La gran banca reduce sus beneficios un 81% en el año del rescate del sector

Las seis entidades que cotizan en el Ibex cierran 2012 con unas ganancias de 1.856 millones El sector ha pasado en cinco años de obtener beneficios récords a unos resultados modestos Cuando se sume Bankia, el balance del sector será unos números rojos multimillonarios

La historia de la banca española de los últimos cinco años es el relato de un viaje del cielo a los infiernos. Así, desde 2007 hasta ahora, el sector ha pasado de lucir beneficios récord a presentar unos resultados más bien modestos presionados por la necesidad de sanear balances y digerir su elevada exposición al sector inmobiliario, que fue precisamente la apuesta que les permitió multiplicar sus ganancias en los años del boom. En 2012, el año del rescate europeo del sector, las seis principales entidades del sistema con permiso de Bankia, que está bajo control del Estado y ha sido expulsada del Ibex, registraron unas ganancias de 1.856 millones entre todas ellas, un 81% menos que en 2011.

En 2012, la gran banca española —Santander, BBVA, Caixabank, Popular, Sabadell y Bankinter—, aceleró su proceso de saneamiento tras las sucesivas vueltas de tuerca del Gobierno, que buscaba con estas medidas recuperar la confianza en el sector. En febrero, el ministro de Economía, Luis de Guindos, impuso la primera de ellas al exigir a las entidades elevar las dotaciones, que son los fondos para cubrir las posibles pérdidas, sobre sus créditos tóxicos al ladrillo. En mayo y después de la entrada del FROB en Bankia, el ministro dio la segunda de estas vueltas de tuerca al extender las provisiones al conjunto de la cartera inmobiliaria, estuviesen sanos o no.  

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Así, los conocidos como decretos de Guindos, además del persistente aumento de la morosidad y la pérdida de valor de algunos activos, obligaron a los seis grandes a destinar a provisiones y dotaciones más de 50.000 millones de euros a lo largo del ejercicio, aunque en esta evaluación se incluye las realizadas por créditos problemáticos del Santander o el BBVA fuera del país. El esfuerzo, en cualquier caso, se comió buena parte de los márgenes de las entidades. No obstante, el factor determinante ha sido la entrada en pérdidas del Popular, que ha atravesado su año más difícil en años. El banco presidido por Ángel Ron sufrió unos números rojos de 2.461 millones, aunque con ello ha logrado sanear su cartera inmobiliaria.

En cuanto al resto, el Santander fue de nuevo el líder en beneficios con 2.205 millones, lo que en cualquier caso supone volver a los niveles del año 2000 en cuanto a ganancias. A continuación se situaron el BBVA, que ganó 1.676 millones netos; Caixabank, que registró un importante descenso de sus beneficios del 78% hasta los 230 millones; Bankinter, con 124 millones, y Sabadell, con 82 millones tras absorber a la CAM. En cualquier caso, el balance del sector quedaría reducido a cero si se incluyesen aquí los resultados de Bankia, algo a lo que la entidad presidida por José Ignacio Goirigolzarri tiene derecho en la medida en . El grupo sufrió unas pérdidas de 3.318 millones en 2011, pese a que en un primer momento presentó beneficios de unos 300 millones, y se prevé que tenga un resultado negativo de unos 20.000 millones cuando publique sus cuentas de 2012.

Durante el pasado año también se prorrogó el proceso de consolidación iniciado en 2009 y que se ha traducido en un impresionante recorte en el número total de entidades. En concreto, de medio centenar de bancos y cajas a 14 bancos, sin contar con las diminutas Caixa Pollensa y Ontinyent. Y bajando, ya que el proceso no ha concluido.

Es precisamente, esta sucesión de fusiones, absorciones, nacionalizaciones y adjudicaciones lo que, precisamente, condiciona la comparación con los ejercicios previos a 2011. De modo aproximativo se puede indicar, no obstante, que las seis grandes obtuvieron unos beneficios netos de 19.318 millones en 2007, el último año en el que lograron mejorar sus resultados. Frente a entonces, las ganancias de 2012 apenas representan un 10,5%.

A finales de 2007, la burbuja estalló y años después, en 2010, llegó el desbordamiento de los problemas de deuda del euro. La suma de ambos fenómenos, a lo que hay que añadir el persistente deterioro económico, acabó colocando a las entidades españolas bajo el foco de los mercados internacionales tras un periodo en el que parecía que la crisis no iba con ellas y, a la larga, forzando el rescate europeo por los problemas acumuladas por un gran número de las antiguas cajas.

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