_
_
_
_
Reportaje:

Jenson Button, la 'jet-set' del circuito

Guillermo Abril

El primer contacto verbal con Jenson Button pareció sacado de un manual de protocolo británico. Él sostenía un vaso de té en las manos y jugaba con el hilo de la bolsita entre los dedos mientras merodeaba a solas junto a la mesa de catering, en un garaje al borde del circuito de Silverstone (unos cien kilómetros al noroeste de Londres). Se acercó y preguntó con una sonrisa qué tal iba el día. Acto seguido pasó a preocuparse por aquello que suele preocupar a los ingleses en el primer encuentro. "¿Qué tal el tiempo? Estos dos últimos meses ha estado haciendo muy bueno en Londres". Desgraciadamente, dijo, parecía estar cambiando a peor. No había más que echar un vistazo al cielo, de un gris metálico aquella mañana. Unos pasos más allá, en la recta más larga del circuito, el viento cortaba como el acero afilado. Pero en su casa, añadió, situada en una pequeña isla del canal de la Mancha, el clima solía ser más templado. Y le dio un sorbo al té.

"Creo que la prensa tenía razón al apodarme aprendiz de 'playboy"
"Hamilton es el compañero más duro que he tenido. El más rápido"

Poco antes se había producido el primer contacto visual. Y este resultó más bien propio de ese gran hermano que padecen las estrellas del deporte, a las que sus agentes, relaciones públicas y demás personas que se ganan la vida a su estela no abandonan ni en los momentos de intimidad: Jenson Button en calzoncillos, mientras preparaba su primer cambio de ropa para el rodaje de una publicidad de Tag Heuer. Los pilotos de fórmula 1 suelen circular por el mundo con un número tasado de horas, minutos y segundos, y solo es posible acercarse a ellos en la medida en que una de las marcas que les patrocina les obliga (por contrato) a mantener determinados encuentros con la prensa, igual que exige a los entrevistadores hacer preguntas relacionadas con el producto en cuestión. En este caso se trataba de unos relojes suizos cuyo modelo más barato ronda los 2.500 euros. Y lo raro, en realidad, era haber podido charlar con él sobre las nubes sin que nadie midiese sus palabras. O verlo casi en cueros sin que se expulsara al público no autorizado de aquella sala fría y desangelada, con aspecto de oficina a medio acabar en un polígono de extrarradio. El anciano y amarillento edificio de boxes.

El piloto desnudó su cuerpo sin pudor, un cuerpo proporcionado y fibroso, más cercano al atleta que al esteta de gimnasio, y pálido en la acepción más británica de la palabra. Los minutos que no emplea en la fórmula 1 o en su promoción los dedica a preparar pruebas de triatlón. El instante se detuvo y se oyó algún suspiro ahogado. Tal y como lo definió un cronista deportivo, "Button es el yerno perfecto que desean todas las señoras; o mejor: el chico que quieren para ellas". Cuando terminó de abrocharse el mono de carreras, bajó hasta el circuito, se colocó junto a su monoplaza, que había sido transportado hasta el lugar en un camión con el propósito de ser filmado pero no tocado, y repitió con flema un discurso de 15 segundos ante las cámaras. Una voz al otro lado del set de rodaje le pidió que acentuara más la palabra "mundo" cuando pronunciaba la expresión "campeón del mundo de fórmula 1". Le costó encontrar el tono, igual que le costó nueve años de carreras encontrar el título. Pero después de repetirlo 10 o 12 veces, los responsables del spot quedaron satisfechos y se decidió cambiar de ubicación y estilismo. Ahora tocaba un Button casual, un campeón del mundo caminando sobre el asfalto en ropa de calle. Fue entonces cuando el piloto al que todo el mundo confundió muy pronto con un juguete roto del automovilismo quiso coger su coche personal para ir al otro extremo del circuito y trazar el recorrido por dentro. Un Mercedes impoluto, de aspecto inocente y familiar, pero extrañamente aerodinámico en un segundo vistazo: acabado en vinilo negro, neumáticos anchos como los de un camión, dos gruesos tubos de escape y 520 caballos de potencia, según su ficha técnica. Un Mercedes C63 AMG DR520 para los entendidos. Hay 20 modelos como este en el mundo. Al encenderlo, el motor crujió seco, ronco y oscuro como una Chopper. Y el rayo negro se perdió en la primera curva.

