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Cómplices de la recesión

Las agencias de calificación han agravado la crisis e ignoran los cambios de orientación en la eurozona

La posición de las agencias de calificación de riesgo se torna más confusa y contraproducente para la resolución de la crisis de la deuda a medida que se comparan sus sorprendentes calificaciones con la evolución de la recesión económica y las causas que la han provocado. La utilidad real de Moody's, Standard & Poor's (S&P) o Fitch para los inversores es muy reducida, puesto que los Gobiernos, las entidades financieras y las empresas intercambian entre sí información más relevante que la que facilitan públicamente las agencias. No es de extrañar que los mercados apenas reaccionen ya a sus notas descalificatorias y a sus salidas de tono. Parece muy poco profesional que una directora general de S&P se permita definir la calificación de la deuda española con un bono basura cuando es evidente que en esa pérdida de calidad han influido poderosamente los mediocres análisis sobre las expectativas de la economía española efectuadas por su agencia, entre otras.

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Porque ninguna de las tres grandes calificadoras de riesgos han sido capaces de incorporar en sus diagnósticos (y mucho menos en sus propuestas de políticas correctoras, por otra parte, inexistentes) que España y otros países estaban aplicando diligentemente las políticas de ajuste exigidas por Europa para estabilizar los déficits y corregir la deuda. Los Gobiernos y los ciudadanos tienen derecho a pedir explicaciones a las agencias. Si sus calificaciones castigan a las economías que reducen el gasto público, ¿para que sirven dichas políticas, si no es para acentuar, mediante la intervención de las agencias, la propia crisis de la deuda y la recesión asociada? Por eso no sorprende que no pocos observadores económicos consideren que las agencias están deprimiendo la economía europea y favoreciendo al área del dólar.

Pero es que las agencias de calificación, con su obsesión procíclica, están a punto de cometer otro error grave. Las fuerzas vivas europeas (Alemania y Francia) y las instituciones de control financiero (BCE) empiezan a aceptar que las políticas de ajuste, necesarias para garantizar a medio plazo la estabilidad de la moneda, tienen que ser complementadas con políticas de estímulo de la demanda. El caso de Grecia, pendiente de un preacuerdo para declarar una quita sobre su deuda, demuestra que las estrategias de contracción fiscal no solo no bastan para resolver la crisis sino que agravan la situación de los países en lo que se aplican sin otras medidas de acompañamiento. Moody's, Fitch y S&P mantienen los viejos criterios de análisis, los que ahondan en la recesión sin ofrecer solución alguna.

Sorprende que, a pesar de las evidencias que demuestran los efectos perniciosos de la conducta de las agencias de calificación, las autoridades europeas sigan sin tomar decisiones largamente esperadas, como una liberalización que rompa con el oligopolio de "las tres grandes". Ese sería sin duda el primer paso; después, si acaso, debería considerarse la oportunidad de crear una agencia de calificación europea.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 23 de enero de 2012.

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