Cuando el BCE acudió a auxiliar el euro

El Banco Central ha intervenido en tres ocasiones para estabilizar la eurozona

Jean Claude Trichet, presidente del BCE entre 2003 y 2011.
Jean Claude Trichet, presidente del BCE entre 2003 y 2011.bernardo pérez

Hasta la fecha y a la espera de lo que pase en las próximas semanas, el Banco Central Europeo (BCE) ha tomado tres decisiones clave para intentar asegurar la estabilidad de la Unión Monetaria, que atraviesa su peor momento desde que empezó a andar en 1999. En la primera de ellas, el organismo, entonces presidido por Jean-Claude Trichet, decidió intervenir en los mercados de deuda en mayo de 2010 y agosto de 2011, lo que ayudó a atajar las presiones sobre algunas economías de la eurozona. A finales del pasado año, ya con Mario Draghi al frente de la institución, abrió una multimillonaria barra libre de liquidez para la banca. Con ello, permitió ganar algo de tiempo que, sin embargo, se ha agotado sin que los líderes europeos respondieran al desafío de los problemas que sufre la eurozona y que han llegado a poner en riesgo el futuro de la moneda única.

Mayo de 2010: Miedo al contagio griego

Solo un día después de que se aprobara el mecanismo de asistencia financiera de la Unión para ayudar a los países de la zona euro con dificultades para pagar su deuda pública, el BCE cambió el paso y anunció su intervención en los mercados de deuda soberana para evitar la extensión de una crisis que ya se había llevado por delante a Grecia. Para ello, creó el Programa para los Mercados de Valores, que consistía en la compra de bonos estatales por parte de los bancos centrales europeos a instancias del BCE. Esta medida alivió considerablemente la presión sobre la deuda española e italiana y el resto de países que estaban en riesgo de sufrir el contagio de los problemas que surgían de Grecia: Portugal e Irlanda, que sin embargo acabarían también rescatados con el paso del tiempo. La decisión vino una semana después de que la agencia de calificación Standard & Poor's (S&P) rebajara la calificación de la deuda portuguesa y mantuviera en bono basura la del país heleno.

El BCE compró deuda griega por valor de 16.500 millones de euros cuando el bono heleno a dos años llegaba a pagar intereses del 18% y los tipos del bono a 10 años rozaban el 10% tras la rebaja de la nota de S&P. La prima de riesgo española bajó en ese momento de los 100 puntos básicos (el pasado 20 de julio rozó los 650) y el bono español a 10 años cotizaba de nuevo por debajo del 4% (hoy está cerca del 7%).

La decisión de comprar bonos en los mercados de segunda mano, con lo que sorteaban la prohibición de financiar directamente a los mercados, no tenía precedentes y se consideró "crucial" para la estabilidad del euro, aunque solo unos días antes de anunciarse seguía siendo una posibilidad negada por Trichet. Con la medida, el garante del euro siguió los pasos de la Reserva Federal estadounidense, que ya había decidido actuar en este sentido para hacer frente a la crisis de liquidez que atravesaba la primera potencia mundial. De hecho, el BCE compaginó esta medida con una acción coordinada con sus homólogos de EE UU, Japón, Reino Unido, Canadá y Suiza en el mercado de divisas para aliviar la falta de dólares en los mercados. Esta decisión sólo encontraba antecedentes en el inicio de la crisis subprime y, después, tras la quiebra de Lehman Brothers y sirvió para aplacar transitoriamente las dudas de los inversores.

La motivación de la adopción de estas medidas se atribuyó a que los ministros de Finanzas europeos aseguraron que de adoptarían "todas las medidas necesarias para alcanzar sus objetivos fiscales este año y los años siguientes, en línea con los procedimientos por déficit excesivos". Con ello, hacían frente a las reticencias de los países del norte, liderados por Alemania, que rechazaban tener que pagar con el dinero de sus contribuyentes los excesos de los vecinos del sur. Por este motivo también alertaban de que, si el BCE salía en su ayuda sin fuertes condiciones a cambio, los Estados bajo presión relajarían sus compromisos para devolver la sostenibilidad a sus cuentas.

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Agosto de 2011: España e Italia en el punto de mira

El 8 de agosto, el BCE decidió reanudar su programa de compra de bonos SMP. Pero esta vez de forma concentrada en Italia y España para evitar el ascenso a máximos del acoso de los inversores contra su deuda. Para ello, sin embargo, envió sendas cartas de forma confidencial a los Gobiernos del ex presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, y al entonces primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, donde se condicionaba la compra de bonos a la adopción de nuevas medidas de ajuste en estos países.

Los bonos españoles a 10 años pasaron en siete días de una rentabilidad del 6,28% al 4,99%, mientras que la prima de riesgo cayó más de 130 puntos básicos, desde más de 400 a 266 el 15 de agosto.

En solo una semana, la primera desde que se reactivó el programa, el BCE compró un total de 22.000 millones de euros, en su mayor parte de Italia. Esta cifra fue la más alta desde que la medida se puso en marcha en mayo de 2010, en pleno proceso de rescate a Grecia. Entonces, adquirió 16.500 millones en títulos de deuda helena. El BCE llevaba 19 semanas sin comprar ni intervenir en los mercados de deuda aunque bastaba con que Bloomberg informase de que fuentes anónimas habían indicado que iba a volver a adquirir títulos para cambiar el sentido del mercado.

No obstante, el programa no contaba con el beneplácito de todos los miembros del consejo del BCE. De hecho, en septiembre de 2011, su economista jefe, el alemán Jürgen Stark,dimitió por su desacuerdo con la compra de deuda soberana. Stark había sido uno de los tres consejeros del Banco Central que votó en contra de la ampliación del programa de adquisición de deuda de los países con problemas, hasta entonces aplicado solamente a títulos griegos, portugueses e irlandeses. La medida, al mismo tiempo que obligó al organismo a ampliar capital por primera vez en su historia, suscitó fuertes críticas desde Alemania, y sacó de la carrera por la sucesión de Trichet al favorito al puesto, el anterior presidente del Bundesbank (banco central alemán), Axel Weber. No obstante, ha ganado 1.500 millones de euros con esta operación.

Diciembre de 2011 y febrero de 2012: Barra libre de liquidez

A finales del pasado año, Draghi anunció dos subastas extraordinarias de liquidez para la banca a un tipo fijo del 1% (lo que supone dinero barato) y a un plazo de tres años. La primera de estas operaciones se llevó a cabo en diciembre y en ella se repartió medio billón de euros entre medio cententar de entidades. Con la segunda, realizada el 29 de febrero, se regó al sistema con otro medio billón de euros. La barra libre inundó de liquidez a la banca, pero no está claro si ayudó a reactivar el crédito.

Sin embargo, sí que permitió rebajar de forma considerable los costes que pagaban los países bajo sospecha, especialmente España, para financiarse. La clave fue que las entidades captaban el dinero a un 1% y luego podían invertir este dinero en deuda soberana, que ofrece mayores rendimientos, y embolsarse la diferencia. Por el lado contrario, tuvo efectos perservos en cuanto aumentó el vínculo entre riesgo soberano y riesgo financiero. En el caso de España, la mayor parte de las emisiones realizadas por el Tesoro en los meses en los que la subasta de liquidez del BCE tuvo influencia fueron cubierta por bancos nacionales.

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