En otro tiempo, Jenson Button solía ser criticado por conducir un Ferrari Modena en su ocio, cuando era un joven con mucho dinero y la prensa deportiva, fulminante, lo apodó Jet-set Button o Playboy Button, por el tren de vida de aspecto ligero y demasiado alegre (para un deportista) que llevaba en Montecarlo. Allí compró un ático y solía amarrar su yate de 22 metros. Su trayectoria en las categorías inferiores de la fórmula 1 había levantado una expectación similar a las burbujas financieras. Reino Unido se encontraba ávido de héroes al volante y él parecía reunir las cualidades de los viejos pilotos. Astuto, rápido, elegante. En 2000 lo fichó la escudería Williams para correr entre los elegidos incluso antes de foguearse en la F-3000, un peldaño casi obligatorio para llegar al podio. En su primer año en la máxima categoría quedó octavo en la clasificación de pilotos. Un resultado a la altura. Tenía 20 años. Pero cambió de equipo, se fue a Benetton, rascó dos puntos en todo el año y terminó en un incómodo puesto 17.

Uno puede llevar la vida privada que quiera, pero cuando los resultados no llegan, comienza a girar la rueda de la especulación. Surgen las comparaciones odiosas. Lo abofetean a uno con estadísticas. "En la fórmula 1 se mide todo. Hasta el miedo y la duda. Los ingenieros comparan la telemetría con tu compañero de equipo. Y si sales perdiendo, la presión te mata", según Antonio Lobato, comentarista de fórmula 1 en La Sexta. "Algunos no pueden soportarlo y abandonan". En 2002, Benetton cambió su nombre a Renault y Button acabó séptimo. Pero Flavio Briatore, el magnate de lengua afilada, entonces director del equipo, prefirió quitárselo de encima y lo cambió por el piloto de pruebas, un tipo llamado Fernando Alonso. Y dijo: "El tiempo dirá si me equivoqué". En un principio, nadie pudo echarle la decisión en cara. El asturiano se llevó dos títulos mundiales. Hoy, en cambio, tras una década de épica y culebrones, podría discutirse. Button ganó su primer gran premio después de 113 carreras, en 2006. No todos logran resucitar después de tanto tiempo.

El cambio en su rendimiento empezó a notarse en 2003, cuando fichó por BAR-Honda. Hay quien atribuye aquel giro a un accidente en una sesión de entrenamiento. Un golpe lateral a 298 kilómetros por hora. Perdió el conocimiento y todas las florituras del bólido saltaron por los aires. Ocurrió, como en una de esas casualidades que adornan los guiones de cine, durante el Gran Premio de Mónaco, en la ciudad donde se le acumulaban las muescas. Al año siguiente logró su primer podio. A los dos años, su primera victoria, en Hungría. Y luego, cuando Honda anunció su liquidación por la crisis económica y Ross Brawn, el antiguo ingeniero de Michael Schumacher, adquirió el equipo y se inventó una aerodinámica estratosférica para sus monoplazas, en 2009, Jenson Button ganó seis de los siete primeros grandes premios del año y acabó con el título de campeón del mundo. Al principio de temporada, Briatore lo definió como un piloto "en paro". Desde aquel año, Button es uno de los corredores más reputados. Y un filón comercial, mezcla de agallas, sacrificio y superación. "El hombre que desafió a los escépticos", es la frase fuerza de uno de sus principales patrocinadores.

