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Análisis:La investidura de Rajoy | El discurso del futuro presidente

La página de los recortes, en blanco

Mariano Rajoy proclamó ayer que los ciudadanos han pedido al nuevo Gobierno "un punto y aparte", "una página nueva". En materia económica, sin embargo, lo anunciado ayer por el futuro presidente parece más bien un punto y seguido, con la austeridad, la reforma financiera y la del mercado laboral como principales recetas. Rajoy concretó un puñado de medidas menores y se dejó en el tintero las mayores. La página de los recortes se quedó prácticamente en blanco.

Lo único que hizo Rajoy fue cifrar lo que suponen los 1,6 puntos del producto interior bruto en que hay que reducir el déficit en 2012 (si este año se cumple la meta del 6%, lo que está por ver). Pero se equivocó en las cuentas, pues situó la cifra en 16.500 millones cuando son más de 17.000.

El plan económico del discurso de ayer es continuista con el del actual Gobierno

La política económica esbozada en el discurso de investidura será en lo esencial muy similar a la del último año y medio de Zapatero. El nuevo Gobierno no rectificará las medidas del anterior: ni bajará el IVA, ni devolverá a los 65 años la edad de jubilación, ni eliminará el impuesto de Patrimonio de 2012, ni actualizará el poder adquisitivo perdido por los pensionistas, aunque garantiza que no volverán a perderlo en 2012. Como con Zapatero, la prioridad teórica es estimular el crecimiento y el empleo, pero la real va en sentido contrario: recortes para cuadrar el objetivo de déficit. La vigilancia de Bruselas y la de los mercados (la prima de riesgo cerró la sesión de ayer en el mismo punto en que estaba cuando Rajoy empezó su discurso) no dejan mucho margen.

La frase de Rajoy de que no tiene "intención" de subir impuestos permite pensar que la estrategia del nuevo Gobierno será esperar a tomar posesión para proclamar que las cosas están aún peor de lo esperado y justificar así sus medidas impopulares.

En el terreno de las reformas, es posible que el nuevo Gobierno marque la diferencia en materia laboral, pero ayer lo más concreto que dijo Rajoy es que se trasladarán al lunes algunas fiestas para evitar puentes.

En materia financiera, la reestructuración en curso ha reducido a una tercera parte el número de cajas y ha propiciado unos saneamientos y recapitalizaciones como nunca antes se habían visto, pero sigue habiendo entidades zombis, con activos tóxicos del ladrillo en sus balances, y el crédito no fluye. Con banco malo o sin banco malo (ayer tampoco despejó esa duda), con más fusiones o sin ellas, tampoco en esto la política del PP es rupturista, aunque pretende acelerar la venta de los inmuebles terminados en manos de la banca y propiciar una valoración muy prudente de los solares y promociones sin terminar.

El guión de lugares comunes usado por Rajoy para la política energética (el problema es "complejo", la solución "no puede ser simplista" y hacen falta "reformas", pero sin decir cuáles en concreto) se extendió a otros sectores como la agricultura o el turismo.

En lo relativo a las pensiones, el programa de Rajoy sigue también las líneas marcadas por el anterior Gobierno: acercar la edad de jubilación efectiva a la real, dificultar las prejubilaciones y el uso abusivo de las prestaciones por desempleo, incentivar la prolongación de la vida laboral y hacer que las pensiones guarden mayor relación con las cotizaciones, pero sin detallar ninguna medida nueva al respecto.

Lo anunciado ayer en materia económica apenas pasa de propuestas menores, planteamientos generales, fuegos de artificio y objetivos para los que no se detallan las medidas necesarias. El discurso pronunciado por Rajoy podría haber sido asumido casi por completo por el Gobierno socialista saliente. Las diferencias son de matiz, de intensidad y de velocidad. En su acción de Gobierno, tal vez Rajoy acabe marcando diferencias palpables en política económica. Ayer no lo hizo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 20 de diciembre de 2011