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Alcaldes de CiU piden a Mas que se replantee la tasa turística

Los municipios con turismo 'low cost' temen perder competitividad si se aplica el nuevo gravamen

La llamada tasa turística, el gravamen de entre uno y tres euros que el Gobierno catalán prevé cobrar en 2012 por visitante y pernoctación en los hoteles catalanes, no solo ha despertado el rechazo de los hoteleros y las patronales turísticas. También alcaldes de Convergència i Unió, los que gobiernan en algunos de los municipios más turísticos de Cataluña, ven con recelo el diseño de la tasa. Sobre todo los de aquellas poblaciones especializadas en el denominado turismo low cost. Se trata de las localidades cuyo atractivo es ofrecer sol y playa a precios bajos. Temen que la tasa, tal como está planteada, afecte a la competitividad de sus municipios y vaya en detrimento del sector.

"Hay varios factores que nos preocupan. Primero, que el impuesto se aplique solo en Cataluña, lo que crea un agravio comparativo con el resto del Estado; después, que quien deba cobrar la tasa sean los establecimientos, hoteles, cámpings, apartamentos, y, por último, nos preocupa saber cómo repercutirá esto en los municipios", plantea Romà Codina, alcalde de Lloret de Mar (Selva). El municipio, uno de los principales destinos turísticos masivos de la costa catalana, ofrece sol y playa a bajos precios, y la tasa turística repercutirá en el importe final de las estancias. "Cuando tú tienes una oferta de turismo vacacional a 18 o 20 euros diarios con todo incluido, uno o dos euros más se notan, son una parte muy importante", recalca Codina, que también subraya la ventaja que tienen los propietarios de apartamentos y chalés que alquilan sus inmuebles a visitantes sin ser un establecimiento turístico regulado.

A favor con matices

Codina está a favor de la tasa turística, pero pide que se replantee su diseño para limar asperezas con el sector turístico y evitar que el impuesto vaya en detrimento de la actividad económica. Una posición similar defiende la alcaldesa de Calella (Maresme) Montserrat Candini. Candini comparte la voluntad del Gobierno catalán de establecer el gravamen, pero cree que debe encararse "hacia la promoción turística". "Hay que hilar delgado con la tasa. No es lo mismo el turismo de sol y playa que el que recala en las capitales importantes", explica. La alcaldesa, que es también senadora de CiU, cree que el Gobierno autonómico debe cerrar todos los flecos con el sector turístico para no perder competitividad frente a otros países que pujan fuerte por el turismo en el Mediterráneo. "Estamos haciendo muchos esfuerzos para ser competitivos", resume Candini.

El Consistorio de Salou (Tarragonès), pese a ser gobernado también por CiU, sí que ha mostrado un rechazo frontal a la tasa, expresado en una moción unitaria en la que pedía su paralización. "Es necesario e imprescindible un consenso con el sector turístico", clama Benet Presas, concejal de Turismo de Salou. Presas cree que la tasa turística debe ser porcentual (y no una cantidad fija de entre uno y tres euros, según la categoría del establecimiento), ya que, de lo contrario, puede afectar especialmente a aquellos hoteles con precios más bajos. "Por dos euros más puede ser que una oferta deje de ser viable. Los establecimientos pueden perder clientes y replantearse si abren o no en temporada baja", lamenta Presas.Aunque la tasa ha sido cocinada en los despachos del Gobierno, la medida sufrirá cambios antes de ser aprobada en el Parlament. El PP, principal e imprescindible aliado de CiU, exige cambios para que no perjudique al turismo.

Sitges (Garraf), con las finanzas bajo mínimos, también acusa falta de recursos. "La financiación de los municipios turísticos es un tema sin resolver. Nosotros recibimos las contribuciones de los habitantes, pero la prestación de servicios se multiplica con los turistas", ilustra el alcalde, Miquel Forns. El municipio está de acuerdo con la tasa: el regidor mantiene que si hay servicios de calidad, el visitante pagará un poco más por cada noche.

Forns cree que el Gobierno debe ampliar el porcentaje de la tasa que prevé dedicar a los municipios, el 25%. También lo reclama Barcelona, cuyo Consistorio intentará que la repercusión de la tasa sea del 40%. Barcelona encabeza la opinión de las ciudades que ven con buenos ojos el gravamen. En Tarragona, donde gobierna el PSC, Victòria Forns, portavoz nacionalista, reclama que cambie el modelo turístico. Según CiU, la tasa es positiva siempre que se acompañe de una oferta de calidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de enero de 2012