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Reinventar el banco central

La reforma del papel de la autoridad monetaria centra la campaña en Japón

Shinzo Abe durante la presentación de su programa electoral.
Shinzo Abe durante la presentación de su programa electoral. Afp

Decía San Ignacio de Loyola que “en tiempo de tribulaciones, mejor no hacer mudanza”. Pero cuando las tribulaciones acompañan durante más de dos décadas a tu economía y no acaba de ver la luz al final del túnel, una mudanza puede que no sea tan mala opción. El líder opositor del Partido Liberal Demócrata (PLD) de Japón y antiguo primer ministro, Shinzo Abe, favorito, según las encuestas, en las elecciones que se celebran este domingo en Japón, ha hecho del saneamiento de la economía el eje de su programa electoral y apuesta, para ello, por medidas radicales.

La economía japonesa no acaba de dejar atrás la crisis financiera que sufrió a comienzos de los años noventa y que ha sumido al país en una espiral deflacionista. Abe ha presentado un plan de reformas económicas donde incluye una profunda reforma del banco central (BoJ, por sus siglas en inglés) que, entre otras cuestiones, aboga por limitar la independencia del banco central.

En concreto, Abe apuesta por “fijar un objetivo de inflación del 2% y crear un marco para reforzar la cooperación entre el Gobierno y el Banco de Japón, mediante la revisión de la ley que regula al BoJ”. Esa reforma legal permitiría que el Gobierno tuviera la última palabra sobre los objetivos de la entidad y los medios para alcanzarlos. El PLD apuesta, asimismo, por un yen débil y ha propuesto crear un fondo público-privado para comprar deuda extranjera.

Varios académicos, entre ellos Richard Werner, profesor de Finanzas Internacionales de la Universidad de Southampton (Reino Unido) y especialista en la política del BoJ, defiende esta medida ante el evidente “fracaso” del banco central nipón en estos años y cree que la entidad debería volver a estar bajo el control del Ministerio de Finanzas. “Parece claro que el tema de la independencia del banco central debería ser revisado, dado que esta independencia no ha dado los resultados deseados”, sostenía en un artículo sobre la crisis japonesa.

Abe propone una reforma de la ley de independencia del Banco de Japón

Hasta ahora, la independencia de los bancos centrales se defendía como uno de los axiomas intocables de los bancos centrales. Tanto es así que la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional suspendieron el año pasado las negociaciones con el Gobierno húngaro sobre un programa de ayuda financiera al aprobar cambios legislativos “que potencialmente podrían minar la independencia del banco central”.

Pero la profundidad y la duración de la actual crisis financiera han dejado atrás muchos de los postulados tradicionales de los bancos centrales, y la ortodoxia en la política monetaria es una de ellas. La inflación ha dejado de ser un tabú y cada día son más los banqueros centrales que apuestan por permitir un nivel de precios más elevado y buscar referencias alternativas a la inflación para fijar los tipos.

En el seno del BoJ el debate sobre la elevación del objetivo de inflación ya se ha abierto. En su reunión de octubre, según las actas del encuentro, dos consejeros ya expresaron la necesidad de que la entidad adopte una política monetaria más agresiva aunque eso eleve los riesgos inflacionistas. En estos momentos el Banco de Japón es el único, entre los bancos centrales de los países desarrollados, que tiene tipos de interés reales positivos, pese a que los tipos de interés de referencia se sitúan en el 0,1%. En el tercer trimestre, la economía volvió a entrar en recesión, la segunda en cuatro años, con una caída del PIB del 3,5% sobre el trimestre anterior, y la inflación se situaba en octubre en el -0,4%.

Naohiko Baba, de Goldman Sachs, otorga “una alta probabilidad de acuerdo para fijar el objetivo de inflación del banco en el 2%”, aunque supedita la reforma de la legislación sobre el banco central a la mayoría que consiga el PLD en las elecciones de este domingo. “Los mayores obstáculos que vemos a la reforma son la fuerte resistencia por parte del BoJ, que intentará defender a toda costa su independencia, y la aritmética partidista tras las elecciones”, recalca.

Richard Koo, el economista jefe de Nomura, se mostraba en un reciente informe muy crítico con ese cambio de política. En su opinión, si el banco central proporciona liquidez hasta que la inflación empiece a crecer, como propone Abe, eso puede provocar una debacle en el mercado de bonos, un riesgo especialmente grave en el caso de Japón, cuya deuda pública supera el 200% del PIB.