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COLUMNA

No saber

Llevo semanas queriendo escribir un artículo juguetón y liviano sobre el sexo (suena promisorio, ¿no?), pero no consigo hacerlo porque la realidad siempre acaba imponiendo un peso negro sobre esa ligereza. O sea, suceden cosas terribles que claman por ser dichas, o al menos yo lo siento así. En esta ocasión se trata de la muerte del disidente cubano Wilman Villar tras 56 días en huelga de hambre. Opositor pacífico a la dictadura cubana, estaba condenado a cuatro años de cárcel por "desacato a la autoridad", una pamema legal que la tiranía utiliza contra los disidentes. Guapo y terriblemente joven (31 años), Wilman tenía dos niñas pequeñitas. A su viuda ni siquiera le permitieron ver el cadáver. Esa dictadura atroz, podrida y tambaleante, morirá matando.

Pero lo que más me angustia es que no sabíamos nada de Wilman hasta que lanzó el definitivo, supremo y ensordecedor grito de su propia muerte. Y, sin embargo, había sido condenado en una farsa de juicio a cuatro años y llevaba casi dos meses en huelga de hambre. Atormenta pensar cuantísimas personas puede haber ahora mismo en el mundo luchando heroicamente contra el abuso y el poder criminal, arriesgando su libertad y su vida sin que nadie lo sepa, eficazmente silenciadas por sus verdugos. Qué soledad. Por eso son tan útiles los apadrinamientos de Reporteros Sin Fronteras (ahora soy madrina de dos periodistas africanas, Yirgalem Fisseha, de Eritrea, y Agnés Nkusi, de Ruanda, encarceladas en condiciones terribles). Ojalá cada uno de nosotros pudiera apadrinar a una víctima anónima mundial, y denunciar su caso, y mencionar su nombre. Pero, mientras tanto, firmemos esta carta pidiendo al Papa que anule su próximo viaje a Cuba o, si no lo hace, que al menos repudie la represión: http://asopazco.net/2012/01/21/carta-abierta-al-santo-padre/#comment-1687

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 24 de enero de 2012