concepto demasiado grande para quebrar. Wells Fargo, por ejemplo, pasó de ser un banco regional a la cuarta entidad por activos gracias a la compra de Wachovia.

Es cierto que EE UU no tiene un sistema bancario concentrado si se compara con el resto del mundo. Hay 7.180 entidades. Pero el grueso del negocio se lo reparten 19 firmas. Esas son las que están sujetas a las pruebas anuales de resistencia que realiza la Reserva Federal para saber si disponen del colchón de capital suficiente para elevar sus dividendos y recomprar acciones.

Los banqueros hacen referencia desde hace meses a la mejora en el mercado inmobiliario y al consiguiente repunte en la concesión de préstamos al hablar del futuro. Y si la curva de tipos empieza a subir, eso ayudará a aliviar la presión en el margen de beneficios. Lo que está por ver es cómo evitarán el efecto negativo de las medidas fiscales que se discuten en Washington.