Bruselas da la puntilla a las cajas

La UE trata de recluir a las entidades en fundaciones para alejarlas del negocio financiero

Mario Draghi y Luis de Guindos en la reunión del Eurogrupo del 9 de julio
Mario Draghi y Luis de Guindos en la reunión del Eurogrupo del 9 de julioGeorges Gober (Afp)

“Las cajas no han quebrado por ser cajas, sino por actuar mal como bancos”. Con esta rotunda frase se expresa lo que ha ocurrido en el sector un alto directivo de un banco que antes fue caja de ahorros. “Estos terremotos ocurren siempre después de los grandes agujeros”, explica.

El reciente memorando de Bruselas con el que se articula el rescate bancario ha llegado plagado de exigencias para el sector financiero, pero sobre todo dirige dos dardos a las cajas: deberán vender la mayoría del capital de sus bancos filiales y los directivos de las cajas no podrán estar en las entidades financieras. La Unión Europea no ha puesto una fecha para que se lleven a cabo estas medidas.

El documento firmado por los ministros de Economía de la UE también advierte de que los bancos viables con ayudas deberán vender participaciones y activos no estratégicos, abandonar actividades que no pertenezcan a su núcleo de negocio, y tendrán prohibido el pago de dividendos, así como la remuneración de instrumentos de capital.

Además, deberán demostrar que son capaces de sobrevivir a largo plazo por sí solas. De lo contrario, se venderán a sus competidores. Por último, se indica que todas las entidades deberán cotizar en Bolsa para someterse a la disciplina de mercado.

La obra social será la gran perjudicada, cuando lleguen los recortes

En el sector se considera que las nuevas exigencias son un paso más para recluir a las cajas en fundaciones de carácter especial —el mismo modelo que se hizo en Italia entre 1990 y 1994— para que el negocio financiero quede lo más alejado posible de sus manos. En Italia supuso una caída de la competencia en el sector y un encarecimiento de los servicios, consecuencias que algunos analistas auguran para España. “A Bruselas no le gustan las cajas. Eso está claro. Tras barrer las españolas, solo quedarán las alemanas que, por cierto, se agrupan en grandes bancos mayoristas, donde hay miles de millones en activos tóxicos que todavía no se han saneado”, comenta el ejecutivo de una entidad.

En definitiva, Bruselas dibuja un sistema que es la puntilla para lo que quedaba de las cajas, tal y como se han entendido hasta ahora. Es decir, aquellas entidades que destinaban el beneficio a nutrir la obra social y las reservas.

Algunos creen que las reformas eran necesarias “porque buena parte de las cajas han cometido errores terribles, como su apetito voraz en el ladrillo y casi haberse convertido en bancos públicos de las Comunidades Autónomas”, según Juan Carlos Martínez, profesor de Economía del IE Business School.

“Las medidas europeas sobre el gobierno corporativo de las cajas, como la prohibición de duplicidades en los consejos de administración de las cajas y de sus bancos filiales, son un paso positivo para mejorar su profesionalidad y reducir aun más la politización que todavía existía”, apunta Joaquín Maudos, catedrático de Economía de la Universidad de Valencia. Martínez concluye que el esquema tradicional de las cajas “ha llegado a su fin. Están en un proceso de extinción controlada. Ahora hace falta ver cómo queda la obra social”.

La UE quiere que las cajas no controlen los bancos filiales

Fuentes de la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA) admiten que Bruselas ha dado un paso más en el ocaso del modelo clásico de cajas. “No se ha hecho una imposición directa de los poderes políticos, al estilo de lo que ocurrió en Italia con la Ley Amato. Sin embargo, con los decretos que exigen más capital y provisiones, así como con el memorando de Bruselas, las cajas cambian radicalmente”, añaden desde la CECA. No obstante, aclaran que la obra social no tiene por qué desaparecer “en las entidades que se mantienen sin ser nacionalizadas aunque tendrán que destinar una parte de sus resultados a los dividendos de los accionistas de los bancos, algo no que antes no ocurría”.

Puede que mantengan su carácter social, pero desde luego con mucho menos presupuesto. En el sector se apunta a La Caixa y a Kutxabank como las de mayor vocación y capacidad de actuación social por su solvencia. El resto (salvo las pequeñas Caixa Ontinyent y Pollença, que son las únicas cajas que han sobrevivido sin mutación gracias a su prudente gestión), dependerá de cómo termine tras las pruebas de estrés que Oliver Wyman realizará en septiembre y que exigirán más capital. Llegarán fusiones, ventas y todo tipo de operaciones. A partir de octubre aparecerá un nuevo escenario financiero que condicionará la obra social de las fundaciones de las cajas. Los bancos esperan beneficiarse de esta circunstancia (así como de los escándalos de las preferentes y de las indemnizaciones de exejecutivos) ya que no han conseguido tener el tirón comercial y de proximidad logrado por las cajas por su vocación social.

