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Las rentas empresariales superan por primera vez a las salariales en España

El excedente de empresas y autónomos llega al 46,2% del PIB, La porción del valor añadido de los asalariados se queda en el 46%, el mínimo histórico

Alejandro Bolaños

La globalización, que presiona a la baja sobre los salarios, el creciente número de trabajadores que pasan a ser autónomos, el declive de la industria en favor de los servicios, y un sistema que privilegia el beneficio a corto plazo confluyen en la misma corriente de fondo: las rentas de los asalariados pierden peso en el reparto de la riqueza, al tiempo que los excedentes empresariales ganan protagonismo. El empujón final lo ha dado la enorme destrucción de empleo acumulada en los últimos tres años. Por primera vez, las rentas empresariales superan a las salariales en el reparto del valor añadido que genera la economía española.

El detalle contable del PIB del cuarto trimestre, publicado ayer, da fe de la culminación de una trayectoria de más de treinta años, en España y en el resto de Europa. En el arranque de los ochenta, la remuneración conjunta de todos los asalariados equivalía al 53% del PIB español, mientras que el excedente bruto de explotación (que incluye rentas empresariales y de profesionales autónomos) se quedaba en el 41%. Los impuestos a la producción eran el destino del 6% restante.

Las necesidades de un Estado del bienestar en construcción llevaron a elevar el peso de los impuestos hasta superar el 10% del valor añadido a mediados de la década pasada. En paralelo, se aceleró el declive de las rentas salariales, que desemboca en un mínimo histórico en el tramo final del año pasado: la renta de los asalariados solo se llevó el 46% de la tarta del valor añadido en el cuarto trimestre de 2011. Y en un cambio también histórico: la porción de las rentas empresariales en el PIB fue por primera vez mayor, un 46,2%.

La remuneración de los asalariados (1,1% en el último año) crece mucho menos que las rentas empresariales (6,6%)

Para retener un 53% del valor añadido que generaba la economía española en los años ochenta bastaba con nueve millones de asalariados. Para mantener el 48% en 2007, se sumaba la renta de 18 millones de asalariados.

Cuando irrumpió la Gran Recesión, y la mayor destrucción de empleo en décadas, se dio un efecto paradójico: en 2008 y 2009, las rentas salariales ganaron peso frente a las rentas empresariales. Por un lado, los asalariados aguantaron mejor el primer embate que el resto de ocupados (autónomos incluidos). Por otro, los salarios, pactados en convenios anteriores, siguieron creciendo mientras los beneficios bajaban.

Nada de eso ocurre ahora, con la economía inmersa en otra recesión. La remuneración de los asalariados (1,1% en el último año) crece mucho menos que las rentas empresariales (6,6%). Y la pérdida de empleo golpea con fuerza a los asalariados, que apenas suman ya 15,7 millones de personas.

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