Opinión
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Un liderazgo distinto para el Banco Mundial

Con el nombramiento de Jim Kim, Obama ha puesto al desarrollo como tema prioritario

El mes pasado sugerí que el Banco Mundial fuera dirigido por un líder en materia de desarrollo global en lugar de un banquero o un experto con mayores tendencias políticas. Escribí que “el Banco necesita un profesional de probada eficacia que esté preparado para encarar los grandes desafíos del desarrollo sostenible desde el primer día”. Ahora que el presidente estadounidense, Barack Obama, ha designado a Jim Kim para que ocupe ese puesto, el mundo obtendrá exactamente eso: un estupendo líder en materia de desarrollo.

Con este nombramiento, Obama ha mostrado una verdadera visión de líder. Ha puesto al desarrollo como tema prioritario y ha dicho explícitamente que “es tiempo de que un profesional del desarrollo encabece el organismo de desarrollo más grande del mundo”.

El nombramiento de Kim es un avance enorme para el Banco Mundial, que espero se haga extensivo a otras instituciones globales. Hasta ahora, EE UU había tenido una especie de carta blanca para nombrar a quien quisiera como presidente del Banco Mundial. Así es como llegaron al banco varios líderes inadecuados, incluidos banqueros y expertos orientados a la política, que no tenían los conocimientos ni el interés para encabezar la lucha contra la pobreza.

Para poner fin a esa tradición y con objeto de subrayar la importancia crítica de poner a cargo del banco a un líder en cuestiones de desarrollo, yo mismo participé en la campaña y me siento muy honrado por el apoyo público que recibí de una docena de países y el respaldo privado que me ofrecieron muchos más. Con el nombramiento de Kim todo el mundo se ha beneficiado y con mucho agrado retiré mi candidatura para apoyarlo.

El nombramiento de Jim Kim es un avance enorme que espero se extienda a otras instituciones globales

Kim es uno de los líderes mundiales en salud pública. Ha colaborado con otro gran líder en la materia, Paul Farmer, para llevar tratamientos contra el sida, la tuberculosis y otras enfermedades a las personas más pobres del mundo. Más recientemente ha sido presidente de Darmouth College, una de las principales universidades de EE UU. Así pues, tiene conocimientos profesionales, experiencia global y una considerable capacidad de administración —credenciales perfectas, todas, para la presidencia del Banco Mundial.

A lo largo de los años he colaborado estrechamente con Kim. Es un visionario que ve la posibilidad de ofrecer cuidados cuando aún no están disponibles. Es audaz y está dispuesto a encarar grandes desafíos. Además, utiliza un pensamiento totalmente sistemático para diseñar nuevos protocolos y sistemas de reparto para comunidades de bajos ingresos. Encabezó los esfuerzos de la Organización Mundial de la Salud orientados a mejorar los tratamientos contra el sida en los países de bajos ingresos y llevó a cabo una labor ejemplar.

El Gobierno de EE UU, por fin, se está dando cuenta de esta nueva y aterradora realidad

El nombramiento de EE UU no es definitivo. Ahora los 25 directores ejecutivos del Banco Mundial, que representan a 187 países miembros, deben confirmar a uno de los tres nominados. Kim se enfrenta a la apreciada ministra de Economía de Nigeria, Ngozi Okonjo-Iweala, y al exministro de Economía de Colombia José Antonio Ocampo. No obstante, Kim es el gran favorito para obtener el puesto, sobre todo en vista de sus logros espectaculares a nivel global.

En el mes pasado ha habido otros recordatorios de la importancia del Banco y de por qué subrayé la urgente necesidad de profesionalizar su liderazgo. Por desgracia, el Gobierno de Malí fue derrocado por un golpe militar. Paradójicamente, había elecciones previstas para esta primavera; así pues, el país pronto iba a tener un nuevo Gobierno.

Hago la conexión entre el Banco Mundial y el golpe por la siguiente razón: Malí es un ejemplo más de un país en el que la pobreza extrema, el hambre, las enfermedades y la sequía provocan inestabilidad política y violencia.

Conozco bien ese país. En efecto, el Earth Institute (del que soy director) tiene una oficina importante en Malí. Hace varios años, el Gobierno me pidió ayuda para luchar contra la creciente pobreza en el país. Yo intenté obtener apoyo global para Malí, pero el banco y otros actores apenas respondieron. No vieron los peligros que eran tan aparentes para todos los que trabajábamos en las aldeas del país.

Por supuesto, la pobreza no es la única causa de la inestabilidad en Malí. Las divisiones étnicas, el extenso mercado de armas, los efectos colaterales de la violencia en Libia y otros factores han desempeñado un papel importante. Sin embargo, en todo el mundo la pobreza es la condición básica que acelera e intensifica la violencia.

La sequía de este año empeoró una situación que ya era mala. Durante años, he estado diciendo y escribiendo que las regiones áridas que van de Occidente a Oriente —de Senegal a Malí, Níger, Chad, Sudán, Somalia, Yemen, Irak, Irán, Pakistán y Afganistán— son un polvorín creciente, donde el cambio climático, la sequía, el hambre y el crecimiento de la población están creando una inestabilidad cada vez mayor.

Esa inestabilidad hace que estallen guerras con una frecuencia alarmante. Como especialista del desarrollo que hace trabajo práctico en las zonas áridas, sé que ninguna solución militar puede estabilizar esta vasta región mientras los pueblos sigan hambrientos, carezcan de agua, de medios de subsistencia y de esperanza. El desarrollo sostenible es la única vía para alcanzar la paz sostenible.

El Gobierno de EE UU, por fin, se está dando cuenta de esta nueva y aterradora realidad. En una evaluación de las agencias de inteligencia estadounidenses publicada en febrero se señala que “durante los próximos 10 años los problemas de agua contribuirán a la inestabilidad en Estados que son importantes para los intereses de seguridad nacional de EE UU”. Por supuesto, no solo la seguridad de este país está en juego, sino también la seguridad global y la supervivencia y bienestar de un gran número de personas. Además, no es necesario esperar 10 años: la gris realidad que se pronosticó en el informe ya es un hecho.

Todo ello destaca la importancia de que el Banco Mundial y Kim estén al timón. El Banco Mundial puede ser la institución que una al mundo en la solución de los problemas de desarrollo sostenible que, aunque graves, tienen solución, implicando a Gobiernos, científicos, académicos, organizaciones de la sociedad civil y pública en esa gran causa. Es un asunto global urgente y todos podemos contribuir a solucionarlo asegurándonos que el Banco Mundial sea una institución que realmente atienda a todo el mundo, dirigida con experiencia y conocimientos. El nombramiento de Kim es un gran paso en la consecución de ese objetivo.

Jeffrey D. Sachs es profesor de economía y director del Earth Institute de la Universidad de Columbia. También es asesor especial de los Objetivos de Desarrollo del Milenio del secretario general de Naciones Unidas.

(c) Project Syndicate, 2012.

Traducción de Kena Nequiz.

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