El presidente de un banco procedente de una caja, que pide el anonimato, dice que la sociedad española “ha empezado a darse cuenta de lo que supone la pérdida de la obra social, pero lo que viene en el futuro es mucho peor. Se acabará gran cantidad de ayudas sociales justo ahora, que es cuando hacen más falta. Las Comunidades Autónomas y los Ayuntamientos tampoco tienen dinero, por lo que vienen tiempos duros para muchos colectivos que dependían de nosotros”. José María Martínez, secretario general de Comfia-CC OO, considera que las nuevas medidas de conversión en bancos “provocarán más exclusión social”. En 2011 se destinaron 489 millones a temas asistenciales y sanitarios. En total, 1.125 millones para la obra social, que es una cifra similar a la de 2003. Quedan lejos los 2.058 millones que se gastaron en 2008, en plena orgía de la burbuja inmobiliaria.

Para empezar, este año hay 12 cajas nacionalizadas, a través de Bankia, Novagalicia y CatalunyaCaixa, cuyo dividendo social se reducirá drásticamente. Y para 2013 todavía será peor porque dejarán de recibir dinero de sus bancos filiales y empezarán a comerse las reservas.

La creación del banco malo será clave para la reordenación del sector

En Caja Madrid, a punto de transformarse en fundación y perder su condición de entidad financiera, creen que tienen liquidez para un par de años sin empezar a vender activos. No obstante, admiten “que debemos cambiar y reducir radicalmente la estructura de gastos. Los actos culturales serán los que más sufran para volcarnos en los temas asistenciales. De todas formas, los cierres de algunos centros sociales son inevitables”, apunta un ejecutivo.

Otro punto relevante del memorando es la obligación de que todas las cajas bajen del 50% su participación en los bancos filiales. Aunque el Gobierno ha dicho que es un requerimiento “a largo plazo”, las entidades están preocupadas. “Es el punto más novedoso del documento de Bruselas. Creo que no es positivo porque las cajas que ahora poseen más del 50% de bancos son las que han tenido una gestión eficiente”, comenta Maudos. José María Martínez, de CC OO, cree que esta medida puede llevar a las cajas a “una venta precipitada, minusvalorada e ineficiente como lo que sucedió con Bankia y Banca Cívica”. La CECA incluso cree que va contra la Ley de Propiedad y que a nadie se le puede obligar a vender un bien que le pertenece de acuerdo con la normativa.

El tercer aspecto de mayor trascendencia del documento europeo ha sido la obligatoriedad de crear un banco malo. Europa solo ha dibujado por encima sus características, pero se ha reservado sus detalles. Los activos problemáticos de las entidades que reciban ayuda tienen que ser sacados de los balances. Se supone que en estas Sociedades Gestoras de Activos, eufemismo del banco malo, además del ladrillo estarán los créditos fallidos incobrables “y otros activos no inmobiliarios”, dice el documento de Bruselas que no detalla nada más.

Todos estos activos se transferirán a un banco malo a su valor razonable a largo plazo, es decir, el que puedan tener en el mercado en dos o tres años, según el Gobierno. La medida ha supuesto un alivio para el sector, que temía que se les obligara a vender a precio de mercado. Para hallar este valor se usarán las pruebas de resistencia realizadas a la banca.

Europa no ha aclarado cómo se valorarán los activos tóxicos

Las pérdidas para las entidades deben reflejarse en el momento de la separación de los activos. Los bancos recibirán a cambio una pequeña participación en el banco malo y bonos garantizados o efectivo. El diseño de la segregación de activos deberá estar listo en agosto, de modo que el banco malo sea operativo en noviembre.

“Las condiciones son ambiguas. Y el esquema tiene riesgos. Si los activos no se pasan a bajos precios a la Sociedad Gestora, ningún inversor querrá participar en ella. Pero, a la vez, si se devalúan mucho, algunas entidades pueden acabar con patrimonio negativo. En ese momento, Bruselas puede obligar a que sean vendidas por tipos de negocio”, apunta Alfonso García Mora, socio director de Analistas Financieros Internacionales (AFI).

Según la página web del Ministerio de Finanzas de Holanda, Bruselas destinará al banco malo de las entidades que reciban ayudas públicas hasta 25.000 millones. En principio, el dinero se debe desembolsar en noviembre. Algunos expertos dudan de que con esta cantidad se pueda financiar todos los activos problemáticos, que en el conjunto del sector suman 187.000 millones.

Todo el sector está pendiente de lo que ocurra con los activos malos de Bankia, que será la primera entidad que reciba el dinero de Europa. Según fuentes del mercado, la valoración que prepara Goldman Sachs confirmará la necesidad de los 19.000 millones para sanear los activos dañados y mantener un 9% de capital. El mercado espera la valoración de los activos inmobiliarios de la entidad presidida por José Ignacio Goirigolzarri. “Si la bajada del precio de los activos inmobiliarios supera los 4.465 millones que ha inyectado el Estado, esta pérdida podría considerarse como déficit del Estado, no como deuda pública”, advierte Alfonso García Mora.

Las cajas, que empezaron su expansión a mediados de los ochenta, han terminado su aventura en menos de 20 años. “Fueron grandes competidores de la banca. Ahora, las que sobrevivan, inician otra etapa”, apunta Juan Carlos Martínez.

Sobre la firma

Íñigo de Barrón

Es corresponsal financiero de EL PAÍS y lleva casi dos décadas cubriendo la evolución del sistema bancario y las crisis que lo han transformado. Es autor de El hundimiento de la banca y en su cuenta de Twitter afirma que "saber de economía hace más fuertes a los ciudadanos". Antes trabajó en Expansión, Actualidad Económica, Europa Press y Deia.

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