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Análisis:EL ACENTO

Titulados en desempleo

En España, uno de cada tres trabajadores ocupa un empleo que está por debajo de su nivel de cualificación, según la oficina estadística europea Eurostat. Dicho así, todo parece indicar que el simple problema de España es la titulitis que atacó a la sociedad recién salida de una guerra civil, la pobreza y un nivel ínfimo de instrucción. Demasiada preparación, se podría deducir, para un mercado laboral que no necesita tanto diploma. Mejor dedicarse a la fontanería que a la física cuántica.

Pero para entender mejor el problema conviene echar un vistazo a otras estadísticas. Según datos también europeos, España no tiene demasiados ciudadanos con un alto nivel de estudios. Al contrario. En realidad, está a la cola de Europa en porcentaje de adultos mayores de 22 años con educación secundaria superior (62,5%) frente a la media europea (76,4%). De hecho, la Unión Europea en su conjunto pretende elevar su nivel de gente preparada hasta el 85%.

Otra estadística, la del Informe PISA de la OCDE, demuestra, además, una y otra vez que los estudiantes españoles de secundaria tienen un peor nivel de preparación en comprensión lectora, matemáticas y ciencias que los de otros países. España está entre los cinco últimos del listado de 28 países de la OCDE. Un desastre al que se suma el elevado abandono escolar, que afecta a uno de cada tres chavales, lo que viene a ser el doble que la media europea. Así que, como si se tratara de un círculo infernal del que parece imposible salir, el problema real de España no es que haya demasiada gente bien preparada, sino muy pocos puestos de trabajo para los que están preparados, pero tampoco para los que solo exhiben un título sin saber demasiado y para los que no tienen ningún título y ninguna preparación.

Visto así, la solución al problema no ofrece ni de lejos la simplicidad de la regla de tres. Muchos han tirado la toalla y están emigrando. La mayoría, o se acoge al paro o acepta el empleo que le ofrezcan. Algunos, más jóvenes y pillos, intentan convencer a su familia de que no compensa estudiar. Cómoda y equivocada decisión; para ellos, para sus familias y para un país que Rajoy pretende devolver a la primera línea.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 10 de diciembre de 2011