Así que ahí estaba Button, con aspecto de sentirse en el lugar exacto que soñó de niño, caminando con gracia por el asfalto mellado de Silverstone, posando con la ropa de otra marca que también le patrocina, mientras las cámaras rodaban bajo un cielo plomizo. Al acabar la sesión, tenía el tiempo justo para acudir a la inauguración del nuevo edificio de boxes del circuito británico (de ahí el aspecto desangelado del viejo). Y antes de volar de vuelta a su casa en una isla, tendría que subirse al monoplaza e irrumpir entre los asistentes al acto (se ofrecían tapones para los oídos con la invitación), charlar con otros campeones del mundo del motor desplazados hasta allí, como Valentino Rossi, y luego volver al viejo y frío edificio de boxes para conceder en él entrevistas formales a tres medios de comunicación, entre ellos a El País Semanal.

"De alguna manera estoy de acuerdo", dijo entonces. "En esos años, creo que era correcto llamarme aspirante a playboy. Tuve carreras malas. No me gustaba la atmósfera de Benetton. Y diría que algo tuvo que ver la gestión...". Le interrumpe un zumbido en el circuito. La ventana de la salita vierte sobre el asfalto de Silverstone. Valentino Rossi, el campeón de motociclismo, prueba una Ducati, y el británico sigue su trayectoria con ojos diminutos. "Sí, definitivamente fue una mala gestión. Me decían: 'Puedes permitirte una casa grande, un barco, un Ferrari...'. Y lo hice. Para un chico de 21 años es música para los oídos. Pero fue el momento erróneo para ese tipo de cosas. Todavía no me había reivindicado en la F-1. No había conseguido nada. Empecé pronto. Se me dieron oportunidades que quizá no debería haber tenido a una edad tan temprana. Y eso me hizo daño. Pero aprendí, y me he hecho un piloto y una persona más fuerte gracias a los errores. Sin cometerlos, quizá no hubiera sido campeón del mundo en 2009. Así que no cambiaría nada".

Los deportistas de élite parecen tener siempre a mano los párrafos clave de su biografía. A continuación, Button recordó una anécdota de su etapa adolescente. Volvía de una carrera de karts, agotado. Era domingo y, en el coche, parecía dormido cuando su padre comentó con un amigo: "Creo que el chico no es lo suficientemente bueno". Button escuchó aquello, pero se lo guardó como una fusta con la que azotarse. Tardó 15 años en decirle a su padre que lo había escuchado. Él, viejo piloto de rallies, era quien lo había introducido en las carreras. Se lo confesó el día que ganó el campeonato del mundo. Según Button, "él nunca me empujó a correr. Hice lo que quería hacer. Y por eso triunfé". Entonces volvió a pasar Rossi en la Ducati.

Cuando acabó el rodaje y la sesión de fotos que ilustran estas páginas, en la otra punta del circuito, Button volvió a subirse a su coche de falso aspecto familiar para desandar el camino hasta boxes. Le pedimos si nos podía acercar, y respondió con la misma sonrisa cordial con la que había hablado del tiempo. En ese momento, salvo el conductor, ninguno de los ocupantes conocía la potencia del vehículo. Ni su velocidad punta (300 kilómetros por hora). Ni su capacidad de aceleración (de 0 a 100 en 4,1 segundos). Ni que había sido concebido por una unidad llamada división de productos especiales de Mercedes.

Dicen que los pilotos suelen conocerse los circuitos al milímetro. Que apenas necesitan la vista para clavar el trazado. Pero Silverstone es una de esas espinitas en la carrera de Button. Nunca ha logrado una victoria en casa. En el último Gran Premio de Gran Bretaña, en julio, perdió una rueda y se vio obligado a abandonar su monoplaza a pie. Lo ingenieros se olvidaron de apretar una tuerca. Quizá por eso la pregunta pudo sonar a provocación:

-¿Podría conducir con los ojos cerrados?

-Podría intentarlo.

