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Tribuna:

El coste del euro... y de fallos en las políticas

Una semana más, el foco de atención ha seguido centrado en la evolución de la crisis de la deuda soberana europea y las negociaciones de los dirigentes de los dos principales países de la zona, Alemania y Francia. La reunión de Estrasburgo, a la que, por cortesía y para darle un espaldarazo al principio de su difícil mandato, invitaron al nuevo primer ministro italiano (esperemos que en alguna de las próximas inviten al presidente electo del Gobierno español), acabó como todas las que ha habido hasta ahora. Es decir, con la negativa rotunda de Alemania a aceptar que el BCE actúe como garante último de la deuda de los Estados y que esta deuda se sustituya por eurobonos avalados solidariamente por todos los socios.

Si la cosa sigue así, va a ser muy complicado seguir perteneciendo a la unión monetaria europea

La reducción del déficit comprometida para 2013 provocará que la tasa de paro aumente hasta el 23%

El punto de acuerdo que parece salir adelante es el de reforzar la gobernanza fiscal europea con el objetivo de que los países no incumplan el Pacto de Estabilidad. Esto no debe confundirse con una política fiscal común que actúe, como lo hace dentro de cada Estado, como elemento de socorro y solidaridad interterritorial cuando alguna región sufre lo que en la jerga económica se denomina un shock asimétrico o, por causas diversas, una recesión la golpea con mucha más dureza que a otras. Si ocurre esto en un país de la zona euro y ello provoca un déficit y deuda públicos por encima del fijado por el Pacto de Estabilidad, no tiene otro remedio que afanarse sin dilación a reconducirlos, lo que sumirá en una mayor recesión al país. No hablo de situaciones provocadas por despilfarros ni de mala gestión de los dineros públicos, sino de factores ajenos, en todo o en parte, a la política económica de los gobiernos. Si la cosa queda así, va a seguir siendo muy arriesgado pertenecer a la unión monetaria europea.

Ese riesgo lo estamos padeciendo los españoles en nuestras carnes en estos momentos. El gran pecado que cometimos entre 1999 y 2007 es el de desarrollar una gran burbuja inmobiliaria, de difícil control por los gobiernos españoles cuando durante tantos años tuvimos una política monetaria demasiado laxa, precisamente porque Alemania estaba estancada. No niego que nuestros gobernantes hubieran podido hacer bastante (y no lo hicieron) para impedir que la burbuja llegara tan lejos, pero por mucho que hubieran hecho, no lo hubieran conseguido del todo. Ahora esa burbuja tiene acogotada a la economía, ha provocado la destrucción de millón y medio de puestos de trabajo, una crisis profunda de nuestro sistema bancario y ha sido la principal causa de que el déficit público se haya disparado. Pero para solucionar estos graves y complejos problemas ni siquiera contamos con un banco central que nos dote de un mínimo de estabilidad financiera mientras hacemos los necesarios ajustes y cambiamos nuestro modelo de crecimiento. Al revés, hemos sido contagiados por la crisis de la deuda griega y los mercados nos han situado en el ojo del huracán, con las consecuencias que vemos estos días. En definitiva, no nos queda más remedio que salir de este embrollo solos y en medio de un huracán no provocado por nosotros.

Esto explica las previsiones para 2012 que la semana pasada publicó Funcas. El recrudecimiento de la crisis financiera no solo encarece hasta cotas impensables el coste de colocar la deuda pública, sino que encarece en la misma medida la financiación del sector privado financiero y no financiero, si bien este es el problema menor, ya que el mayor es que se va producir una nueva vuelta de tuerca en la restricción del crédito. Por otro lado, tenemos que reducir el déficit público al 4,4% en 2012, lo que supone que en año y medio (recordemos que al finalizar la primera mitad de este año el déficit de los cuatro últimos trimestres seguía en el 9,3% con que se cerró 2010) hay que reducirlo en casi cinco puntos porcentuales del PIB. Eso se traduce en que, solo de forma directa, el gasto público en consumo e inversión puede detraer 1,7 puntos porcentuales al crecimiento del PIB en 2012, lo que es el principal factor explicativo de que el PIB caiga medio punto porcentual

[gráficos superiores]. Lo más grave de ello es que se produciría una destrucción de empleo del orden del 2% y que la tasa de paro seguiría aumentando hasta el 23% de la población activa. Lo siento, pero esto es lo que hay.

Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 27 de noviembre de 2011