-¿Conoce bien el circuito?

Mmm. No tanto.

Solo dio tiempo a sonreír de forma torpona. En realidad, uno no nota la velocidad. Solo el acelerón. Y la frenada. El rechinar de los neumáticos. El claqueteo del coche sobre el piano lateral. La curva como un mazazo en el que parece que el coche va a salir despedido (o una de sus ruedas). El coscorrón de la relaciones públicas de Tag Heuer en el asiento trasero. El "perdonad, chicos" de Button. O su "es divertido" cuando uno recupera el aliento. El olor a goma quemada. Y el "se nota tan lento" cuando apaga el motor y los tubos de escape siguen chascando como un leño húmedo en la hoguera.

En la hemeroteca se dice de él que posee una capacidad de conducción suave, coordinada y minimalista. Serena en momentos complicados. "Ha ganado 12 carreras. Seis de ellas, sobre mojado. Y un tío que va bien con lluvia no puede ser un piernas", según Josep Lluís Merlos, comentarista de la fórmula 1 para TV3. Su compañero de equipo en McLaren, el también campeón del mundo Lewis Hamilton, es más conocido por ser agresivo y batallador. Hamilton, el hombre que dinamitó la moral a Fernando Alonso, sin embargo, ha sufrido este año por tener un compañero más rápido en el circuito. Durante la entrevista, Button reconoció que era el "compañero más duro" al que se había enfrentado. "El más rápido que he visto en una calificatoria. En una vuelta es muy difícil ganarle. Pero trabajo muy duro en otras áreas para superarle". Si todo sigue como al cierre de este reportaje, a falta de una carrera, Button será este año subcampeón del mundo, por detrás de Sebastian Vettel y su intratable monoplaza. Hamilton solo puede aspirar al tercer puesto, con permiso de Alonso. La fórmula 1 es un juego de egos implacable, en el que se van cerrando círculos: Alonso le robó el sitio a Button; Hamilton destrozó a Alonso cuando era un debutante, y ahora Button deja atrás a Hamilton. Cuando entró en McLaren, parecía un fichaje inofensivo. Una sombra al lado de su compatriota. Tardó un año en mostrar los dientes. Durante la entrevista, quiso volver a su infancia para profundizar en esa sed incurable que suelen padecer los pilotos. Ocurrió en su primera carrera de karts, a los ocho años. "La gané. Y ese sentimiento, ¿sabes?, mirando hacia abajo a los otros chavales, pensando: '¡Os gané!'. Fue lo mejor que había sentido de niño...".

Luego, su agente de prensa carraspeó y dijo que había llegado el momento de preguntar sobre relojes. Button, con una respuesta que sonó algo mascada, dijo: "Me encantan las cosas mecánicas. Los Tag Heuer son tan precisos como una caja de cambios". El suyo tintineaba sobre la mesa cuando volvió a cruzar Rossi por el circuito de Silverstone.

Jenson Button posó para este reportaje gráfico en el circuito de Silverstone con ropa de Hugo Boss y relojes de Tag Heuer
Jenson Button posó para este reportaje gráfico en el circuito de Silverstone con ropa de Hugo Boss y relojes de Tag HeuerSIMON EMMETT
Jenson Button posó para este reportaje gráfico en el circuito de Silverstone con ropa de Hugo Boss y relojes de Tag Heuer
Jenson Button posó para este reportaje gráfico en el circuito de Silverstone con ropa de Hugo Boss y relojes de Tag HeuerSIMON EMMETT

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Sobre la firma

Guillermo Abril
Es corresponsal en Pekín. Previamente ha estado destinado en Bruselas, donde ha seguido la actualidad europea, y ha escrito durante más de una década reportajes de gran formato en ‘El País Semanal’, lo que le ha llevado a viajar por numerosos países y zonas de conflicto, como Siria y Libia. Es autor, entre otros, del ensayo ‘Los irrelevantes’.

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_